Año IV
La Habana

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Como lo soñara el Che
Se recupera la dignidad indígena

Pastor Valle-Garay Toronto
Senior Scholar, Universidad de York


Es clásica justicia poética. En Bolivia llegó la justicia social. Tardadita pero segura. En el firmamento de los héroes revolucionarios nadie se sentirá tan complacido del triunfo presidencial de Evo Morales como Ernesto Che Guevara.

No murió en vano el Che ese 9 de octubre de 1967. En las cercanías de la aldea La Higuera, el pelotón Rangers de las Fuerzas Especiales del ejército boliviano, entrenado por la Agencia Central de Inteligencia, le capturó al caer herido en combate. El presidente boliviano René Barrientos ordenó su asesinato.

Félix Rodríguez, el infame cubano-americano agente de la CIA, acarreó la condena de muerte a la escuelita en donde yacía. De paso el ave de rapiña Rodríguez le despojó del reloj que le regalara al Che el Presidente Fidel Castro. El sargento Jaime Terán, seleccionado para ejecutarlo, mostró nerviosismo. Lo presintió el Che.  Dirigiéndose al verdugo le interpeló: “Sé que vienes a matarme. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre.” Una ráfaga de carabina M-2 le ultimó. Hasta el último instante fue profético Guevara. Mataron al hombre. No mataron el ideal.

Su sangre fertilizaría las ansias libertarias del pueblo boliviano. Treinta y ocho años, dos meses y nueve días más tarde Evo Morales, líder del partido Movimiento al Socialismo, triunfaría en las elecciones presidenciales. 

La prensa gringa no sabe qué pensar. Discuten el indigenismo de Morales como si fuese un bicho raro. Permanecen boquiabiertas porque cuenta el Hemisferio con su primer  presidente indígena. ¡Qué ignorancia! Solamente una sociedad sumergida en el estiércol de sus prejuicios podría generar comentarios racistas sobre las raíces étnicas del Presidente Morales como lo hicieran con el Presidente venezolano Hugo Chávez. ¡Imbéciles! Una población 70% indígena está en su absoluto derecho de elegir democráticamente a uno de los suyos para conducir los destinos de la nación. 

Escandalosamente los medios discuten la dirigencia de Morales en los gremios cocaleros como si se tratase de un narcotraficante más. ¡Imbéciles! La coca cultivada en Bolivia por miles de años tradicionalmente se ha utilizado en ritos religiosos, pociones medicinales y hasta para matar el hambre que por generaciones padeció la población indígena. Es más. En el siglo pasado las corporaciones gringas explotadoras del estaño repartían sendas porciones de coca a los mineros para que masticándolas prolongasen las largas horas de rendimiento en las infernales minas. No fue hasta que los rubios consumidores del norte descubrieron cualidades exóticas en la hoja que la convirtieron en productiva fuente de ingresos para los traficantes del vicio. Lo que demandará Morales es apenas justo: que se respete la producción de la hoja de la coca para consumo de la población indígena y erradicarla del narcotráfico. 

Especulan hasta la insolencia si Washington debe preocuparse por los cordiales lazos entre el Presidente Morales, el Presidente Castro y el Presidente Chávez como si Morales no tuviese la inteligencia de conducir los destinos del pueblo sin injerencia externa. ¡Canalla cuestionamiento! ¡Qué falta de respeto a la hermandad entre los pueblos de nuestra América! Y esto de los que no cuestionan los lazos de los antepasados de la familia Bush con la Alemania de Hitler y en la actualidad Bush, padre e hijo, con Osama Bin Laden y Saddam Hussein.

Tampoco les conviene mencionar que la elección de Morales, desafiando las estratagemas de la Casa Blanca en su contra, propina democrática bofetada a la hegemonía de Washington en este hemisferio. Simultáneamente su contundente victoria simboliza un rechazo más a la estrategia de Washington de valerse de tratados de libre comercio en aras de eternizar la explotación de Latinoamérica. Lo que torna más dulce la victoria es que, por su condición de dirigente del Movimiento al Socialismo, el triunfo le proporciona soberana paliza al imperialismo.

Habrá cambios radicales. A pesar de presiones internas por nacionalización los yacimientos de riquísimos hidrocarburos en manos de corporaciones extranjeras y de oligarcas nacionales,  Morales está dispuesto a discutir su administración con las corporaciones. Ya es hora. Estos recursos naturales son capaces de cambiar radicalmente el nivel de vida de un pueblo sumergido en la miseria durante 180 años de independencia y en la actualidad con más de 60% de desempleo, Morales es el dirigente idóneo para reajustar esta oprobiosa situación.

Germinó la semilla del Che. El triunfo netamente boliviano del Presidente Morales representa un fresco soplo de vida a sus 8,8 millones de habitantes. La victoria llena de regocijo y de orgullo a los pueblos y en particular a las naciones indígenas de América. Es una auténtica revolución. Pacífica esta vez pero tan gloriosa como la que soñó el Che. Quizás por ello valga recordar sus proféticas e inmortales palabras ante las Naciones Unidas: “Esta gran humanidad ha dicho BASTA y ha echado a andar”.

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