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A fines de los años 60, los gobiernos latinoamericanos
comenzaron a ser cuestionados por la emergencia de
movimientos indígenas que evidenciaron la existencia de
la pluralidad étnica, en contraste con la homogeneidad
cultural pregonada por la política indigenista, que
pretendía la integración de las culturas indias a la
cultura dominante.
Las relaciones de dominación a las que han estado
sujetos los pueblos indios y la política paternalista
implementada por los Estados Nacionales, han coartado la
posibilidad de que este se incorpore al desarrollo
nacional a partir de su visión cultural y de sus propias
necesidades.
La ideología del mestizaje ―que encontró su punto
culminante en ensayos como el de
La Raza
Cósmica de
José Vasconselos― pretendía asimilar al indio hasta
hacerlo desaparecer, pero la terca permanencia de más de
cuatrocientos pueblos indios que hablan su propia lengua
y constituyen la mitad de la población en países como
Bolivia, Perú, Ecuador y Guatemala, o que persisten a
través de 56 etnias como en México, expresan su
resistencia y su continuidad cultural.
Esta resistencia fue evidente durante muchos años a
través de rebeliones indias que desde los espacios
locales buscaban trastocar el orden imperante y fueron
constantemente reprimidas. Pero desde los años 70 esas
luchas se comienzan a nacionalizar e internacionalizar a
través de un gran número de movimientos en los distintos
países y por medio de reuniones y congresos en los que
participan organizaciones indígenas de varios países
latinoamericanos y de EE.UU. y Canadá.
El primer documento que difundió las demandas indígenas
fue la Declaración de Barbados, elaborada por
antropólogos latinoamericanos que, como afirma Guillermo
Bonfil Batalla: "sintetizó muchas demandas que ya
estaban siendo enarboladas por las nuevas organizaciones
políticas indias..."
La posición del documento de Barbados, así como otros
posteriores elaborados por los propios líderes indios,
tienen como rasgos distintivos la enunciación de una
serie de demandas comunes, la conciencia de pertenecer a
culturas en resistencia contra la colonización y el
enfrentamiento con la cultura occidental. Se observa en
esos discursos de los 70 una postura contestataria y
hacia adentro, que tiene como interés principal
reconocerse a sí mismos como indios, defenderse de los
embates de Occidente y revalorizar la cultura y la
historia de los pueblos indios.
Desde mediados de los 80, presenciamos que las
organizaciones indias comienzan a manifestar a través
del discurso de sus líderes, una mayor madurez política
que se expresa en la coincidencia de propuestas y
demandas, pero también en una apertura a la alianza con
otros sectores sociales o grupos étnicos, que como los
negros, coinciden en la situación de explotación y
opresión centenaria. Un ejemplo es la campaña a 500 años
de resistencia indígena, negra y popular que ha
organizado encuentros continentales con la intención de
"...generar y fortalecer procesos unitarios de los
pueblos indios, negro y los sectores populares del
continente". El objetivo fundamental de estos encuentros
ha sido convertir a los actuales estados nacionales en
entidades pluriculturales, multiétnicas y de relación
democrática e igualitaria entre las culturas; lo que es
en resumen el régimen de autonomía para los pueblos
indios, naciones originarias nativas, nacionalidades,
comunidades étnicas y los pueblos afroamericanos allí
donde estuvieran constituidos como tales.
El enfrentamiento abierto con Occidente comienza a
transformarse en una mayor comprensión del otro
cultural y en la necesidad de apropiarse
selectivamente de los elementos occidentales que
viabilicen y potencien las culturas indias y les
permitan competir y aportar en los espacios
nacionales para lograr una verdadera democracia
pluricultural. Este proceso no es homogéneo, pues
hay desfases en las posturas indígenas, que se
llegan a manifestar en enfrentamientos ideológicos a
la hora de los congresos continentales.
El diálogo intercultural que buscan los movimientos
indígenas y sus líderes se expresa de manera clara
en los comunicados elaborados por el Comité
Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI). En su
discurso se observa la necesidad de buscar una mayor
y mejor interacción de los pueblos indios con la
sociedad civil nacional e internacional. Igualmente,
buscan transmitirnos toda la riqueza maya y
redimensionan los conceptos occidentales en función
de sus propias necesidades culturales.
