Año IV
La Habana

24
- 30 de DICIEMBRE
de
2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Los movimientos indígenas y la democracia:
un diálogo intercultural

Gloria Alicia Caudillo Félix Guadalajara


A fines de los años 60, los gobiernos latinoamericanos comenzaron a ser cuestionados por la emergencia de movimientos indígenas que evidenciaron la existencia de la pluralidad étnica, en contraste con la homogeneidad cultural pregonada por la política indigenista, que pretendía la integración de las culturas indias a la cultura dominante.

Las relaciones de dominación a las que han estado sujetos los pueblos indios y la política paternalista implementada por los Estados Nacionales, han coartado la posibilidad de que este se incorpore al desarrollo nacional a partir de su visión cultural y de sus propias necesidades.

La ideología del mestizaje ―que encontró su punto culminante en ensayos como el de
La Raza Cósmica de José Vasconselos― pretendía asimilar al indio hasta hacerlo desaparecer, pero la terca permanencia de más de cuatrocientos pueblos indios que hablan su propia lengua y constituyen la mitad de la población en países como Bolivia, Perú, Ecuador y Guatemala, o que persisten a través de 56 etnias como en México, expresan su resistencia y su continuidad cultural.

Esta resistencia fue evidente durante muchos años a través de rebeliones indias que desde los espacios locales buscaban trastocar el orden imperante y fueron constantemente reprimidas. Pero desde los años 70 esas luchas se comienzan a nacionalizar e internacionalizar a través de un gran número de movimientos en los distintos países y por medio de reuniones y congresos en los que participan organizaciones indígenas de varios países latinoamericanos y de EE.UU. y Canadá.

El primer documento que difundió las demandas indígenas fue la Declaración de Barbados, elaborada por antropólogos latinoamericanos que, como afirma Guillermo Bonfil Batalla: "sintetizó muchas demandas que ya estaban siendo enarboladas por las nuevas organizaciones políticas indias..."

La posición del documento de Barbados, así como otros posteriores elaborados por los propios líderes indios, tienen como rasgos distintivos la enunciación de una serie de demandas comunes, la conciencia de pertenecer a culturas en resistencia contra la colonización y el enfrentamiento con la cultura occidental. Se observa en esos discursos de los 70 una postura contestataria y hacia adentro, que tiene como interés principal reconocerse a sí mismos como indios, defenderse de los embates de Occidente y revalorizar la cultura y la historia de los pueblos indios.

Desde mediados de los 80, presenciamos que las organizaciones indias comienzan a manifestar a través del discurso de sus líderes, una mayor madurez política que se expresa en la coincidencia de propuestas y demandas, pero también en una apertura a la alianza con otros sectores sociales o grupos étnicos, que como los negros, coinciden en la situación de explotación y opresión centenaria. Un ejemplo es la campaña a 500 años de resistencia indígena, negra y popular que ha organizado encuentros continentales con la intención de "...generar y fortalecer procesos unitarios de los pueblos indios, negro y los sectores populares del continente". El objetivo fundamental de estos encuentros ha sido convertir a los actuales estados nacionales en entidades pluriculturales, multiétnicas y de relación democrática e igualitaria entre las culturas; lo que es en resumen el régimen de autonomía para los pueblos indios, naciones originarias nativas, nacionalidades, comunidades étnicas y los pueblos afroamericanos allí donde estuvieran constituidos como tales.

El enfrentamiento abierto con Occidente comienza a transformarse en una mayor comprensión del otro cultural y en la necesidad de apropiarse selectivamente de los elementos occidentales que viabilicen y potencien las culturas indias y les permitan competir y aportar en los espacios nacionales para lograr una verdadera democracia pluricultural. Este proceso no es homogéneo, pues hay desfases en las posturas indígenas, que se llegan a manifestar en enfrentamientos ideológicos a la hora de los congresos continentales.

El diálogo intercultural que buscan los movimientos indígenas y sus líderes se expresa de manera clara en los comunicados elaborados por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI). En su discurso se observa la necesidad de buscar una mayor y mejor interacción de los pueblos indios con la sociedad civil nacional e internacional. Igualmente, buscan transmitirnos toda la riqueza maya y redimensionan los conceptos occidentales en función de sus propias necesidades culturales.

