Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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Entrevista con el investigador Juan Pablo González,
miembro del jurado del Premio de Musicología Casa de las Américas.

Más allá de un Premio
Odal Palma
La Habana


Desde su fundación en 1959 por Haydée Santamaría, la Casa de las Américas ha auspiciado cientos de eventos que propician el encuentro, intercambio y debate, entre escritores, artistas, investigadores y estudiosos de todas las manifestaciones del arte. La música no constituye excepción. Por ello, desde el 28 de noviembre y hasta el 2 de diciembre sesionó en la prestigiosa institución la X edición del Premio de Musicología. 

Este evento, surgido en 1979, es el resultado de una propuesta del músico y compositor mexicano Mario Lavista, quien sugirió la institución de un Premio que estimulara y reconociera la investigación de la cultura musical del continente. La idea fue acogida de inmediato por el doctor Argeliers León, quien en aquel momento se desempeñaba como director del Departamento de Música de la Casa de las Américas. Así pues, corresponde al destacado investigador cubano el honor no solo de ser el gestor del Premio desde el punto de vista organizativo, sino también el de haber establecido la concepción y la línea que debía seguir este reconocimiento a lo largo de su desarrollo. 

El propio Argeliers León, además de María Teresa Linares, Danilo Orozco y Carlos Fariñas, entre otros prominentes investigadores cubanos, latinoamericanos y caribeños, han enaltecido el evento como miembros del jurado, el cual, además de premiar la mejor entre las obras concursantes, coadyuva a la publicación de la investigación laureada. 

En la pasada edición, celebrada en el 2003, resultó galardonado con el Premio de Musicología Casa de las Américas, el doctor Juan Pablo González, que junto al historiador Claudio Rolle presentaron a concurso el trabajo titulado Historia Social de la Música Popular en Chile. 1890-1950.    

Según la conclusión final del jurado en aquella ocasión, dicha obra “presenta una minuciosa reconstrucción histórica y social de la música popular en Chile, desde la música de Salón en el siglo XIX hasta 1950. Paralelamente expone los procesos de industrialización, masificación y democratización de la música a partir del desarrollo de los medios tecnológicos”. 

La investigación “traza por primera vez la historia de estos procesos en Chile, al tiempo que abre la posibilidad de establecer un abanico de comparaciones con la de otros países latinoamericanos, y expone los circuitos de circulación de los géneros protagonistas de la música popular”. 

Finalmente, en su acta concluyente el jurado puntualiza: “por el valioso aporte de la información manejada e interpretación de la misma, este trabajo establece un modelo potencial para futuras investigaciones comparativas y analíticas”. 

En la tarde del pasado 29 de noviembre, como parte del programa de actividades de la X edición del Premio de Musicología, fue presentado, en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, el volumen Historia Social de la Música Popular en Chile. 1890-1950. Texto que por su estructura y contenido resulta para el lector una suerte de guía hacia lo que puede considerarse una historia perfectamente equilibrada, dicotómica, exhaustiva y sobre todo coherente, de la música popular en el país andino. 

Uno de sus autores se encuentra de visita nuevamente en Cuba, en esta oportunidad como miembro del Jurado del Premio de Musicología. Se trata del doctor Juan Pablo González, quien, como ganador del certamen en la pasada edición, refirió en exclusiva para La Jiribilla: “Haber obtenido el Premio de Musicología Casa de las Américas, representa un gran honor que comparto con mi colega el historiador Claudio Rolle. Este reconocimiento, por un lado, instala nuestro trabajo internacionalmente. Un trabajo que tiene que ver con la música chilena, pero también con la presencia de la música latinoamericana en Chile. Por lo tanto, es un trabajo que interesa también en otras latitudes. Además, es una investigación que intenta aportar un modelo de análisis, que coloca un discurso sobre las músicas populares modernas, urbanas, mediatizadas, que empezamos a considerar también como patrimoniales dentro de América Latina. Asimismo, el Premio, junto con darle mayor visibilidad internacional a nuestro trabajo, nos permite legitimar lo que hacemos y respaldar lo que hacemos en Chile, puesto que el trabajo sobre estas músicas populares urbanas, híbridas, cosmopolitas, también de márgenes, no son músicas que tengan precisamente un prestigio en el ámbito académico, o incluso, para el propio estado. De modo que un Premio como este, tremendamente prestigioso dentro y fuera del continente, es un respaldo a la labor, y señala una dirección, al tiempo que contribuye a apoyar el trabajo de tantos músicos anónimos, músicos de bar, músicos de calle, músicos que han dado una vida completa para instalar esta música en el cuerpo, en el corazón y en la mente de las personas y que muchas veces no tienen el reconocimiento que merecen.” 