Los pueblos indios han logrado avances en la medida
en que se han ido organizando y aliando con otros
grupos sociales y están conscientes de que solo
lograrán su incorporación respetuosa y plena a las
sociedades nacionales a través de la lucha cotidiana
por una democracia incluyente, participativa y
multicultural. Como lo llaman Pablo González
Casanova y Marcos Roitman el surgimiento de un
proyecto democrático de carácter multiétnico es la
comprobación efectiva de la existencia de una fuerza
social que manifiesta su peso específico en la lucha
por la democracia, reivindicando el derecho a la
diferencia y la pluralidad étnica en la construcción
de un poder verdaderamente democrático en América
Latina.
Escuchar y comprender a los pueblos indios, penetrar en
su discurso y descubrir sus potencialidades, sus límites
y aportaciones es vital para un nuevo proyecto de nación
multicultural, que no se sustente en la hegemonía de una
cultura dominante, sino que tome en cuenta la diversidad
de nuestros países latinoamericanos. Penetrar en ese
discurso significa pensar al indio como ser digno y
propositivo que puede aportar a ese nuevo proyecto
nacional, a esa nueva forma de pensarnos a todos, de
interactuar unos con otros y respetarnos. Penetrar en su
discurso y entenderlo, implica comprendernos a nosotros
mismos a través del otro y encontrar puntos en común, en
un diálogo intercultural, para forjar un nuevo proyecto
democrático, porque, como bien señala Hugo Zemelman, "la
democracia consiste en un intercambio entre actores
sociales de visiones y valores acerca de la realidad."
En este trabajo nos aproximaremos al discurso de líderes
y organizaciones indígenas, que en ensayos individuales
o en documentos colectivos entablan un diálogo
intercultural, con la finalidad de reivindicar su
identidad y su autonomía, así como lograr una
participación equitativa e igualitaria en las sociedades
nacionales.
LA
PROPUESTA INTERCULTURAL DEL DISCURSO INDIO:
El primer elemento de diálogo intercultural que podemos
señalar del discurso de los líderes indios, es el uso
que hacen de una lengua que no es la suya: el español,
para transmitirnos sus demandas y utopías. Lanzan su
palabra hacia nosotros en nuestra propia lengua para ser
escuchados, repensados, valorados. El uso del español
indudablemente que es un recurso necesario e inminente,
pues es el idioma dominante y revela antes que nada la
subordinación de las lenguas indígenas al proyecto
cultural hegemónico. Pero su uso se vuelve estratégico
en la medida en que cumple la función de transmitir los
valores, las necesidades y las propuestas indígenas con
la finalidad de trastocar el orden opresor actual y
buscar un espacio de equidad en las sociedades actuales.
Rigoberta Menchú hablaba solo la lengua quiché a los 20
años, pero su incorporación a la lucha campesina
guatemalteca, a través del Comité de Unidad Campesina (CUC),
la llevaron a la necesidad de aprender el español. Ya en
el exilio, perfeccionó la lectura y la escritura.
“Al descubrir y
aprender la riqueza de otro idioma, llegué a entender
que también es parte fundamental del conocimiento,
aunque haya gente que diga: ‘Ah, usted ya habla español,
entonces ya no es indígena’. He tenido un poco de
disciplina. Conocí el Popol Vuh, El Chilam
Balam y otros libros de historia.”
Rigoberta, al igual que otros intelectuales o pensadores
indios ha visto la necesidad de dominar el español para
convertirlo en vehículo de sus demandas hacia las
sociedades nacionales y para poder transmitir los
valores y la riqueza de sus culturas. Busca rescatar lo
mejor de la cultura maya y lanzarla al mundo, no solo
para que sea valorada, sino para entregarnos lo que ella
considera son aportaciones de los pueblos indígenas para
un proyecto alternativo basado en el comunitarismo y el
respeto a la naturaleza, pero también, en estrecha
relación con el mundo occidental y repensando su propia
cultura, plantea la necesidad de lograr un equilibrio
entre lo individual y lo colectivo. Los pueblos
indígenas, en buena medida, guardamos el sagrado derecho
de la colectividad, el sagrado derecho de la comunidad
como fuente de equilibrio. Es necesario observar el
equilibrio de los derechos individuales y los derechos
colectivos, y también el equilibrio de las obligaciones
individuales y las obligaciones colectivas.
