Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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TEMPORADA DE EL LAGO DE LOS CISNES
El Ballet se muerde la cola
Hilario Rosete Silva
La Habana
Fotos: Nancy Reyes

 

Viengsay Valdés

 

El pasado domingo (27 de noviembre de 2005), en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, concluyó la temporada de invierno del Ballet Nacional de Cuba (BNC). 

Pesado, contado y dividido” como pocos, puesto en tela de juicio por amantes y detractores, el ciclo abarcó siete funciones dedicadas a El lago de los cisnes en la versión de Alicia Alonso ―sobre la original de Marius Petipa y Lev Ivánov. 

Miguelángel Blanco

10 bailarines y bailarinas, ubicados en desiguales niveles del sistema de categorías vigente en el BNC, defendieron los roles protagónicos de Siegfried y de Odette-Odile. 

El grupo lo encabezaron las primeras y los primeros bailarines Hayna Gutiérrez, Anette Delgado, Rómel Frómeta, Viengsay Valdés y Joel Carreño. También encarnaron dichos roles las bailarinas y los bailarines principales Sadaise Arencibia, Miguelángel Blanco, Yolanda Correa y Javier Torres. A la menuda tropa de línea se sumó el solista Elier Bourzac. 

Anette Delgado

Es obvio que los 10 integrantes de estas cinco parejas de valientes, inclusive los clasificados en una misma categoría, no tienen similar grado de experiencia y, por la misma razón, no disponen del mismo caudal de recursos para obtener lo que ambos papeles exigen. 

La madurez a la que vienen arribando en el desempeño de sus personajes Viengsay Valdés y Joel Carreño, no se compara con el desarrollo ya alcanzado por Hayna Gutiérrez, Anette Delgado y Rómel Frómeta. 

Rómel Frómeta

El florecimiento de Hayna Gutiérrez, la frescura de Anette Delgado y el ascenso de Rómel Frómeta, tampoco se equiparan con el adelanto de Sadaise Arencibia y Miguelángel Blanco. 

La sazón de Sadaise Arencibia y el punto de Miguelángel Blanco, a su vez no se miden con la circunstancia de Yolanda Correa y Javier Torres. 

Yolanda Correa

La sensatez de Yolanda Correa, estrenada en el papel apenas en junio de 2004, difiere de la prudencia de Javier Torres. Lo mismo que el cuidado de Javier contrasta con el verdor de Elier Bourzac. 

Los dos últimos, Javier Torres y Elier Bourzac, debutaron por estos días en las zapatillas del príncipe Siegfried. 

Javier Torres

 

GAJES DEL OFICIO

No es la primera vez que, para interpretar los roles de Siegfried y de Odette-Odile, bailar íntegramente su versión actual de El lago de los cisnes, tres actos y un epílogo, y presentar siete funciones, la dirección del BNC se sirve de dúos conformados por bailarinas y bailarines clasificados en diferentes categorías ―por ejemplo, de Anette Delgado y Rómel Frómeta, ambos con el título de primeros bailarines, y de Sadaise Arencibia y Miguelángel Blanco, nombrados como bailarines principales.

Hayna Gutiérrez

Tampoco es noticia el hecho de que, para alcanzar su objetivo, la Compañía decida conformar una pareja protagónica con bailarines que se hallan en distintos niveles de su estructura jerárquica ―el caso de Hayna Gutiérrez, primera bailarina, y Elier Bourzac, solista.

Elier Bourzac

La acertada política, práctica común del elenco cubano, se echó de ver más por la circunstancia particular que de pronto atraviesa el BNC: la escasez de primeras figuras, sobre todo masculinas, que no es lo mismo que la falta de buenas bailarinas y de prometedores bailarines. 

Dicha carencia se hizo visible con el alejamiento temporal de los planos estelares, por razones de salud, de dos experimentadas figuras, Víctor Gilí y Bárbara García ―aún rutilante en la danza española del III acto–, y por las dolorosas bajas o tristes deserciones de los meses recientes que, claro, dañaron al colectivo. 

Bárbara García

Las vacantes, originadas por múltiples razones ―también hay artistas contratados por compañías extranjeras―, fueron cubiertas por bailarines que, viniendo de abajo, contarían con talento y progreso técnico para asumir las responsabilidades. 

Se entiende por qué decimos “contarían”: hay casos en los que se acomoda un tanto el baile y hasta se fuerza un poco al bailarín asignándole roles para los que todavía no está preparado. 

Sadaise Arencibia

Así sucedería con algunos de los que bailaron en este “vilipendioso” Lago: son gajes de la formación, hijos de las circunstancias que, por supuesto, no atentaron contra la calidad general de las funciones. 

No será la última ocasión en que el BNC se conciencie de su propio talento, de la riqueza de su cantera ―la escuela cubana de ballet y la Escuela de Ballet―, y busque, con premura, sustitutos en su “cola”. 

Por demás, no hay otra alternativa. El Ballet Nacional de Cuba no cerrará sus puertas. “Es la hora de los hornos, en que no se ha de ver más que la luz”. 

Joel Carreño

 

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