Los pueblos indios han logrado avances en la medida en que se han ido organizando y aliando con otros grupos sociales y están conscientes de que solo lograrán su incorporación respetuosa y plena a las sociedades nacionales a través de la lucha cotidiana por una democracia incluyente, participativa y multicultural. Como lo llaman Pablo González Casanova y Marcos Roitman el surgimiento de un proyecto democrático de carácter multiétnico es la comprobación efectiva de la existencia de una fuerza social que manifiesta su peso específico en la lucha por la democracia, reivindicando el derecho a la diferencia y la pluralidad étnica en la construcción de un poder verdaderamente democrático en América Latina.

Escuchar y comprender a los pueblos indios, penetrar en su discurso y descubrir sus potencialidades, sus límites y aportaciones es vital para un nuevo proyecto de nación multicultural, que no se sustente en la hegemonía de una cultura dominante, sino que tome en cuenta la diversidad de nuestros países latinoamericanos. Penetrar en ese discurso significa pensar al indio como ser digno y propositivo que puede aportar a ese nuevo proyecto nacional, a esa nueva forma de pensarnos a todos, de interactuar unos con otros y respetarnos. Penetrar en su discurso y entenderlo, implica comprendernos a nosotros mismos a través del otro y encontrar puntos en común, en un diálogo intercultural, para forjar un nuevo proyecto democrático, porque, como bien señala Hugo Zemelman, "la democracia consiste en un intercambio entre actores sociales de visiones y valores acerca de la realidad."

En este trabajo nos aproximaremos al discurso de líderes y organizaciones indígenas, que en ensayos individuales o en documentos colectivos entablan un diálogo intercultural, con la finalidad de reivindicar su identidad y su autonomía, así como lograr una participación equitativa e igualitaria en las sociedades nacionales.

LA PROPUESTA INTERCULTURAL DEL DISCURSO INDIO:

El primer elemento de diálogo intercultural que podemos señalar del discurso de los líderes indios, es el uso que hacen de una lengua que no es la suya: el español, para transmitirnos sus demandas y utopías. Lanzan su palabra hacia nosotros en nuestra propia lengua para ser escuchados, repensados, valorados. El uso del español indudablemente que es un recurso necesario e inminente, pues es el idioma dominante y revela antes que nada la subordinación de las lenguas indígenas al proyecto cultural hegemónico. Pero su uso se vuelve estratégico en la medida en que cumple la función de transmitir los valores, las necesidades y las propuestas indígenas con la finalidad de trastocar el orden opresor actual y buscar un espacio de equidad en las sociedades actuales.

Rigoberta Menchú hablaba solo la lengua quiché a los 20 años, pero su incorporación a la lucha campesina guatemalteca, a través del Comité de Unidad Campesina (CUC), la llevaron a la necesidad de aprender el español. Ya en el exilio, perfeccionó la lectura y la escritura.

“Al descubrir y aprender la riqueza de otro idioma, llegué a entender que también es parte fundamental del conocimiento, aunque haya gente que diga: ‘Ah, usted ya habla español, entonces ya no es indígena’. He tenido un poco de disciplina. Conocí el Popol Vuh, El Chilam Balam y otros libros de historia.”

Rigoberta, al igual que otros intelectuales o pensadores indios ha visto la necesidad de dominar el español para convertirlo en vehículo de sus demandas hacia las sociedades nacionales y para poder transmitir los valores y la riqueza de sus culturas. Busca rescatar lo mejor de la cultura maya y lanzarla al mundo, no solo para que sea valorada, sino para entregarnos lo que ella considera son aportaciones de los pueblos indígenas para un proyecto alternativo basado en el comunitarismo y el respeto a la naturaleza, pero también, en estrecha relación con el mundo occidental y repensando su propia cultura, plantea la necesidad de lograr un equilibrio entre lo individual y lo colectivo. Los pueblos indígenas, en buena medida, guardamos el sagrado derecho de la colectividad, el sagrado derecho de la comunidad como fuente de equilibrio. Es necesario observar el equilibrio de los derechos individuales y los derechos colectivos, y también el equilibrio de las obligaciones individuales y las obligaciones colectivas.