En sus discursos siempre está presente la necesidad de
luchar para mejorar las condiciones de los pueblos
indígenas y en ellos se advierte un compromiso con el
pueblo maya, pero también con todos los marginados y
oprimidos del mundo.
El lenguaje de los pobres y el rostro común que nos une
a indígenas y no indígenas, y las aspiraciones que
tenemos rompen fronteras y nos hacen sentir uno solo,
sin olvidar que cada país tiene su particularidad.
Pero los discursos de Rigoberta también transmiten su
pertenencia a una cultura específica, a una cosmovisión
propia sustentada en una memoria colectiva que está
estrechamente vinculada con el presente y proyectada
hacia el futuro.
La potencialidad organizativa de los pueblos indígenas,
Rigoberta la basa en la identidad que les da la Madre
Tierra, una raíz cultural común y más de 500 años de
resistencia.
“El reconocimiento de
esa resistencia heroica es devolvernos la memoria
histórica, dar inicio a nuevas historias nacionales en
el continente llamado América, que constituye un mosaico
de naciones multiétnicas en formación.”
Menchú, al igual que otros líderes indígenas, busca
reconstruir la memoria histórica de sus pueblos, para
desde el pasado construir en el presente nuevas
historias nacionales incluyentes que los tomen en cuenta
como parte vital de la totalidad nacional. Pero
recuperar la memoria colectiva indígena también implica
potenciar la diversidad de culturas que existen en
América. Por eso, para ella una "verdadera democracia"
solo se podrá dar "...tomando en cuenta la diversidad
cultural de los pueblos y sus experiencias de lucha y
organización."
Su discurso expresa esa necesidad de abrirse a la
interculturalidad, pues plantea la urgencia de lograr
una "democracia real" en Guatemala, su país de origen,
desde las necesidades y valores de los pueblos
indígenas, pero interactuando con conceptos
occidentales. Por ello, propone:
“...es imprescindible
lograr el absoluto respeto a los derechos humanos y
civiles; respetar los derechos económicos y sociales;
poner fin a la discriminación racial y cultural en que
viven los pueblos indígenas; promover una reforma
constitucional que garantice todas esas demandas
populares... en definitiva, es imprescindible abrir el
campo a la sociedad civil multiétnica y desmilitarizar
al país.”
Rigoberta proyecta su pertenencia a la cultura maya y
recurre a la sabiduría ancestral estampada en el
Popol Vuh para legitimar su lucha y mostrar la
capacidad que tienen los pueblos indígenas para
coadyuvar a la construcción de una verdadera democracia.
Somos constructores, en fin, de un nuevo equilibrio
entre los hombres y mujeres y de estos con la
naturaleza. Somos constructores de la paz. Como reza el
Popol Vuh: “Oh tu Corazón del Cielo y de la
Tierra... Vuelve hacia acá tu gloria y tu riqueza...
Concédeles la vida... Dales sus hijas y sus hijos...
Concédeles buenos caminos... Que solo haya paz y
tranquilidad ante tu boca.”
La verdadera democracia para Rigoberta implica un
equilibrio en las relaciones hombre-mujer y de estos con
la naturaleza y en este sentido busca complementar desde
el mundo maya el concepto de democracia y de derechos
humanos que retoma de Occidente e incorpora a la mujer y
a la naturaleza. Al recuperar el discurso del Popol
Vuh, en el que se observa la referencia a la
dualidad masculino-femenina y al principio de
reciprocidad, Rigoberta jala desde el origen, desde el
pasado maya, la propuesta de un nuevo equilibrio que en
el presente proyecte al futuro un mundo de vida y paz.
Porque para ella el pasado "debe ser fuente y sostén,
debe ser pilar también de un presente y un futuro" y por
eso en América es necesario "tejer una perspectiva
intercultural", no desde la posibilidad de que solo
convivan las culturas milenarias con las occidentales,
sino de que interactúen unas con otras para potenciarse:
"Nuestras culturas
milenarias hay que fundirlas con las culturas jóvenes...
La potencia de la identidad del continente americano
radica en ese privilegio de tener raíces milenarias y,
al mismo tiempo, una cultura joven".
Llama a respetar la pluralidad y acabar con el
paternalismo y el racismo, con la finalidad de que sus
pueblos tengan la posibilidad de participar en igualdad
de condiciones en la sociedad nacional: "Los indígenas
tienen derecho a tener voz propia y peso cultural y
político para escoger su propio destino."