¿Qué le motivó realizar una investigación acerca de una música, de la cual usted mismo asegura que es más bien de frontera, carente de prestigio en el ámbito académico, incluso, para el propio estado chileno?

Sí, justamente nosotros jugamos, si se quiere un poco, con el asunto en cuanto a tratar de molestar a veces el estado de las cosas. En cuanto a una Universidad, a un sistema académico tan elitista que considera la música de concierto, la música clásica como una música superior, suprema, por un lado, y que desprecia las manifestaciones reales de las personas, y, por otro lado, frente a un folclorismo un tanto purista y utópico. Pero considerando que todavía, digamos, el pueblo latinoamericano es un pueblo prácticamente analfabeto, que se mueve solamente por la cultura oral, que no tiene contacto con la industria musical, con la cultura de masas, con la tecnología, entonces, nosotros jugamos un poco con esa situación. Quisimos molestar también porque yo creo que una de las labores del intelectual es molestar, es un poco incomodar, un poco poner el dedo en la llaga, digamos hacer críticas. Pero siempre buscando desarrollar el conocimiento y perfeccionar lo que tenemos.  

Entonces, nosotros decimos: bueno, nos interesan las orillas, lo ilegítimo, lo marginal, la frontera, instalarlo en el ámbito académico y recibir un Premio tan prestigioso, tiene que ver con esa idea de “molestar”.            

Según la tradición de este evento, usted, que fue el ganador del Premio de Musicología hace dos años, participa en la presente edición como miembro del jurado. Revestido con tamaña responsabilidad, ¿qué opinión le merecen las obras aspirantes al Premio en el 2005?

Estoy todavía un poco imposibilitado de hacer demasiados comentarios sobre las obras en concurso. De todos modos puedo adelantar algunas generalidades, como que todas las obras son de muy buen nivel, aunque ―como ocurre en todos los concursos― hay unas mejores que otras. Los trabajos vienen de una diversidad de países latinoamericanos y cubren un espectro completo de la música, considerando las músicas de concierto, antiguas, históricas, coloniales, del siglo XIX, del siglo XX, las músicas populares y la música de tradición oral. 

Los conocimientos de Musicología que posee Juan Pablo González ―alcanzados primero en la Universidad de Chile, posteriormente en la Universidad californiana de Los Ángeles y su desempeño actual como Presidente de la Rama Latinoamericana de la Asocicación Internacional para estudios de la música popular en América Latina― le permiten tener una visión bastante abarcadora del comportamiento de esta disciplina en los distintos países de nuestra región. ¿Podría entonces expresar su punto de vista acerca del Premio de Musicología y del Coloquio Internacional, que sesiona paralelamente al Premio desde 1997?

Considero que el Coloquio es una muy buena oportunidad  para establecer vínculos, establecer redes, conocernos mutuamente, interactuar entre nosotros. Por su lado el Premio goza de muy buena salud. Ha ido ganando participantes de una manera asombrosa y también diversificando el campo de la música. Esta es su X edición, somos cinco jurados de cinco países distintos. Algunos nos conocíamos, otros no y para nosotros es una especie de seminario que hacemos. Estamos permanentemente reunidos, trabajando, discutiendo, conversando. 

Ser jurado es realmente un seminario de postgrado. Muchas veces uno lee un libro y no tiene con quién comentarlo, y ahora, mientras trabajamos en la selección del mejor trabajo, de la investigación que merece el Premio en el 2005, estamos leyendo y estamos comentando inmediatamente con nuestros colegas. Por todo ello, puede decirse que realmente es una experiencia formadora para cualquier investigador, una experiencia extraordinaria.

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