Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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Plaza – Nueva Orleans
Fabián Alfonso La Habana


Cuando Chucho Valdés, a las puertas del Festival Internacional Jazz Plaza 2005, anunció el estreno de una obra suya especialmente dedicada a la ciudad de Nueva Orleans y a las víctimas del huracán Katrina, interpretó los sentimientos de la inmensa mayoría de los jazzistas cubanos.

Este año el foro jazzístico más importante transcurre pocos meses después de que la tragedia se abatiera sobre esa ciudad norteamericana, golpeada tanto por el potente meteoro como por las secuelas de un ineficaz sistema de protección de la población civil, que dejó desamparados a los ciudadanos más pobres, mayoritariamente negros y latinos.

Los jazzistas cubanos sintieron esos tristes acontecimientos como si fuera en carne propia. Cuentan los vínculos históricos entre La Habana y Nueva Orleans —se ha dicho, con mucha razón, que el espacio Caribe tiene allí su norte cultural—, el trasiego de músicas e influencias artísticas recíprocas, y una cercanía que los diferendos políticos no han podido borrar.

Otros cubanos, médicos y personal paramédico, se ofrecieron para asistir desinteresadamente a los damnificados del Katrina. El gobierno de EE.UU. no respondió a esa vocación solidaria, como lo hizo después Paquistán, donde las poblaciones que sufrieron el terrible impacto del terremoto del último octubre, han acogido al personal cubano de la salud.

Nuestros músicos, como el caso de Chucho, ofrecieron música. A Chucho particularmente lo motivó la amistad con la familia Marsalis y su sensible conocimiento de cuántos tesoros musicales ha generado el Sur de los EE.UU.

Otro importante convocatoria se ha dado a conocer en estos días de Jazz Plaza 2005: la de realizar un encuentro entre músicos de Cuba y EE.UU., dedicado en Nueva Orleans, en un tercer país, al cual puedan tener acceso los artistas norteamericanos, prácticamente imposibilitados de viajar a Cuba debido a las fuertes restricciones impuestas por Washington en su obcecada política contra la Isla.

Desde ya están tratando de hacer realidad ese sueño el próximo año. Lo conciben como un puente sonoro tendido libremente entre las dos naciones, como un canto a la amistad, la solidaridad y la comprensión humana.

También va tomando forma otra convocatoria, presentada por el Jazz Café, uno de los más emblemáticos sitios de La Habana de noche, a pocos metros del Malecón: organizar una jornada de dos días para interpretar blues dedicados a Nueva Orleans de forma ininterrumpida a lo largo de más de 48 horas. 

De un modo u otro, Nueva Orleans se ha hecho íntima entre los jazzistas cubanos por estos días. Es como si el espíritu de los ancestros levitara sobre la cadencia del jazz.

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