La cosmovisión maya también se expresa en el discurso de
los zapatistas mexicanos, que nos transmiten toda su
riqueza cultural y al mismo tiempo redimensionan
nuestros conceptos a partir de su propia cosmovisión. El
concepto de democracia es repensado a partir de su
visión política y ha sido sustituido por el ya famoso
"mandar obedeciendo" que ha sido incorporado al discurso
de intelectuales, indígenas y organizaciones sociales en
un verdadero diálogo intercultural que muestra la
influencia del movimiento zapatista y la confluencia de
utopías. La concentración del poder en México y el
autoritarismo de los gobernantes también es cuestionado
por los zapatistas con el concepto "mandar mandando" que
se opone al "mandar obedeciendo": "Y entre los menos se
pasan el poder del mando, sin escuchar a los más, mandan
mandando los menos, sin obedecer el mando de los más".
Los cuentos del viejo Antonio recuperados por Marcos en
sus comunicados, proyectan una sabiduría milenaria que
es transmitida con la finalidad de que la voz
maya-indígena sea escuchada, valorada y respetada. Su
pensamiento mítico lanza desde el origen un
cuestionamiento a la homogeneidad cultural y una
propuesta intercultural que otorgue a todos los pueblos
y culturas un lugar digno en las sociedades nacionales.
El mito de la guacamaya que recupera Marcos a través de
la voz del viejo Antonio nos expresa el conflicto entre
la cosmovisión de un mundo aburrido y gris estampado en
la guacamaya que en un principio "Puro gris era. Sus
plumas eran rabonas, como gallina mojada" y la
cosmovisión respetuosa del colorido de la naturaleza que
los "dioses primeros" recuperan, para estamparlos en la
guacamaya como símbolo de la diversidad.
“Y entonces (los
dioses) para no olvidarse de los colores y no se fueran
a perder, buscaron modo de guardarlos. Y se estaba
pensando en su corazón como hacer cuando la vieron a la
guacamaya y entonces la agarraron y le empezaron a poner
encima todos los colores y le alargaron las plumas para
que cupieran todos. Y así fue como la guacamaya se
agarró del color y ahí lo anda paseando, por si a los
hombres y mujeres se les olvida que muchos son los
colores y los pensamientos, y que el mundo será alegre
si todos los colores y todos los pensamientos tienen su
lugar."
A través del discurso mítico, los zapatistas lanzan una
crítica al pensamiento sustentado en la uniformidad y
homogeneización cultural propia de la cosmovisión
occidental, nos lanzan una visión del mundo sustentada
en la armonía con la naturaleza y el respeto a la
diversidad cósmica, y al mismo tiempo nos transmiten su
riqueza cultural, su sabiduría milenaria. Ese
pensamiento mítico, que recupera el origen para lanzarlo
al presente y potenciar el futuro, y que es recreado y
transmitido por Marcos, también está presente en La
historia de los otros, del viejo Antonio que nos
cuenta cómo los primeros dioses que nacieron en el mundo
"no se pensaban parejo todos", pero entre ellos "se
respetaban y escuchaban", "porque si no hubiera sido
así, el mundo nunca se hubiera nacido porque en la pura
peleadera se hubieran pasado el tiempo los dioses,
porque distinto era su pensamiento que sentían. Dicen
los más viejos de los viejos que por eso el mundo salió
con muchos colores y formas, tantos como pensamientos
había en los más grandes dioses".
A través de valores mayas, como el "respetar y
escuchar", los zapatistas nos ofrecen sus mitos,
transmitidos por los ancianos por medio de la tradición
oral para que conozcamos su pensamiento. De esta manera,
los hombres de maíz ofrecen al mundo respetar y escuchar
a los otros y piden al mismo tiempo ser respetados y
escuchados para poder entablar un verdadero diálogo
intercultural que permita nacer un nuevo mundo
respetuoso de la diversidad. A través de la memoria, los
hombres mayas se sitúan desde el origen en la discusión
actual sobre la pluralidad cultural y en la necesidad de
lograr para América Latina una democracia multiétnicas.
