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RÁFAGA EN ESPLENDOR
| Lisandro Otero
Espíritu vivo
es algo así como el manto con el que en esta ocasión se
ha envuelto el conocido artista de la plástica Alberto
Lezcay (Santiago de Cuba, noviembre 21, 1950) para
abrigar su venidera exposición a inaugurarse el próximo
19 de noviembre en la galería Villa Manuela de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, de La Habana
Y es muy laudable que
Villa Manuela —dicho sea y no de paso, una de las
mejores equipadas y de mayor confort de todas las
galerías de arte con que cuenta el circuito capitalino—
abra sus puertas y su alma al más reciente trabajo de
Lezcay quien, bajo el ojo tutelar del curador de la
muestra y director de la institución, Antonio Fernández
Seoane, mostrará pintura, escultura y dibujo.
Lezcay es uno de esos
creadores que ha apostado por la ciudad que lo vio nacer
y aunque su andar ha frecuentado varios espacios cubanos
y de otras latitudes, parece estar atado Santiago: ahí
vive y trabaja desde siempre.
Hace apenas unas
horas tuvimos la oportunidad de conversar con Lezcay en
el santiaguero Taller Cultural “Luis Díaz Oduardo”, que
dirigió entre 1981 y 1990, espacio devenido sitio
imprescindible donde se defiende y cobija lo mejor de la
plástica que se genera en el oriente cubano y que,
actualmente liderea con diligencia el también artista
plástico Israel Tamayo.
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Caballa dormida. Bronce,
20 x 12 x 19 cm 2004 |
Allí, en una
calurosísima mañana y luego de haber recorrido las
distintas áreas del Taller, provoqué un aparte con
Lezcay a quien intenté “emboscar” con algunas preguntas
y cuyo diálogo comenzó por los instantes iniciáticos.
“Desde muy niño,
cuando descubrí que la plástica era mi mundo, empecé a
interesarme por el color, la línea y la forma. En los
inicios sentí un poco de angustia porque parecía que
tenía que definirme por la pintura o por la escultura: a
esta altura no me he decidido por ninguna sino por
ambas.
A los 23 años comencé
a estudiar en la Escuela de Arte de Santiago de Cuba y
luego en la Escuela Nacional de Arte en La Habana, ENA.
De esa etapa conservo amigos maravillosos. Luego me
especialicé en escultura monumental en la antigua Unión
Soviética en la Academia Repin, de Leningrado,
hoy San Petersburgo.
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Llueve. Acrilico y
carbon, lienzo, 75 x 200 cm, 2005 |
El programa de
estudio de la Academia Repin estaba basado en el
Renacimiento, es decir, que como escuela no admitía otra
cosa. ¡Imagínate!, un recién graduado de las
instituciones cubanas que se caracterizan por estimular
la creatividad, la inventiva, la investigación y de
repente caer allí era como estar encerrado en una jaula.
Tuve grandes crisis
existenciales y filosóficas —sobre todo en los dos
primeros años— incluso hubo un momento que decidí
regresar a Cuba, pero existían razones más profundas que
tenían que ver con objetivos profesionales. Me decía a
mí mismo que debía de soportar ciertas cosas si quería
adquirir otras que en Cuba no podía, sobre todo, en
cuanto a técnica para hacer esculturas grandes. En
definitiva el diseño lo pone uno y yo quería aprender la
técnica para que, posteriormente, la imaginación se
apoyara mejor.
Esas reflexiones
fueron como el consuelo, como la fuerza que me hizo
atarme a ese lugar. También tenía interés en conocer
profundamente la figuración. Hay alguna gente que está
equivocada y todo lo que suena a Unión Soviética lo
vincula al realismo socialista. Un error.
Esta Academia era,
completamente, contraria al realismo socialista; ellos
defendían el realismo clásico renacentista, que es otra
cosa. Se estaba muy en contra de la teatralidad, de la
gestualidad casi gratuita, de todos aquellos elementos
del falso realismo.
Además frente a la Academia Repin estaba el Museo
Ermitage, que era, entonces, uno de los más
importantes del mundo; esa cercanía me brindaba la
posibilidad de estar en contacto con originales del arte
universal. Fueron muy importantes esos seis años y me
agradezco a mí mismo por haber resistido y también a los
que me dieron la oportunidad de estar allí.