En sus discursos siempre está presente la necesidad de luchar para mejorar las condiciones de los pueblos indígenas y en ellos se advierte un compromiso con el pueblo maya, pero también con todos los marginados y oprimidos del mundo.

El lenguaje de los pobres y el rostro común que nos une a indígenas y no indígenas, y las aspiraciones que tenemos rompen fronteras y nos hacen sentir uno solo, sin olvidar que cada país tiene su particularidad.

Pero los discursos de Rigoberta también transmiten su pertenencia a una cultura específica, a una cosmovisión propia sustentada en una memoria colectiva que está estrechamente vinculada con el presente y proyectada hacia el futuro.

La potencialidad organizativa de los pueblos indígenas, Rigoberta la basa en la identidad que les da la Madre Tierra, una raíz cultural común y más de 500 años de resistencia.

“El reconocimiento de esa resistencia heroica es devolvernos la memoria histórica, dar inicio a nuevas historias nacionales en el continente llamado América, que constituye un mosaico de naciones multiétnicas en formación.”


Menchú, al igual que otros líderes indígenas, busca reconstruir la memoria histórica de sus pueblos, para desde el pasado construir en el presente nuevas historias nacionales incluyentes que los tomen en cuenta como parte vital de la totalidad nacional. Pero recuperar la memoria colectiva indígena también implica potenciar la diversidad de culturas que existen en América. Por eso, para ella una "verdadera democracia" solo se podrá dar "...tomando en cuenta la diversidad cultural de los pueblos y sus experiencias de lucha y organización."

Su discurso expresa esa necesidad de abrirse a la interculturalidad, pues plantea la urgencia de lograr una "democracia real" en Guatemala, su país de origen, desde las necesidades y valores de los pueblos indígenas, pero interactuando con conceptos occidentales. Por ello, propone:

“...es imprescindible lograr el absoluto respeto a los derechos humanos y civiles; respetar los derechos económicos y sociales; poner fin a la discriminación racial y cultural en que viven los pueblos indígenas; promover una reforma constitucional que garantice todas esas demandas populares... en definitiva, es imprescindible abrir el campo a la sociedad civil multiétnica y desmilitarizar al país.”


Rigoberta proyecta su pertenencia a la cultura maya y recurre a la sabiduría ancestral estampada en el Popol Vuh para legitimar su lucha y mostrar la capacidad que tienen los pueblos indígenas para coadyuvar a la construcción de una verdadera democracia. Somos constructores, en fin, de un nuevo equilibrio entre los hombres y mujeres y de estos con la naturaleza. Somos constructores de la paz. Como reza el Popol Vuh: “Oh tu Corazón del Cielo y de la Tierra... Vuelve hacia acá tu gloria y tu riqueza... Concédeles la vida... Dales sus hijas y sus hijos... Concédeles buenos caminos... Que solo haya paz y tranquilidad ante tu boca.”

La verdadera democracia para Rigoberta implica un equilibrio en las relaciones hombre-mujer y de estos con la naturaleza y en este sentido busca complementar desde el mundo maya el concepto de democracia y de derechos humanos que retoma de Occidente e incorpora a la mujer y a la naturaleza. Al recuperar el discurso del Popol Vuh, en el que se observa la referencia a la dualidad masculino-femenina y al principio de reciprocidad, Rigoberta jala desde el origen, desde el pasado maya, la propuesta de un nuevo equilibrio que en el presente proyecte al futuro un mundo de vida y paz. Porque para ella el pasado "debe ser fuente y sostén, debe ser pilar también de un presente y un futuro" y por eso en América es necesario "tejer una perspectiva intercultural", no desde la posibilidad de que solo convivan las culturas milenarias con las occidentales, sino de que interactúen unas con otras para potenciarse:

"Nuestras culturas milenarias hay que fundirlas con las culturas jóvenes... La potencia de la identidad del continente americano radica en ese privilegio de tener raíces milenarias y, al mismo tiempo, una cultura joven".