Esa recuperación del origen por medio de la tradición
oral con la finalidad de reivindicarse y mostrar al
mundo sus valores culturales, es recurrente en el
discurso indio latinoamericano. En el documento titulado
"Declaración de los líderes espirituales de Abya Yala",
aunque no se habla de un pasado fundante o mítico, sí
hay una referencia al pasado original, que se inscribe
en un proceso histórico en el que se busca recuperar por
medio de la memoria, lo que consideran es importante
para el presente indígena y al mismo tiempo rehacer la
historia propia trastocada por la colonización. En la
primera parte del texto, titulada "Nuestra Historia",
señalan:
“En el proceso
histórico, nosotros, habitantes originarios de Abya Yala
desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, desarrollamos un
sistema de vida y concepción del mundo en donde se
mantenía el equilibrio en la relación
hombre-sociedad-naturaleza, caracterizado por la
reciprocidad y la redistribución.
Nuestra concepción se traducía en una convivencia
armónica y en un profundo respeto a las diferencias. El
padre sol, la luna y los astros eran parte de una misma
totalidad donde el orden y el equilibrio imperaban.
La recuperación de su propia historia tiene como
intención reivindicarse, dignificarse y mostrar al mundo
sus valores culturales. Por eso hay una referencia a la
capacidad que tuvieron los pueblos indígenas para
desarrollar un sistema de vida y una visión del mundo
basados en valores fundamentales.
Al destacar el respeto a las diferencias que se daba
entre los pueblos originarios, los autores buscan jalar
desde el pasado características culturales que
consideran son útiles para las necesidades del presente
y al mismo tiempo enfrentar el orden original con el
desorden actual. Al señalar que había "un profundo
respeto a las diferencias" y una relación armónica
hombre-sociedad-naturaleza, sustentada en valores como
la reciprocidad y la redistribución, ofrecen al mundo un
sistema de vida y una cosmovisión, que se enfrenta
implícitamente a las normas occidentales hegemónicas,
basadas en la homogeneidad cultural, el individualismo,
la concentración de la riqueza y la depredación de la
naturaleza.
La intención de los líderes y organizaciones indígenas
latinoamericanas, es ofrecer a las sociedades nacionales
lo mejor de su cultura para consolidar una "real
democracia" y un estado plurinacional. donde hay la
participación de todos...no solamente de los que se
creen los superdotados que les tienen que resolver los
problemas en la comunidad...es una práctica mucho más
humana de relación entre personas y no es como
desgraciadamente lo han diseñado desde cuando se
implementan los estados modernos acá, de que la
democracia está constituida por las instituciones tales
y cuales, pero que para nosotros no es más que la
justificación de querer implementar un sistema desigual
"...nosotros lo que queremos es aportar, nosotros
queremos cambiar este estado de cosas que viven los
estados latinoamericanos, yo creo que más nadie que los
pueblos indígenas todavía tenemos elementos y valores
sumamente valiosos para implementar un sistema de vida
mucho más humano...".
Los pueblos indígenas esperan que así como ellos han
incorporado valores y conceptos de la cultura
occidental, sus aportaciones culturales milenarias se
universalicen e incorporen al patrimonio de la humanidad
dentro de un marco de respeto que permita su desarrollo
autónomo. Porque al mismo tiempo que retoman elementos
culturales externos y se abren al mundo para participar
en igualdad de condiciones en el plano local, nacional y
global, demandan su autodeterminación y autonomía
cultural para establecer una nueva relación con los
Estados Nacionales. Están conscientes de que esas
condiciones solo se darán a través de la unidad y la
lucha cotidiana que se sustenta en la palabra y la
acción nucleados en torno a una demanda principal que es
el territorio:
“Nuestra unidad se
basa en este derecho fundamental. Nuestra
autodeterminación no es una simple declaración. Debemos
garantizar las condiciones necesarias que permitan su
ejercicio pleno; y este debe expresarse a su vez, como
plena autonomía para nuestros pueblos. Sin autogobierno
indio y sin control de nuestros territorios no puede
existir autonomía.”
Unidad de los pueblos indios (el todo) y
autodeterminación al mismo tiempo (las partes) conforman
un mismo proceso dual no excluyente sino complementario.