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Paisaje I. Mixta y
cartulina, 50 x 70 cm, 2005 |
Santiago es una
ciudad que exhibe una huella dejada por usted. Por
ejemplo, el Monumento al Cimarrón (bronce/hierro colado
9:60 metros de altura)…
El Monumento al
Cimarrón fue una obra que inauguré en el año 1997,
auspiciada por la UNESCO, la Casa del Caribe y Fundación
Caguayo.
De lo hecho hasta el
momento es lo que más me satisface porque creo que logré
elementos de síntesis, de cosas que artísticamente
quiero decir. Primero ubicarlo en un entorno coherente
para que la obra viva y crezca y se comunique con la
gente de manera eficaz. Creo que en ese sentido es lo
mejor que he logrado hasta ahora.
El Cimarrón, por otro
lado, es un símbolo muy importante porque implica
libertad. No se trata del negro corriendo y el otro
detrás. No. Es un concepto universal y no privativo de
los negros: puede ser de chinos, de blancos, de todos
los seres humanos del mundo porque donde quiera que hubo
esclavitud existieron los cimarrones. Aún en muchas
partes del mundo los hay aunque disfrazados de otras
formas. Creo que el término cimarrón debíamos retomarlo
puesto que tenemos la responsabilidad de continuar
luchando contra la esclavitud en cualquiera de sus
manifestaciones.
¿Cuáles son los
secretos del Monumento al Cimarrón que ha devenido,
casi, símbolo de Santiago?
Es difícil explicar
porque, creo, es una obra cargada de sugerencias. Lo
hermoso es que cada cual descubra y encuentre lo que le
corresponde y aquello que registre su imaginación.
Reitero, es un
símbolo universal, por lo tanto, los códigos, los
elementos que intenté utilizar también son universales.
El concepto de libertad es tan actual, de todos los días
y de todos los momentos, que tampoco podía ser una
imagen estática; es como una transformación, una
metamorfosis. La idea de la libertad no puede ser
atrapada nunca.
Eso fue descrito muy
bien por el novelista cubano Alejo Carpentier en su obra
Reino de este mundo en el pasaje donde se habla
de la quema del cimarrón y al final no apareció nada
allí y la deducción es que se había ido. Ese es el
concepto que traté de atrapar en esa obra.
Por otro lado Juan
Moreno, el negrito de la Virgen de La Caridad (patrona
de Cuba), a los diez años era esclavo —según reza la
leyenda— y luego se hizo cimarrón. Existe una conexión
directa con la Virgen, con la mina de Cobre, donde está
enclavado el Monumento, que es una de las más antiguas
del continente americano.
Allí hubo grandes
rebeliones… muchos años antes de que se le otorgara en
Cuba la libertad a los esclavos ellos la lograron por su
lucha, por su fuerza… quizás por Juan Moreno. En El
Cobre, ese poblado mágico, ciertamente un poco
abandonado, existen esos dos símbolos: el de la Virgen
y el del Cimarrón y todo eso vive y late en la gente de
El Cobre, están allí y son palpables.
¿Fundación Caguayo…
diez años de existencia?
Surge en 1995, luego
de la realización de la Plaza “Antonio Maceo”.
Propusimos a las máximas autoridades cubanas nuestro
deseo de aprovechar la infraestructura material que
había dejado esa obra para continuar con proyectos que
apoyaran a otros artistas.
La Fundación posee
una sociedad mercantil que realiza la parte comercial y
con los resultados económicos que se obtienen se
sostiene; es una peculiaridad de la institución.
El objeto social es
contribuir al desarrollo de las artes monumentarias y en
general a las visuales: preferimos apoyar zonas que,
quizás, no tengan un tratamiento preferencial como, por
ejemplo, el diseño ambiental.
Son áreas que dentro
de las artes visuales poseen una gran incidencia social.
El diseño está en todo sin embargo, a pesar de que
existe una Escuela de Diseño Industrial, muy buena por
cierto, en la práctica hay mucho que hacer en el terreno
de las aplicaciones.
También movemos
exposiciones, apoyamos proyectos artísticos, acabamos de
editar un libro titulado Escultura en Cuba: Siglo XX
que viene, en algún sentido, a suplir una carencia…
hemos hecho una tirada suficiente como para distribuir
en el sistema de enseñanza artística a nivel nacional y
en las redes de bibliotecas. También para que se
comercialice a través del Instituto Cubano del Libro.
En el ámbito
internacional invitamos a especialistas de otros países
a que vengan a Cuba a trabajar por un tiempo determinado
y a hacer obras; igualmente llevamos exposiciones a
otros lugares. En estos momentos está itinerando por
varias ciudades españolas una muestra de arte
contemporáneo cubano.