Llama a respetar la pluralidad y acabar con el paternalismo y el racismo, con la finalidad de que sus pueblos tengan la posibilidad de participar en igualdad de condiciones en la sociedad nacional: "Los indígenas tienen derecho a tener voz propia y peso cultural y político para escoger su propio destino."

La cosmovisión maya también se expresa en el discurso de los zapatistas mexicanos, que nos transmiten toda su riqueza cultural y al mismo tiempo redimensionan nuestros conceptos a partir de su propia cosmovisión. El concepto de democracia es repensado a partir de su visión política y ha sido sustituido por el ya famoso "mandar obedeciendo" que ha sido incorporado al discurso de intelectuales, indígenas y organizaciones sociales en un verdadero diálogo intercultural que muestra la influencia del movimiento zapatista y la confluencia de utopías. La concentración del poder en México y el autoritarismo de los gobernantes también es cuestionado por los zapatistas con el concepto "mandar mandando" que se opone al "mandar obedeciendo": "Y entre los menos se pasan el poder del mando, sin escuchar a los más, mandan mandando los menos, sin obedecer el mando de los más".

Los cuentos del viejo Antonio recuperados por Marcos en sus comunicados, proyectan una sabiduría milenaria que es transmitida con la finalidad de que la voz maya-indígena sea escuchada, valorada y respetada. Su pensamiento mítico lanza desde el origen un cuestionamiento a la homogeneidad cultural y una propuesta intercultural que otorgue a todos los pueblos y culturas un lugar digno en las sociedades nacionales. El mito de la guacamaya que recupera Marcos a través de la voz del viejo Antonio nos expresa el conflicto entre la cosmovisión de un mundo aburrido y gris estampado en la guacamaya que en un principio "Puro gris era. Sus plumas eran rabonas, como gallina mojada" y la cosmovisión respetuosa del colorido de la naturaleza que los "dioses primeros" recuperan, para estamparlos en la guacamaya como símbolo de la diversidad.

“Y entonces (los dioses) para no olvidarse de los colores y no se fueran a perder, buscaron modo de guardarlos. Y se estaba pensando en su corazón como hacer cuando la vieron a la guacamaya y entonces la agarraron y le empezaron a poner encima todos los colores y le alargaron las plumas para que cupieran todos. Y así fue como la guacamaya se agarró del color y ahí lo anda paseando, por si a los hombres y mujeres se les olvida que muchos son los colores y los pensamientos, y que el mundo será alegre si todos los colores y todos los pensamientos tienen su lugar."


A través del discurso mítico, los zapatistas lanzan una crítica al pensamiento sustentado en la uniformidad y homogeneización cultural propia de la cosmovisión occidental, nos lanzan una visión del mundo sustentada en la armonía con la naturaleza y el respeto a la diversidad cósmica, y al mismo tiempo nos transmiten su riqueza cultural, su sabiduría milenaria. Ese pensamiento mítico, que recupera el origen para lanzarlo al presente y potenciar el futuro, y que es recreado y transmitido por Marcos, también está presente en La historia de los otros, del viejo Antonio que nos cuenta cómo los primeros dioses que nacieron en el mundo "no se pensaban parejo todos", pero entre ellos "se respetaban y escuchaban", "porque si no hubiera sido así, el mundo nunca se hubiera nacido porque en la pura peleadera se hubieran pasado el tiempo los dioses, porque distinto era su pensamiento que sentían. Dicen los más viejos de los viejos que por eso el mundo salió con muchos colores y formas, tantos como pensamientos había en los más grandes dioses".

A través de valores mayas, como el "respetar y escuchar", los zapatistas nos ofrecen sus mitos, transmitidos por los ancianos por medio de la tradición oral para que conozcamos su pensamiento. De esta manera, los hombres de maíz ofrecen al mundo respetar y escuchar a los otros y piden al mismo tiempo ser respetados y escuchados para poder entablar un verdadero diálogo intercultural que permita nacer un nuevo mundo respetuoso de la diversidad. A través de la memoria, los hombres mayas se sitúan desde el origen en la discusión actual sobre la pluralidad cultural y en la necesidad de lograr para América Latina una democracia multiétnicas.

