|
Habría
que empezar siempre por una frase del catálogo popular
para referirnos a la atrayente obra del cubano Leonardo
Padura. No por pretextos complacientes o restricciones
empobrecedoras; sino por inmanencia literaria y por la
devoción de su público.
Cuando en los predios de la Unión de Artistas y
Escritores de Cuba, durante la presentación de su
reciente novela La neblina del ayer alguien,
con evidente coloquialismo, exclamó para señalar su
fidelidad a los lectores: “Ese es Padura”, estaba
aseverando mi convicción. Y Padura es justamente un
escritor consagrado a participar en nuestra vida
desde su literatura. Con la invención del personaje
Mario Conde renovó en su tetralogía Las cuatro
estaciones el género policial en la literatura
de la Isla, y ahora en esta novela nos devuelve al
teniente investigador retirado y convertido en
comprador y vendedor de libros de segunda mano.
La
pluralidad y la afluencia de los reunidos en la Sala
Martínez Villena en la sede de la UNEAC fue alerta
visible de la facultad convocatoria que logran provocar
escritores como Padura. La cita fue del todo sui
géneris: los asistentes se adelantaron primeramente
a comprar la novela, publicada por Ediciones Unión junto
a la serie novelesca que conforman Pasado perfecto
(1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras
(1997) y Paisaje de otoño (1998), como
reconocimiento a la obra de este escritor y a su
aniversario 50 de vida. Luego, antes de cualquier
introducción oficial, los brazos cargados de libros
llegaban a la mesa para que el zurdo Padura atestiguara
con su firma el pacto vitalicio con sus lectores. Al
final, las palabras del autor a su público, a sus
amigos, a sus admiradores. Padura quería hacer una
presentación diferente y lo logró. Ese es Padura:
popular, comunicativo e incisivo con la realidad.
“La
literatura es ante todo comunicación”, sentenció Padura.
Su itinerario periodístico en el diario Juventud
Rebelde durante los años 80 no solo lo acercó a sus
convicciones y estilo; sino que lo unió a diversos temas
que hoy recorren su obra, como es su pasión por la
música.
La
neblina del ayer
toma precisamente como leimotiv el bolero “Vete
de mí” y lo convierte en un subtexto de la narración. El
resucitado Mario Conde, con su contemporánea manera de
ingeniarse la vida, descubre una realidad musical de
mediados del siglo XX a través de la historia de una
cantante de boleros, que le dona un reconfortante
aliento espiritual. Entre el presente y el nostálgico
pasado se construye la esencia de esta novela, que es
también tributo a referentes emocionales como La Habana,
la música cubana y la amistad.
En la
trayectoria novelística de Leonardo Padura, licenciado
en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La
Habana, resaltan distinciones como el Premio Café de
Gijón 1995 y el Premio Internacional de Novela Negra por
Máscaras, y el Premio Hammett 1998, que otorga
anualmente la Asociación Internacional de Escritores de
Novela Policíaca a la mejor novela negra, por Paisaje
de otoño. El segundo título de su serie Las
cuatro estaciones, Vientos de cuaresma,
recibió el Premio UNEAC de Novela. Con La novela de
mi vida, obtuvo el Premio Internacional de Novela
Casa de Teatro 2001 en República Dominicana y el Premio
de la Crítica por quinta ocasión. Sobre La neblina
del ayer, tenemos el testimonio de la Dra. Graziella
Pogolotti, Premio Nacional de Literatura de este año,
quien afirma que es esta novela de Padura la más gustada
por ella. |