Tenemos un proyecto
con Suiza que se llama Cuba-Ginebra: ida y vuelta
fundado hace cuatro años; traemos y llevamos artistas.
Es un proceso de intercambio de experiencias porque el
desarrollo de las artes exige de gran comunicación con
el mundo. Ese es otro de los superobjetivos de la
Fundación Caguayo.
En Santiago de Cuba
está una suerte de “campamento”, de casa matriz, que es
un taller de fundición artística no sólo para toda Cuba
sino para otras partes del mundo. De hecho se han
realizado algunas obras como la hermosa escultura
dedicada al músico británico John Lennon de José Villa
Soberón que está enclavada en la capital cubana y la
escultura al Héroe Nacional, José Martí, emplazada en la
Tribuna Antiimperialista, también en La Habana, así como
otras piezas para el Museo Nacional de Bellas Artes.
Igualmente se han
concebido obras para Martinica, Estados Unidos y México
y más recientemente hemos abierto la posibilidad de la
fundición de la cera perdida, una técnica muy deseada
por los escultores. Contamos con un personal altamente
calificado para ayudar al artista a realizar su obra,
cuestión muy importante en arte monumetal.
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Vuelo Lam.
Bronce, 75 x 65 x 34 cm, 2005 |
¿El hecho de dirigir
la Fundación Caguayo
no le roba
tiempo que puede dedicar a su obra personal?
No me roba, me
atrapa, pero a vez me estimula artísticamente porque
tiene mucho que ver con lo que hago. Estoy siempre en mi
medio.
Escultura
monumentaria en Cuba. ¿Valoración?
Este es un género muy
difícil no sólo en Cuba sino en el mundo entero porque
un escultor munumentalista no puede hacer su obra solo
sino que tiene que apoyarse de muchas voluntades,
también en dinero, en recursos, en economía, en
decisiones.
Considero que existen
muchos problemas y también confusión en torno al arte
monumental en general. Por otro lado hay un gran
desarrollo de talentos gracias al sistema de enseñanza
artística y en estos años se ha creado un potencial muy
grande.
Pienso que se deben
canalizar mejor las cosas, sobre todo, para evitar que
aparezcan elementos negativos y seudo artísticos en
espacios públicos. Eso es muy triste porque los lugares
públicos le pertenecen a la gente. No es lo mismo una
obra de caballete que si usted la tiene en su casa si va
a afectar a alguien es a usted mismo.
El peligro está en
que se legitimice algo que no es verdadero arte. Hay una
gran necesidad de apoyar proyectos que nazcan, pero a la
vez poner el mismo cuidado para que lo que se ponga sea
positivo para los espacios y para la gente que se mueve
en ellos.
Hay que continuar
trabajando coordinadamente con la Comisión para el
Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambientaria,
CODEMA, con el gobierno y con todas las autoridades que
tienen que ver con este sector. Y no estoy hablando
solamente de las obras en espacios abiertos sino también
en lugares interiores de uso social. Están proliferando
murales de corte político, pero muchas veces son
panfletos mal realizados que a la semana se descarnan
de las paredes porque son hechos, quizás, con gran
voluntad pero sin las técnicas y los recursos
necesarios.
RÁFAGA EN ESPLENDOR
La obra de Alberto Lescay Merencio
Lisandro Otero
(Palabras del
catálogo de la exposición
Espíritu vivo,
galería Villa Manuela, UNEAC, La Habana, 19 de noviembre
/ 2005)
El torbellino nos envuelve y transporta,
nos conduce con una fuerza animal, nos proporciona un
sacudimiento telúrico los volúmenes y el color en las
obras de Alberto Lescay son una síntesis de la vida
cubana. Es la violencia y la borrasca, los granates
incendiados quienes proclaman la cólera y los turquíes
serenos nos hablan de la prudencia.
Aquí hay ondulaciones de la forma que nos
entregan una sensualidad irreverente, remolinos
ardientes junto a nieblas opacas que nos revelan las
fases de la historia nacional. Las púas y cuernos
acoplados a plumas y arcos funcionan como catalizadores
del carácter. Nunca antes los clamores del bermellón
sirvieron mejor para ilustrar el ímpetu delirante, el
brío, la seducción perenne de la batalla, ni las
cascadas de índigo fueron impulsadas por estas fugas
rabiosas, conducentes a un destino de aristas
conquistadas.