Esa recuperación del origen por medio de la tradición oral con la finalidad de reivindicarse y mostrar al mundo sus valores culturales, es recurrente en el discurso indio latinoamericano. En el documento titulado "Declaración de los líderes espirituales de Abya Yala", aunque no se habla de un pasado fundante o mítico, sí hay una referencia al pasado original, que se inscribe en un proceso histórico en el que se busca recuperar por medio de la memoria, lo que consideran es importante para el presente indígena y al mismo tiempo rehacer la historia propia trastocada por la colonización. En la primera parte del texto, titulada "Nuestra Historia", señalan:

“En el proceso histórico, nosotros, habitantes originarios de Abya Yala desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, desarrollamos un sistema de vida y concepción del mundo en donde se mantenía el equilibrio en la relación hombre-sociedad-naturaleza, caracterizado por la reciprocidad y la redistribución.

Nuestra concepción se traducía en una convivencia armónica y en un profundo respeto a las diferencias. El padre sol, la luna y los astros eran parte de una misma totalidad donde el orden y el equilibrio imperaban.


La recuperación de su propia historia tiene como intención reivindicarse, dignificarse y mostrar al mundo sus valores culturales. Por eso hay una referencia a la capacidad que tuvieron los pueblos indígenas para desarrollar un sistema de vida y una visión del mundo basados en valores fundamentales.

Al destacar el respeto a las diferencias que se daba entre los pueblos originarios, los autores buscan jalar desde el pasado características culturales que consideran son útiles para las necesidades del presente y al mismo tiempo enfrentar el orden original con el desorden actual. Al señalar que había "un profundo respeto a las diferencias" y una relación armónica hombre-sociedad-naturaleza, sustentada en valores como la reciprocidad y la redistribución, ofrecen al mundo un sistema de vida y una cosmovisión, que se enfrenta implícitamente a las normas occidentales hegemónicas, basadas en la homogeneidad cultural, el individualismo, la concentración de la riqueza y la depredación de la naturaleza.

La intención de los líderes y organizaciones indígenas latinoamericanas, es ofrecer a las sociedades nacionales lo mejor de su cultura para consolidar una "real democracia" y un estado plurinacional. donde hay la participación de todos...no solamente de los que se creen los superdotados que les tienen que resolver los problemas en la comunidad...es una práctica mucho más humana de relación entre personas y no es como desgraciadamente lo han diseñado desde cuando se implementan los estados modernos acá, de que la democracia está constituida por las instituciones tales y cuales, pero que para nosotros no es más que la justificación de querer implementar un sistema desigual "...nosotros lo que queremos es aportar, nosotros queremos cambiar este estado de cosas que viven los estados latinoamericanos, yo creo que más nadie que los pueblos indígenas todavía tenemos elementos y valores sumamente valiosos para implementar un sistema de vida mucho más humano...".

Los pueblos indígenas esperan que así como ellos han incorporado valores y conceptos de la cultura occidental, sus aportaciones culturales milenarias se universalicen e incorporen al patrimonio de la humanidad dentro de un marco de respeto que permita su desarrollo autónomo. Porque al mismo tiempo que retoman elementos culturales externos y se abren al mundo para participar en igualdad de condiciones en el plano local, nacional y global, demandan su autodeterminación y autonomía cultural para establecer una nueva relación con los Estados Nacionales. Están conscientes de que esas condiciones solo se darán a través de la unidad y la lucha cotidiana que se sustenta en la palabra y la acción nucleados en torno a una demanda principal que es el territorio:

“Nuestra unidad se basa en este derecho fundamental. Nuestra autodeterminación no es una simple declaración. Debemos garantizar las condiciones necesarias que permitan su ejercicio pleno; y este debe expresarse a su vez, como plena autonomía para nuestros pueblos. Sin autogobierno indio y sin control de nuestros territorios no puede existir autonomía.”