La unidad solo es posible si existe al mismo tiempo el
derecho a la autodeterminación, pero esa
autodeterminación no debe quedarse en palabras o
declaraciones como lo hacen los gobiernos, debe llevarse
a la práctica a través de la autonomía, que para ellos
implica autogobierno y control del territorio. Como bien
señala Héctor Díaz Polanco:
“Como parte de su
lucha autonomista, los pueblos están pugnando por
fortalecer su cohesión étnica y, al mismo tiempo, por
actualizar sus relaciones internas en vista del nuevo
vínculo democrático y justo con la sociedad global que
contrae todo régimen de autonomía. Estas opciones no son
excluyentes.”
Los pueblos indígenas pretenden establecer una nueva
relación con la sociedad nacional y con el Estado y
entablar un diálogo intercultural o un "diálogo entre
iguales", para la construcción de un proyecto
"multiétnico, pluricultural y plurilingüe" que dé cabida
a la diversidad y rompa con la desigualdad a la que han
estado sometidos desde la época colonial. Para ello,
como señala Natalio Hernández para el caso de México:
“Es necesario
derribar, de una vez por todas, el muro de la
incomprensión, de la desconfianza, de la simulación, de
los prejuicios de ambos lados.”
Los pueblos indígenas están conscientes de la lucha que
hay que emprender en todos los frentes y de las alianzas
que hay que entablar, para incorporarse en igualdad de
condiciones a la conformación de un proyecto nacional
democrático, que posibilite su plena realización
cultural, mediante el ejercicio de su autonomía y la
participación activa en los procesos económicos,
políticos y sociales de las sociedades latinoamericanas.
Un verdadero diálogo intercultural que dé cabida a un
proyecto democrático en América Latina, implicaría
romper con los prejuicios y con la visión hegemónica de
la homogeneidad cultural que ha privado en los espacios
latinoamericanos, para abrirnos a la diversidad de
nuestras sociedades y construir entre todos un modelo
inclusivo que rompa con la uniformidad cultural y dé
cabida a "una interrelación dinámica, recíproca,
creativa entre diversas formas de ser y vivir, de
pensar, de preguntar, de inventar".
CONCLUSIONES:
Los líderes y organizaciones indígenas cumplen la
función de enlace o puente entre sus culturas y la
cultura occidental y entablan un diálogo intercultural
con la finalidad de mostrar al mundo sus valores
milenarios, redefinir su identidad colectiva frente al
otro cultural.
Sustentados en el principio de reciprocidad, ofrecen y
reciben lo que consideran es necesario y valioso para
rescatar al mundo del desorden actual y devolverle la
armonía. Recurren a la memoria colectiva, al pensamiento
mítico para, desde el origen, desde lo milenario, lanzar
al presente la propuesta de un orden armónico respetuoso
de la naturaleza y de la diversidad. Pero ese
lanzamiento al pasado se hace desde el presente, tanto
con la intención de rescatar su memoria histórica y
redefinir su identidad actual, como desde la necesidad
de ofrecer sus valores a partir de un diálogo con el
otro que dé cabida a un nuevo proyecto democrático
pluricultural. En este sentido, rescatan de occidente
conceptos que consideran son valiosos para otorgar
dignidad a sus pueblos y los redefinen a partir de sus
necesidades colectivas. Otros conceptos son recuperados
y redimensionados desde su propia cosmovisión con la
finalidad de ofrecerlos al mundo entero.
Piden ser escuchados y respetados y ofrecen escuchar y
respetar para establecer nuevas relaciones de igualdad
que garanticen la convivencia armónica entre los
pueblos. Están conscientes de que esa nueva relación
tiene que construirse a través de la unidad y la lucha
de los pueblos indígenas y a partir del establecimiento
de alianzas con otros grupos y organizaciones sociales.
No pretenden imponer al mundo sus valores pero hacen un
llamado a la sociedad occidental a dejar de lado su
propuesta de homogeneidad cultural y romper con la
visión lineal de la realidad que solo mira hacia
adelante, para abrir los ojos a la diversidad del mundo
y poner atención a las aportaciones de las culturas
milenarias que desde una concepción circular de tiempo
buscan rescatarse a sí mismos y rescatar a todos. Como
señala Luis Macas hay que retroceder un poquito nuestra
mirada, dar la vuelta hacia atrás y mirar qué cosas
maravillosas están tras nuestro y qué cosas nuestras
estamos dejando al pasar por ese gran camino, entonces
miremos, démonos las manos y construyamos un futuro
mejor para nuestros pueblos. |