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La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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XXII JAZZ PLAZA
¿Peldaño de escalera mayor?

José Dos Santos La Habana


Hay espacios en la vida cultural cubana que, a veces sin proponérselo, se proyectan en dimensiones especiales, que sobrepasan el hecho mismo porque hacen soñar en términos más trascendentes.

Ese es el caso del XXII Festival Jazz Plaza, realizado en el mes despedida de 2005, con escasa divulgación previa, pero con una amplia paleta de participantes de nueve países. Y me detengo en los asistentes porque, si la memoria no falla, entre ellos hay músicos de lugares nunca antes presentes en este tipo de cita.

Perú, Ecuador e Islas Caimán se sumaron ahora a naciones de América Latina y el Caribe que ya han sido representadas en otros encuentros jazzísticos similares. Ese es el caso de México, Argentina y Brasil. El único asistente que repite es el brasileño Iván Lins.

Y aunque el cuadro podría ser mayor, si recordamos otros visitantes de la región, esta cita permite renacer el sueño de algunos: hacer del Jazz Plaza una plataforma para el lanzamiento internacional de los talentos latinocaribeños que siguen radicando en sus países de origen.

Porque no debe desconocerse que varios de los latinoamericanos vistos en los escenarios del Jazz Plaza vivían y hacían carrera en el extranjero, básicamente en EE.UU. Recordemos en ese sentido al panameño Danilo Pérez, los boricuas David Sánchez y Giovanni Hidalgo, los brasileños Airto Moreira y Flora Purim y el argentino Gato Barbieri, por mencionar a algunos.

Hubo momentos, cuando el Festival Internacional de Jazz seguía al Latinoamericano de Cine, que muchos soñábamos con el día en que el de la música asumiera el ejemplo del de la imagen, hoy reconocido mundialmente como una vitrina de lujo de la cinematografía regional.

Hasta el momento no ocurre formalmente así, pero el de 2005 parece bien encaminado por la senda de hacer del Jazz Plaza un foro que diera realce y enlazara a esos que con mucha calidad no tienen suficiente difusión internacional.

AUSENCIAS Y PRESENCIAS

La ausencia de luminarias del jazz estadounidense del Festival 2005 se repitió por segundo año consecutivo. Solo los vocalistas Lola Pfeiffer, de Chicago; y Byron Motley, oriundo de Kansas City, llegaron a los escenarios capitalinos. Ellos disfrutaron del intercambio cultural que significa compartir con los jazzistas cubanos, algo que habituales visitantes como Roy Hargrove, Steve Turre, Dave Valentín y muchos otros se perdieron.

Porque los efectos de las leyes del bloqueo de Washington contra Cuba también alcanzan a los propios ciudadanos del vecino país, incluyendo a sus músicos. Por eso resultó novedosa la idea anunciada por el presidente del Instituto Cubano de la Música, Abel Acosta, relativa a realizar un festival fuera de Cuba, en la que los jazzistas de ambos países pudieran compartir. Aunque no se dijo, Canadá parece un excelente candidato para esa cita en el año 2006.

Como muestra de que las relaciones culturales también están en la cúspide de los intereses del gobierno canadiense, este año la delegación de ese país al encuentro habanero fue la más numerosa de todos los tiempos. Se festejaba el  aniversario 60 de las relaciones entre los dos países y ello sirvió de base para que ocho grupos y solistas mostraran parte del gran potencial del jazz en esa norteña nación. Alí Brownman, Chris Mitchell, Havana Fax, Hugh Fraser, Marcus Alí, Quarter Life, Sara de Lucas y Tightrope integraron la plantilla canadiense.

Hubo también nombres no tan conocidos por los aficionados cubanos pero de gran calibre. Ese es el caso del sudafricano Jimmy Dlu Dlu, ganador tres veces de los Premios de la Música Sudafricana (SAMA). Este compositor, guitarrista y arreglista es considerado el talento con más estilo de la nueva generación jazzística de África del Sur. Sus originales composiciones suman al jazz africano géneros como el canguelo, el reggae, la samba y la música latina.

Asimismo, entre los visitantes destacó el saxofonista italiano Stefano "Bedo" Bedetti, quien ha colaborado con grandes músicos como Jimmy Owens, Tony Scout, Ingrid Jensen, George Cables, Randy Bernsen, Greg Osby y Billy Hart.

Como es habitual, por la parte cubana, encabezada por Jesús “Chucho” Valdés, no faltó nadie de calibre que estuviera en el país en esas fechas. La relación sería muy dilatada, pero hay que mencionar a Bobby Carcassés, César López, Pablo Menéndez, Basilio Márquez, Roberto Carcassés, Roberto Fonseca, Bellita Expósito y Oscar Valdés, con sus respectivos grupos.

También llamó mucho la atención la artillería juvenil del piano cubano de jazz, una cantera de talentos que ya va alcanzado un espacio propio. En la vanguardia de ese movimiento se encuentran Tony Rodríguez, Rolando Luna, Aldo López-Gavilán y las más recientes estrellas Harold López-Nussa y Alfredo Rodríguez, ganador y finalista de la competencia de pianistas del cercano Festival de Jazz de Montreux, en Suiza.

Momentos inolvidables de este encuentro serán la velada propiciada por Chucho Valdés, Pablo Milanés e Iván Lins, la gala de inauguración con una big band armada por Bobby Carcassés en homenaje a Armando Romeo, el homenaje al saxofonista inglés Ronny Scott y la función de clausura con la Orquesta Sinfónica Nacional y numerosos invitados en la que se interpretarán obras del maestro Chucho Valdés, incluida “Canto a Dios”, un estreno dedicado a la sufrida New Orleans.

Por segundo año consecutivo se realizó un coloquio internacional de jazz, con participación del colombiano Paulo Andrés Sánchez Gil, en una conferencia sobre este género en su país. También participó el británico Pete King, asociado a Ronnie Scott y con quien fundó el famoso club en Londres que lleva el nombre del saxofonista. En un conversatorio abierto sobre ese centro, Chucho Valdés, Enrique Plá, Carlos Emilo Morales y Yusa ilustraron su importancia como eje de la difusión de la música cubana en el Viejo Continente.

Como ya resulta habitual en estas fiestas del jazz, además de las cinco sedes en las que se desarrollaron los conciertos, durante los cuatro días del encuentro, tarde en la noche otros cuatro lugares sirvieron de escenario a las “descargas” o “jam sessions”, en las que los músicos soltaron su imaginación y talento para confirmar que el jazz es un arte de creación instantánea muy difícil de superar.

Y pensando ya en el XXIII Jazz Plaza, con el puente anunciado fuera de las fronteras cubanas, los de siempre seguiremos esperando un nuevo Festival Latinocaribeño que sume cada vez más lo mejor de nuestra región.

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