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Una ola de pueblo indígena, de masas arraigadas a la
tierra ancestral, se levantó en Bolivia, se hizo gigante
y puso a uno de los suyos por encima de cualquier otro.
Lo puso de Presidente.
Cualquier estimación que se haga para calcular el
valor del triunfo de Evo Morales en Bolivia debe ser
muy alta, porque no se limita a las fronteras de su
país y se extiende por una América Latina que parece
haber despojado al enemigo de las botas de siete
leguas y las ha calzado ella misma para andar por el
camino de las montañas y los llanos, los ríos y los
mares, y tiene también alas de siete leguas para
volar y llegar a tener la libertad del cóndor.
Los autóctonos, los pongos, los cholos dieron un paso de
coloso para comenzar a salir de la historia de
humillación, porque el día del peso de las palabras
verdaderas está llegando y proclaman la sentencia de un
mundo alzado contra las conspiraciones financieras del
mercado en Bolivia, en Venezuela, en toda América del
Sur y en una Cuba que navega por el Caribe con un
pabellón a todo trapo, fomentando raudamente las
aspiraciones desde un San Martín hasta un Hidalgo, un
Martí, un Albizu Campos, un Che Guevara.
Las características de la victoria del Movimiento al
Socialismo en Bolivia son inéditas por muchas razones.
Quizás la primera de ella sea el hecho de que se trató
de un candidato presidencial sin dinero para pagar
anuncios en los medios, con una campaña hecha casa por
casa en las zonas más humildes, con un discurso claro,
directo, sin esconder para nada su programa ni sus
intenciones de nacionalizar los recursos naturales del
país y convocar a una Asamblea Constituyente que cambie
por completo el Estado boliviano.
Al
percatarse de su fuerza de arrastre, sus adversarios lo
atacaron en todos los sentidos, a veces haciendo más
énfasis en denigrar a Evo Morales que en defender
programas que no anunciaban cambios ninguno para los
desposeídos del país.
Hay trascendencia en la victoria de Evo Morales también
porque se rompieron todos los miedos con que EE.UU. ha
asustado a la población del continente.
Se
dio la circunstancia de que la embajada norteamericana
en La Paz tuvo una actuación discreta, clandestina, sin
agredir al dirigente del MAS, por cuanto sus ataques y
amenazas de años anteriores solamente habían provocado
el crecimiento de las huestes descalzas y hambrientas,
de los verdaderos dueños de la tierra.
Evo Morales triunfó en Bolivia proclamando en su
discurso, para que todos lo supieran, que nacionalizaría
los recursos naturales, y convocaría a una Asamblea
Constituyente; evocando a los héroes epónimos y a los de
hoy, llamando al capitalismo por su nombre neoliberal de
tragedias y enarbolando como válida su amistad con los
Presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez.
El
socialismo, visto está, no atemoriza a las masas aún
irredentas, sino las llama al combate por la tierra, por
esa tierra sagrada de sus deidades de siempre, de sus
realidades de hambre, de sus promesas de justicia.
No
se trata solo de que en Bolivia haya un mandatario que
se proponga como programa la justicia social, es que,
como él mismo dijo: "Ya hemos ganado. Aymaras, quechuas,
chiquitanos y guaraníes, por primera vez somos
presidentes".
Indicó en conferencia efectuada en Cochabamba, cuando
acababa de votar y aún no se conocían ni los primeros
resultados de las encuestas a boca de urna, que la lucha
asumida del MAS por la recuperación de los recursos
naturales es la misma de los antepasados, de los
rebeldes aymara Túpac Katari y quechua Túpac Amaru,
líderes de grandes levantamientos anticolonialistas en
el siglo XVIII.
Todos los héroes pelearon por reconstruir el
Tahuantinsuyo (Imperio de los Incas), y explicó que su
batallar fue el mismo que el del libertador Simón
Bolívar, que combatió por la Patria Grande.
También, prosiguió, el MAS reivindica la lucha
latinoamericanista de los revolucionarios Marcelo
Quiroga —líder socialista asesinado por militares
golpistas en 1980— y del comandante Ernesto Che Guevara,
caído allí, en Bolivia, al frente de un movimiento
guerrillero en 1967 que buscaba los mismos objetivos
para América Latina.
Esa lucha —subrayó—continúa, para cambiar la historia
con paz y justicia social, y ese es el sentido del voto
del MAS, por los vilipendiados, los odiados y los
excluidos de la historia, los indígenas y los pobres.
La
victoria de la izquierda en la nación del altiplano
tiene la particularidad de irradiar con más fuerza que
nunca las ideas de justicia social proclamadas por las
grandes masas en el Foro Social Mundial y hace mucho más
cercano su lema de “Un mundo mejor es posible”.
Como se trata de una victoria indígena, su reflejo en
países como Ecuador y Perú, donde las elecciones son
próximas, es muy probable, sobre todo en el primero de
ellos, donde los autóctonos han demostrado una tradición
de lucha y una capacidad de movilización imposible de
ignorar, pues han volteado a tres presidentes en pocos
años.
Los rayos de Bolivia podrían llegar también a México,
donde el aspirante en punta para los comicios
presidenciales es Manuel López Obrador, del Partido de
la Revolución Democrática, un hombre progresista que
ganó su prestigio con los planes sociales desarrollados
en el Distrito Federal, de donde era gobernador.
También en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación
Nacional está levantando presión frente a los partidos
de derecha y no se descarta un triunfo que se ve apoyado
por la proyección latinoamericana de los triunfos de la
izquierda, que ahora Bolivia potencia al máximo.
Sobre EE.UU., la línea de Evo Morales es la de mantener
el diálogo, pero bajo reglas de respeto mutuo y no
intervención en los asuntos internos del país, aunque
sobre él pende la espada de Damocles de la amenaza vieja
de que Washington retiraría la ayuda que presta a
Bolivia si las urnas sonreían al candidatos del MAS,
aunque las últimas declaraciones de la embajada en La
Paz fueron más contemporizadoras que antes,
evidentemente porque el ambiente de cambio envuelve cada
vez más a América Latina.
Si
ya el movimiento contrario al neoliberalismo y su
instrumento del Área de Libre Comercio de las Américas
había sido claro en el giro que toman los comicios en el
área, la victoria de Evo Morales confirma la tendencia y
le proporciona un impulso que en Washington, quieran o
no, no pueden desconocer. |