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Alicia Alonso hoy |
“Este es un ejemplo de todo lo que podría hacerse en
favor de los pueblos, en favor de la humanidad. Aquí la
cultura y el arte se unieron para celebrar un simple
cumpleaños.”
Así dijo la prima ballerina assoluta Alicia
Alonso ante el grupo de periodistas que le aguardábamos
a la entrada de los salones del Gran Teatro de La
Habana, minutos después de que en la sala García Lorca
del coliseo capitalino concluyera la gala por su
aniversario.
La velada incluyó testimonios de la pedagoga Ramona de
Záa, directora durante años de la Escuela Nacional de
Ballet, el ex deportista Alberto Juantorena, doble
monarca olímpico en los Juegos de Montreal (1976), el
poeta, novelista, ensayista y etnólogo Miguel Barnet,
presidente de la Fundación Fernando Ortiz, y el cineasta
y presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, Alfredo Guevara.
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Zenaida Armenteros, el saludo del
Conjunto Folklórico Nacional |
“En lo personal”, declaró Ramona de Záa, “le estaré
eternamente agradecida (a Alicia Alonso) por lo que
(ella) significó en mi formación como bailarina, maestra
y ser humano.”
“Hablar aquí esta noche es para mí un momento especial,
es como si volviera a recibir otra vez mis dos medallas
de oro”, confesó Juantorena.
“Alicia, todo esto es mentira, tú no cumples años”,
reflexionó en alta voz Miguel Barnet, “esto es un
pretexto para hacerte un homenaje, otro más, los
artistas no tienen edad.”
“Alicia Alonso no pertenece a una generación, sino a una
serie de generaciones que ella misma ayudó a formar”,
puntualizó Alfredo Guevara.
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Necesidad, el regalo de Danza Contemporánea
de Cuba |
ARREGLO DE GRANDES
La Fiesta de Alicia Alonso (martes 20 de
diciembre), nombre oficial de la salutación, auspiciada
por el Ministerio de Cultura, el Instituto de la Música
y el Ballet Nacional de Cuba (BNC), se convirtió, como
muchos presagiaran, en un jubileo, en una gran coral de
la cultura cubana, digno cumplido para
una figura extraordinaria.
Fue una noche inolvidable, única.
En un espectáculo “de altos quilates”, síntesis de
música, danza y ballet, brillaron por orden de
aparición, “¡cada uno a su oficio”, Zenaida Armenteros y
Alejandro Moreira, del Conjunto Folklórico Nacional;
ocho bailarines de Danza Contemporánea de Cuba; una
treintena de bailarines del BNC; Miriam Ramos, Omara
Portuondo, el cuarteto de Chucho Valdés, y Pablo Milanés
y sus músicos.
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Los primeros bailarines del BNC Viengsay Valdés
y Joel Carreño en La flauta mágica |
Zenaida Armenteros paseó el escenario con El amor de
la mulata, de Rogelio Martínez Furé; Danza
Contemporánea de Cuba bailó fragmentos de Necesidad,
coreografía de Osnel Delgado con música de leo Brouwer;
y el BNC interpretó La flauta mágica (Grand
pas de deux), última creación coreográfica de Alicia
Alonso, inspirada en la obra homónima de Lev Ivanov. Los
primeros bailarines Joel Carreño y Viengsay Valdés
asumieron los roles de Lucas y Elisa.
Miriam Ramos abrió el “tributo de la música” llevando a
la cumbre del lirismo la complejidad musical, el retozo
y el lamento de “Mariposa”, la obra más importante de
Pedro Luis Ferrer que ella contribuyera a hacer
perdurable.
Omara, la diosa del proyecto Buena Vista Social Club,
fue inmensamente humilde, es decir, grande, primero con
el Prado, el mar y los violines de “Hermosa Habana”,
el bolero de Rolando Vergara que en su momento fue
interpretado por el quinteto de Los Zafiros; y luego con
la tristeza y el desamor exquisito de “Veinte años”, la
canción más conocida y popular de María Teresa Vera.
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Miriam Ramos, lírica y grácil |
No fueron menos Chucho Valdés, al piano, y sus
acompañantes, léase
Lázaro Rivero en el contrabajo, Yaroldi Abreu en la
percusión, y Enrique Pla en la batería.
