Año IV
La Habana

24 - 30 de DICIEMBRE
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2005

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BRINDIS POR ALICIA ALONSO
Ancha de dividirse con su pueblo

Hilario Rosete Silva La Habana
Fotos:
Nancy Reyes

 

Alicia Alonso hoy

 

“Este es un ejemplo de todo lo que podría hacerse en favor de los pueblos, en favor de la humanidad. Aquí la cultura y el arte se unieron para celebrar un simple cumpleaños.”

 

Así dijo la prima ballerina assoluta Alicia Alonso ante el grupo de periodistas que le aguardábamos a la entrada de los salones del Gran Teatro de La Habana, minutos después de que en la sala García Lorca del coliseo capitalino concluyera la gala por su aniversario.

 

La velada incluyó testimonios de la pedagoga Ramona de Záa, directora durante años de la Escuela Nacional de Ballet, el ex deportista Alberto Juantorena, doble monarca olímpico en los Juegos de Montreal (1976), el poeta, novelista, ensayista y etnólogo Miguel Barnet, presidente de la Fundación Fernando Ortiz, y el cineasta y presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Alfredo Guevara.
 

Zenaida Armenteros, el saludo del Conjunto Folklórico Nacional

 

“En lo personal”, declaró Ramona de Záa, “le estaré eternamente agradecida (a Alicia Alonso) por lo que (ella) significó en mi formación como bailarina, maestra y ser humano.”

 

“Hablar aquí esta noche es para mí un momento especial, es como si volviera a recibir otra vez mis dos medallas de oro”, confesó Juantorena.

 

“Alicia, todo esto es mentira, tú no cumples años”, reflexionó en alta voz Miguel Barnet, “esto es un pretexto para hacerte un homenaje, otro más, los artistas no tienen edad.”

 

“Alicia Alonso no pertenece a una generación, sino a una serie de generaciones que ella misma ayudó a formar”, puntualizó Alfredo Guevara.

 

Necesidad, el regalo de Danza Contemporánea de Cuba

 

ARREGLO DE GRANDES

 

La Fiesta de Alicia Alonso (martes 20 de diciembre), nombre oficial de la salutación, auspiciada por el Ministerio de Cultura, el Instituto de la Música y el Ballet Nacional de Cuba (BNC), se convirtió, como muchos presagiaran, en un jubileo, en una gran coral de la cultura cubana, digno cumplido para una figura extraordinaria.

 

Fue una noche inolvidable, única. En un espectáculo “de altos quilates”, síntesis de música, danza y ballet, brillaron por orden de aparición, “¡cada uno a su oficio”, Zenaida Armenteros y Alejandro Moreira, del Conjunto Folklórico Nacional; ocho bailarines de Danza Contemporánea de Cuba; una treintena de bailarines del BNC; Miriam Ramos, Omara Portuondo, el cuarteto de Chucho Valdés, y Pablo Milanés y sus músicos.

 

Los primeros bailarines del BNC Viengsay Valdés y Joel Carreño en La flauta mágica

 

Zenaida Armenteros paseó el escenario con El amor de la mulata, de Rogelio Martínez Furé; Danza Contemporánea de Cuba bailó fragmentos de Necesidad, coreografía de Osnel Delgado con música de leo Brouwer; y el BNC interpretó La flauta mágica (Grand pas de deux), última creación coreográfica de Alicia Alonso, inspirada en la obra homónima de Lev Ivanov. Los primeros bailarines Joel Carreño y Viengsay Valdés asumieron los roles de Lucas y Elisa.

 

Miriam Ramos abrió el “tributo de la música” llevando a la cumbre del lirismo la complejidad musical, el retozo y el lamento de “Mariposa”, la obra más importante de Pedro Luis Ferrer que ella contribuyera a hacer perdurable.

 

Omara, la diosa del proyecto Buena Vista Social Club, fue inmensamente humilde, es decir, grande, primero con el Prado, el mar y los violines de “Hermosa Habana, el bolero de Rolando Vergara que en su momento fue interpretado por el quinteto de Los Zafiros; y luego con la tristeza y el desamor exquisito de “Veinte años”, la canción más conocida y popular de María Teresa Vera.
 

