Año IV
La Habana

24
- 30 de DICIEMBRE
de
2005

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Evo y las peladuras de naranja
Libertad González
La Habana


En 1971 un adolescente  indígena boliviano tuvo que dejar la escuela para acompañar al padre a buscar comida. Caminó por días y en una de esas jornadas le pasó un autobús del que los viajeros tiraron  peladuras de naranja, “nosotros las recogimos y nos las comimos: ¡nos parecía un manjar exquisito! A nuestra región llegaba una naranja al año y los tres hermanos nos la disputábamos. Desde entonces, mi gran deseo fue poder viajar un día en aquellos autobuses, lanzando peladuras de naranja por la ventana...”

Esa anécdota la contó Evo Morales en una entrevista que concedió hace dos años, cuando ya él y su partido, el Movimiento al Socialismo, MAS, eran una fuerza política de consideración en el país sudamericano. En esa misma entrevista confiesa que le resulta raro contar con una persona para que le ayude en la limpieza y que “a  veces me lavan la ropa, allí en el Chapare (principal zona cocalera de Bolivia) pero mis calzoncillos y mis calcetines me los lavo yo sagradamente...”.

Ahora Evo es presidente. Por primera vez un indio por nacimiento y desarrollo humilde llega a mandatario. Y lo logró con el voto de mayoría absoluta en una primera vuelta electoral.

Y con Evo arriba al poder en Bolivia una concepción distinta de gobierno, la  de los cocaleros, esos hombres y mujeres del campo, explotados por siglos y que al fin se verán representados en los poderes ejecutivo y legislativo.

Para ellos la coca no es cocaína, sino una hierba que masticándola, desde la época de los incas, estimula al cuerpo y adormece el hambre. Y también quieren su petróleo, su gas, reivindicar el idioma de los aymaras, de los quechuas. Tener escuelas y médicos para esa mayoría ya no silenciosa que llevó a Evo a la presidencia.

Es un despertar, no solo en el pequeño país que el Che escogió en los 60 para desarrollar la guerra de guerrillas. Es un abrir los ojos para toda América, la indígena, la pobre, la humilde.

Tanto que no han vacilado los del norte, los grandes negociantes de la coca (ina), en aconsejar pragmatismo a Evo. Y cautela. Y en fin, que se porte bien para ellos, no para los aymaras y quechuas que lo eligieron.

Pero no es fácil virar la rueda, detener el tiempo. Parece que llegó la hora en la que la cultura de los incas reclame su lugar en esta parte del mundo. Y como diría un quechua: “¡Que la tortilla se vuelva, definitivamente!”.

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