Ellos probaron que improvisar con excelencia parece cosa
simple, pero es asunto de grandes.
ETERNAMENTE, ALICIA
Por la grabación del disco New Conceptions a
Chucho le otorgaron el Grammy en EE.UU. En la Fiesta de
Alicia Alonso se hizo visible cuán amplio es el espectro
de esas “nuevas concepciones” musicales, y cómo en los
momentos ora sonoros ora delicados, estas se adornan con
motivos cubanos.
El
sinfín de registros que dominó el cuarteto, y el sabor
con que los ejecutó, habrían seducido a la mismísima
Giselle. Odette y Odile saltarían de sus asientos
sacudidas por la carga de swing que Chucho y sus
músicos le imprimieron a “La comparsita”, de Ernesto
Lecuona.
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Omara Portuondo, humilde y bella |
Cual colofón de tanta maravilla, Pablo Milanés cantó con
el alma, y dio a entender que una corriente secreta lo
conectaba con Alicia.
En
sus “Nostalgias” ella fue, para él y para el público,
una estrella caída, un filtro depurador de odio y amor.
“Si
ella me faltara alguna vez”, recordó con otra de sus
piezas, “nadie
me
podría acompañar/ nadie ocuparía ese lugar,/ que
descubro en cada amanecer...”
En
la metáfora de “Días de gloria”, Alicia fue yagruma,
colibrí, y guitarra. “¿Cómo volvería a predicar”,
insistió el artista,
“si
fue su palabra libertad, si se olvidara de cantar?”
(Mejor habría sido “de bailar”.)
Así siguió pensando en ella el trovador, a través de “Ya
ves”, como se piensa en un “ave que retornará”.
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Chucho Valdés, verdugo del piano
y servidor del público |
Parecía que iba a terminar, cuando significó el
acompañamiento de sus músicos ―Miguel Núñez y Dagoberto
González―, y entonó otra canción-emblema, “Yolanda”,
trastocando el nombre por la gracia de la homenajeada:
“¡A-li-ciaaa,
A-li-ciaaa, e-ter-na-men-te A-li-ciaaa!”
Fue un juego, un movimiento de entrega y arrebato. El
violín se alzó tan alto como el texto, reforzó lo que
todos queríamos decirle a la gran diva: “Si me faltaras/
no voy a morirme,/ si he de morir quiero que sea
contigo...”
SALTÓ A LA FELICIDAD
También nosotros hallamos en Alicia Alonso, en su arte,
en su carrera profesional, razones para “desnudarnos”.
Pablo interpretó ese sentir y concluyó introduciéndonos
en el antológico “breve espacio en que no estás”:
“¡Felicidades, Alicia, vida eterna para ti!”, exclamó
entre restos de humedad y esquemas rotos, mientras el
público coreaba la letra.
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Pablo Milanés y su eterna
“Yolanda” |
Y
sobrevino el apogeo. Para unirse a Pablo y a sus
músicos, los partícipes de la fiesta subieron al
escenario ―Miriam Ramos, Omara, Zenaida, los bailarines
de Danza Contemporánea y los del BNC, el director de la
orquesta―, todos con los brazos extendidos hacia Alicia,
con aires de exultación y de agradecimiento.
Ligados por nexos de lógica musical y expresiva, la
melodía, los bravos y los aplausos, llenaron el teatro.
Cuando Abel Prieto, ministro de Cultura, fue a
entregarle el ramo de rosas enviado por el Comandante en
Jefe Fidel Castro, no la encontró en el palco: se había
“tirado a nadar en un mar de felicidad”.
Alicia Alonso no es una mujer perfecta. Sin embargo,
encarna nuestros sueños, empeños y anhelos de hombres y
mujeres de a pie. Por eso la preferimos y queremos así:
unida y repartida, compartida con todos.
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¡Que viva Alicia! |
¿A
quién usted le dedica esta gala? —le preguntó una
periodista al término del espectáculo.
¿A
quién se la dedico? ―se sorprendió. Es que me la han
dedicado a mí, no me la puedo quitar de encima. Pero de
todas formas se la dedico al pueblo de Cuba, estoy muy
orgullosa de poder compartirla con él. |