Miriam Ramos, lírica y grácil

 

No fueron menos Chucho Valdés, al piano, y sus acompañantes, léase Lázaro Rivero en el contrabajo, Yaroldi Abreu en la percusión, y Enrique Pla en la batería. Ellos probaron que improvisar con excelencia parece cosa simple, pero es asunto de grandes.

 

ETERNAMENTE, ALICIA


Por la grabación del disco New Conceptions a Chucho le otorgaron el Grammy en EE.UU. En la Fiesta de Alicia Alonso se hizo visible cuán amplio es el espectro de esas “nuevas concepciones” musicales, y cómo en los momentos ora sonoros ora delicados, estas se adornan con motivos cubanos.

 

El sinfín de registros que dominó el cuarteto, y el sabor con que los ejecutó, habrían seducido a la mismísima Giselle. Odette y Odile saltarían de sus asientos sacudidas por la carga de swing que Chucho y sus músicos le imprimieron a “La comparsita”, de Ernesto Lecuona.

 

Omara Portuondo, humilde y bella

 

Cual colofón de tanta maravilla, Pablo Milanés cantó con el alma, y dio a entender que una corriente secreta lo conectaba con Alicia.

 

En sus “Nostalgias” ella fue, para él y para el público, una estrella caída, un filtro depurador de odio y amor.

 

Si ella me faltara alguna vez”, recordó con otra de sus piezas, “nadie me podría acompañar/ nadie ocuparía ese lugar,/ que descubro en cada amanecer...”

 

En la metáfora de “Días de gloria”, Alicia fue yagruma, colibrí, y guitarra. “¿Cómo volvería a predicar”, insistió el artista, “si fue su palabra libertad, si se olvidara de cantar?” (Mejor habría sido “de bailar”.)

 

Así siguió pensando en ella el trovador, a través de “Ya ves”, como se piensa en un “ave que retornará”.
 

Chucho Valdés, verdugo del piano y servidor del público

 

Parecía que iba a terminar, cuando significó el acompañamiento de sus músicos ―Miguel Núñez y Dagoberto González―, y entonó otra canción-emblema, “Yolanda”, trastocando el nombre por la gracia de la homenajeada: “¡A-li-ciaaa, A-li-ciaaa, e-ter-na-men-te A-li-ciaaa!”

 

Fue un juego, un movimiento de entrega y arrebato. El violín se alzó tan alto como el texto, reforzó lo que todos queríamos decirle a la gran diva: “Si me faltaras/ no voy a morirme,/ si he de morir quiero que sea contigo...”

 

SALTÓ A LA FELICIDAD

 

También nosotros hallamos en Alicia Alonso, en su arte, en su carrera profesional, razones para “desnudarnos”. Pablo interpretó ese sentir y concluyó introduciéndonos en el antológico “breve espacio en que no estás”: “¡Felicidades, Alicia, vida eterna para ti!”, exclamó entre restos de humedad y esquemas rotos, mientras el público coreaba la letra.

 

Pablo Milanés y su eterna Yolanda”

 

Y sobrevino el apogeo. Para unirse a Pablo y a sus músicos, los partícipes de la fiesta subieron al escenario ―Miriam Ramos, Omara, Zenaida, los bailarines de Danza Contemporánea y los del BNC, el director de la orquesta―, todos con los brazos extendidos hacia Alicia, con aires de exultación y de agradecimiento.

 

Ligados por nexos de lógica musical y expresiva, la melodía, los bravos y los aplausos, llenaron el teatro. Cuando Abel Prieto, ministro de Cultura, fue a entregarle el ramo de rosas enviado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, no la encontró en el palco: se había “tirado a nadar en un mar de felicidad”.

 

Alicia Alonso no es una mujer perfecta. Sin embargo, encarna nuestros sueños, empeños y anhelos de hombres y mujeres de a pie. Por eso la preferimos y queremos así: unida y repartida, compartida con todos.
 

¡Que viva Alicia!

 

¿A quién usted le dedica esta gala? —le preguntó una periodista al término del espectáculo.

 

¿A quién se la dedico? ―se sorprendió. Es que me la han dedicado a mí, no me la puedo quitar de encima. Pero de todas formas se la dedico al pueblo de Cuba, estoy muy orgullosa de poder compartirla con él.

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