El entrecruzamiento veloz del cobre con
el añil nos arrastra hacia una aventura tentadora y nos
impulsa al fervor. ¿Y qué decir de ese Antonio Maceo
rodeado de insurrectos machetes enhiestos —un Maceo en
plenitud de combate invocando el sostén de su pueblo—, o
qué hablar de la nobleza lírica de un Martí sosegado, o
de ese grito en bronce que es el Cimarrón?
Son capítulos de la vida de una nación
coagulados para la perennidad. La celeridad, el aliento
presuroso de nuestro ritmo vital ya lo había expresado
Carlos Enríquez y los arcanos de nuestras enérgicas
raíces quedaron plasmados por Lam.
En Lescay se unen ambos valores y toman
una nueva dimensión la cepa permanente y el instante
fugaz. En estas telas Cuba es una ráfaga incesante, un
ímpetu espléndido y apasionado.
Alberto Lezcay
(21 de noviembre1950 en la
Loma de Martens, Santiago de Cuba)
1968 Graduado en Pintura en la Escuela Taller de
Artes Plásticas “José Joaquín Tejada” de Santiago de
Cuba.
1973 Graduado de Escultura en la Escuela Nacional de
Arte Cubanacán, La Habana.
1979 Maestro en Arte, Academia de Escultura,
Arquitectura, Pintura y Gráfica Repin, San
Petersburgo (Leningrado) antigua URSS
Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de
Cuba y la Asociación Internacional de Artistas Plásticos
1995 Crea la Fundación Caguayo para las Artes
Monumentales y Aplicadas de la cual es presidente
ALGUNAS EXPOSICIONES
1980 Exposición
Dibujo, Pintura y Escultura. Biblioteca Elvira Cape,
Santiago de Cuba
1981 Exposición
Escultura y Dibujo. Galería de Arte Universal, Santiago
de Cuba
Exposición Pintura y Escultura, Galería Amelia
Peláez, Parque Lenin. Ciudad de La Habana
Exposición Dibujo y Grabado, República Democrática
Alemana
Exposición Dibujo y Grabado. Galicia, España
Exposición Arte Cubano, Galería Central,
Barbados
1982 Salón
Nacional de la UNEAC, Museo Nacional de Bellas Artes,
Ciudad de La Habana
Exposición Arte Cubano (Noruega y Bélgica)
Premio
en el Concurso para el Proyecto de la Plaza Monumento
“Antonio
Maceo”
de Santiago de Cuba
1983 Holanda
exposición personal Paisaje del Paisaje, Dibujo,
Galería
Madurodam, La Haya, Holanda (itineró a Noruega y
Francia)
Exposición colectiva Plástica Santiaguera, Surinam y
Granada
Premio
Dibujo, Salón Juvenil Provincial. Santiago de Cuba
Premio
de Escultura, Salón UNEAC, Santiago de Cuba
Premio
Especial. Ministerio de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias. Ciudad de La Habana.
1984 Emplaza
las obras Ernesto Guevara, Bronce, Hospital que lleva su
nombre, Las
Tunas,
Cuba y Monumento a Maurice Bishop, Bronce y madera, Casa
del Caribe, Santiago de Cuba
1986 Exposición
colectiva Salón Nacional de Premiados, Museo Nacional
Bellas Artes, Ciudad de La Habana, Cuba
1997 Exposición
colectiva Cuba luz. Club de Jazz New Morning. Paris,
Francia.
Emplaza el Monumento al Cimarrón, hierro y bronce, El
Cobre, Santiago de Cuba; Che, a sus amigos del mundo,
bronce, ministerio de relaciones exteriores, La Habana,
Cuba
1999 Exposiciones
personales Intentos. Pintura y Dibujo, Alianza Francesa,
Santiago de Cuba; Alegorías, pintura, 3ra. Primavera
Cubana de Bordeaux. Francia; Alegorías, Pintura y
Escultura. Alcaldía de Farney-Voltaire. Francia
2000 Emplaza
réplicas de su Cabeza de José Martí, bronce, en México,
Honduras, Nicaragua y Grecia
2001 Exposición
personal Pinturas, Universidad de Acrópolis, Atenas,
Grecia Exposición colectiva La Pequeña Gran Escultura.
Museo Nacional de Bellas Artes. Ciudad de La Habana,
Cuba
COLECCIONES PRIVADAS.
Obras
suyas forman parte de colecciones privadas en Canadá,
Venezuela, República Dominicana, Alemania, EE.UU.,
Jamaica, Brasil, México, Francia y otros países. |