Unidad de los pueblos indios (el todo) y autodeterminación al mismo tiempo (las partes) conforman un mismo proceso dual no excluyente sino complementario. La unidad solo es posible si existe al mismo tiempo el derecho a la autodeterminación, pero esa autodeterminación no debe quedarse en palabras o declaraciones como lo hacen los gobiernos, debe llevarse a la práctica a través de la autonomía, que para ellos implica autogobierno y control del territorio. Como bien señala Héctor Díaz Polanco:

“Como parte de su lucha autonomista, los pueblos están pugnando por fortalecer su cohesión étnica y, al mismo tiempo, por actualizar sus relaciones internas en vista del nuevo vínculo democrático y justo con la sociedad global que contrae todo régimen de autonomía. Estas opciones no son excluyentes.”


Los pueblos indígenas pretenden establecer una nueva relación con la sociedad nacional y con el Estado y entablar un diálogo intercultural o un "diálogo entre iguales", para la construcción de un proyecto "multiétnico, pluricultural y plurilingüe" que dé cabida a la diversidad y rompa con la desigualdad a la que han estado sometidos desde la época colonial. Para ello, como señala Natalio Hernández para el caso de México:

“Es necesario derribar, de una vez por todas, el muro de la incomprensión, de la desconfianza, de la simulación, de los prejuicios de ambos lados.”


Los pueblos indígenas están conscientes de la lucha que hay que emprender en todos los frentes y de las alianzas que hay que entablar, para incorporarse en igualdad de condiciones a la conformación de un proyecto nacional democrático, que posibilite su plena realización cultural, mediante el ejercicio de su autonomía y la participación activa en los procesos económicos, políticos y sociales de las sociedades latinoamericanas.

Un verdadero diálogo intercultural que dé cabida a un proyecto democrático en América Latina, implicaría romper con los prejuicios y con la visión hegemónica de la homogeneidad cultural que ha privado en los espacios latinoamericanos, para abrirnos a la diversidad de nuestras sociedades y construir entre todos un modelo inclusivo que rompa con la uniformidad cultural y dé cabida a "una interrelación dinámica, recíproca, creativa entre diversas formas de ser y vivir, de pensar, de preguntar, de inventar".

CONCLUSIONES:

Los líderes y organizaciones indígenas cumplen la función de enlace o puente entre sus culturas y la cultura occidental y entablan un diálogo intercultural con la finalidad de mostrar al mundo sus valores milenarios, redefinir su identidad colectiva frente al otro cultural.

Sustentados en el principio de reciprocidad, ofrecen y reciben lo que consideran es necesario y valioso para rescatar al mundo del desorden actual y devolverle la armonía. Recurren a la memoria colectiva, al pensamiento mítico para, desde el origen, desde lo milenario, lanzar al presente la propuesta de un orden armónico respetuoso de la naturaleza y de la diversidad. Pero ese lanzamiento al pasado se hace desde el presente, tanto con la intención de rescatar su memoria histórica y redefinir su identidad actual, como desde la necesidad de ofrecer sus valores a partir de un diálogo con el otro que dé cabida a un nuevo proyecto democrático pluricultural. En este sentido, rescatan de occidente conceptos que consideran son valiosos para otorgar dignidad a sus pueblos y los redefinen a partir de sus necesidades colectivas. Otros conceptos son recuperados y redimensionados desde su propia cosmovisión con la finalidad de ofrecerlos al mundo entero.

Piden ser escuchados y respetados y ofrecen escuchar y respetar para establecer nuevas relaciones de igualdad que garanticen la convivencia armónica entre los pueblos. Están conscientes de que esa nueva relación tiene que construirse a través de la unidad y la lucha de los pueblos indígenas y a partir del establecimiento de alianzas con otros grupos y organizaciones sociales.

No pretenden imponer al mundo sus valores pero hacen un llamado a la sociedad occidental a dejar de lado su propuesta de homogeneidad cultural y romper con la visión lineal de la realidad que solo mira hacia adelante, para abrir los ojos a la diversidad del mundo y poner atención a las aportaciones de las culturas milenarias que desde una concepción circular de tiempo buscan rescatarse a sí mismos y rescatar a todos. Como señala Luis Macas hay que retroceder un poquito nuestra mirada, dar la vuelta hacia atrás y mirar qué cosas maravillosas están tras nuestro y qué cosas nuestras estamos dejando al pasar por ese gran camino, entonces miremos, démonos las manos y construyamos un futuro mejor para nuestros pueblos.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600