Año IV
La Habana

24
- 30 de DICIEMBRE
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Evo Morales y la proyección de su victoria
La ola de pueblo índigena

Joaquín Rivery Tur La Habana


Una ola de pueblo indígena, de masas arraigadas a la tierra ancestral, se levantó en Bolivia, se hizo gigante y puso a uno de los suyos por encima de cualquier otro. Lo puso de Presidente.

Cualquier estimación que se haga para calcular el valor del triunfo de Evo Morales en Bolivia debe ser muy alta, porque no se limita a las fronteras de su país y se extiende por una América Latina que parece haber despojado al enemigo de las botas de siete leguas y las ha calzado ella misma para andar por el camino de las montañas y los llanos, los ríos y los mares, y tiene también alas de siete leguas para volar y llegar a tener la libertad del cóndor.

Los autóctonos, los pongos, los cholos dieron un paso de coloso para comenzar a salir de la historia de humillación, porque el día del peso de las palabras verdaderas está llegando y proclaman la sentencia de un mundo alzado contra las conspiraciones financieras del mercado en Bolivia, en Venezuela, en toda América del Sur y en una Cuba que navega por el Caribe con un pabellón a todo trapo, fomentando raudamente las aspiraciones desde un San Martín hasta un Hidalgo, un Martí, un Albizu Campos, un Che Guevara.

Las características de la victoria del Movimiento al Socialismo en Bolivia son inéditas por muchas razones. Quizás la primera de ella sea el hecho de que se trató de un candidato presidencial sin dinero para pagar anuncios en los medios, con una campaña hecha casa por casa en las zonas más humildes, con un discurso claro, directo, sin esconder para nada su programa ni sus intenciones de nacionalizar los recursos naturales del país y convocar a una Asamblea Constituyente que cambie por completo el Estado boliviano.

Al percatarse de su fuerza de arrastre, sus adversarios lo atacaron en todos los sentidos, a veces haciendo más énfasis en denigrar a Evo Morales que en defender programas que no anunciaban cambios ninguno para los desposeídos del país.

Hay trascendencia en la victoria de Evo Morales también porque se rompieron todos los miedos con que EE.UU. ha asustado a la población del continente.

Se dio la circunstancia de que la embajada norteamericana en La Paz tuvo una actuación discreta, clandestina, sin agredir al dirigente del MAS, por cuanto sus ataques y amenazas de años anteriores solamente habían provocado el crecimiento de las huestes descalzas y hambrientas, de los verdaderos dueños de la tierra.

Evo Morales triunfó en Bolivia proclamando en su discurso, para que todos lo supieran, que nacionalizaría los recursos naturales, y convocaría a una Asamblea Constituyente; evocando a los héroes epónimos y a los de hoy, llamando al capitalismo por su nombre neoliberal de tragedias y enarbolando como válida su amistad con los Presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez.

El socialismo, visto está, no atemoriza a las masas aún irredentas, sino las llama al combate por la tierra, por esa tierra sagrada de sus deidades de siempre, de sus realidades de hambre, de sus promesas de justicia.

No se trata solo de que en Bolivia haya un mandatario que se proponga como programa la justicia social, es que, como él mismo dijo: "Ya hemos ganado. Aymaras, quechuas, chiquitanos y guaraníes, por primera vez somos presidentes".

Indicó en conferencia efectuada en Cochabamba, cuando acababa de votar y aún no se conocían ni los primeros resultados de las encuestas a boca de urna, que la lucha asumida del MAS por la recuperación de los recursos naturales es la misma de los antepasados, de los rebeldes aymara Túpac Katari y quechua Túpac Amaru, líderes de  grandes levantamientos anticolonialistas en el siglo XVIII.

Todos los héroes pelearon por reconstruir el Tahuantinsuyo (Imperio de los Incas), y explicó que su batallar fue el mismo que el del libertador Simón Bolívar, que combatió por la Patria Grande.

También, prosiguió, el MAS reivindica la lucha latinoamericanista de los revolucionarios Marcelo Quiroga —líder socialista asesinado por militares golpistas en 1980— y del comandante Ernesto Che Guevara, caído allí, en Bolivia, al frente de un movimiento guerrillero en 1967 que buscaba los mismos objetivos para América Latina.

Esa lucha —subrayó—continúa, para cambiar la historia con paz y justicia social, y ese es el sentido del voto del MAS, por los vilipendiados, los odiados y los excluidos de la historia, los indígenas y los pobres.

La victoria de la izquierda en la nación del altiplano tiene la particularidad de irradiar con más fuerza que nunca las ideas de justicia social proclamadas por las grandes masas en el Foro Social Mundial y hace mucho más cercano su lema de “Un mundo mejor es posible”.

Como se trata de una victoria indígena, su reflejo en países como Ecuador y Perú, donde las elecciones son próximas, es muy probable, sobre todo en el primero de ellos, donde los autóctonos han demostrado una tradición de lucha y una capacidad de movilización imposible de ignorar, pues han volteado a tres presidentes en pocos años.

Los rayos de Bolivia podrían llegar también a México, donde el aspirante en punta para los comicios presidenciales es Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática, un hombre progresista que ganó su prestigio con los planes sociales desarrollados en el Distrito Federal, de donde era gobernador.

También en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional está levantando presión frente a los partidos de derecha y no se descarta un triunfo que se ve apoyado por la proyección latinoamericana de los triunfos de la izquierda, que ahora Bolivia potencia al máximo.

Sobre EE.UU., la línea de Evo Morales es la de mantener el diálogo, pero bajo reglas de respeto mutuo y no intervención en los asuntos internos del país, aunque sobre él pende la espada de Damocles de la amenaza vieja de que Washington retiraría la ayuda que presta a Bolivia si las urnas sonreían al candidatos del MAS, aunque las últimas declaraciones de la embajada en La Paz fueron más contemporizadoras que antes, evidentemente porque el ambiente de cambio envuelve cada vez más a América Latina.

Si ya el movimiento contrario al neoliberalismo y su instrumento del Área de Libre Comercio de las Américas había sido claro en el giro que toman los comicios en el área, la victoria de Evo Morales confirma la tendencia y le proporciona un impulso que en Washington, quieran o no, no pueden desconocer.

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