Año IV
La Habana
2005

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La taza sanitaria emplaza
Israel Castellanos León
La Habana
Fotos:
Cortesía del artista


Otra forma más de mirar lo mismo se titula la exposición que el joven artista Carlos E. Prado (Ciudad de La Habana, 1978) inauguró recientemente en el Centro Cultural ICAIC, sito en Ave. 23 e/ 10 y 12, Vedado. Sin embargo, la muestra propone variadas maneras de mirar y ver (entender) lo diferente, pues aun cuando se trata de la taza de servicio sanitario, e incluso de un modelo industrial recurrente, las organizaciones compositivas de esos objetos presentan diversos puntos de vista.

Como todo escultor, Carlos E. Prado estudia los variopintos ángulos de visión que demanda cualquier obra tridimensional, pero en esta ocasión expone más bien una sola versión de disímiles proyectos escultóricos o instalativos. Además, cada una de las proposiciones refleja distintas actitudes y situaciones humanas, como subrayan explícitamente algunos títulos: Arrogancia, Cachumbambé, Comunicación inusual…, correspondientes a obras en las cuales el hombre está presente sin estar directamente representado.

Pero lo más probable es que al nombrar así a esta exposición organizada por el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y la Fundación Ludwig de Cuba, se haya querido sugerir que se mostraría otro acercamiento a un objeto que la mayor parte de las personas asocian exclusivamente a su función utilitaria, de implicaciones escatológicas; y que ha sido motivo de inspiración para otros artistas, como los cubanos Gustavo César Hechavarría (el Cuty) y Sandra Antonia Riera, quienes lo han representado en sus pinturas.

Ganador del Premio de Escultura en el Salón de Académica ’96. Evento Internacional de Escuelas de Arte de Hispanoamérica; autor de varios bustos (entre otros, los dedicados a relevantes personalidades de la cultura  cubana y universal, como la escritora Dulce María Loynaz y la bailarina Alicia Alonso), Carlos E. Prado expone en esta ocasión proyectos donde está manifiesto el homenaje a la tradición escultórica, con un sentido paródico sugerido no solamente por la elección del objeto de tributo, sino también por la forma de emplazarlo: sobre un podio escalonado (en la obra llamada Monumento), o en una posición vertical y ascendente que recuerda a una estela, menhir u obelisco (Columna infinita II). Esta puede ser también una alusión a la obra del gran escultor rumano Constantin Brancusi; de la misma forma que la escogencia de un mueble sanitario puede evocar a Marcel Duchamp, quien en 1917 expuso en una galería parisina un urinario al que bautizó como Fuente.

Ahora bien, los proyectos de Carlos E. Prado no revelan si el autor piensa utilizar piezas ya existentes (los ready mades u objets trouvés de Duchamp), para elaborar sus composiciones escultóricas e instalativas; o si los va a fabricar él mismo, apelado además a su dominio de la cerámica (que le ha valido reconocimientos como: el Premio en la Trienal Internacional de Cerámica Elit-Tile, otorgado por el Museo de la Cerámica Contemporánea de Santo Domingo (2003); y la Mención en la VII Bienal de Cerámica “Amelia  Peláez”, Museo Nacional de la Cerámica, La Habana (2004).

Por ahora, se trata de una exposición de unos treinta proyectos diseñados por Carlos E. Prado con el auxilio de la computación. Y como escribió el crítico, curador e investigador cubano José M. Noceda en las palabras del catálogo: “las herramientas de esa tecnología le permiten explorar nuevos horizontes técnicos en la materialización de las ideas, manipular imágenes inventadas en la computadora, crear formas y ámbitos virtuales con un alto grado de verosimilitud, por supuesto, también virtual, que devienen complementos del tradicional boceto y, a la vez, obra autónoma. Estos registros simulan un enfoque fotográfico —el encuadre tal cual la mirada de un fotógrafo— sin perder de vista la perspectiva espacial de un escultor dueño de las tres dimensiones. El resultado es un supuesto formalismo retiniano, un regodeo premeditado en la plasticidad del objeto capaz de engañar el ojo”.

Con esa exposición, este egresado del Instituto Superior de Arte (donde imparte clases de escultura y cerámica), acaba de insertarse hasta cierto punto en una tendencia: la exhibición de proyectos como obras en sí, que ha venido cobrando fuerza desde la década anterior y fue remarcada en la muestra colectiva La idea dibujada, durante el III Salón de Arte Cubano Contemporáneo (2001). Carlos E. Prado no tomó parte en esta exhibición grupal, que además no contempló a los bocetos hechos con técnica digital, que tuvo en cuenta además valor de mercado que la mano del artista le aporta a la obra. No obstante, la computadora es solo un instrumento, como el lápiz o el carboncillo; y no resulta menos difícil de dominar. En última instancia, ambas modalidades expresivas requieren igualmente de la digitalización, de la manualidad, puesta al servicio de la idea artística.

Carlos E. Prado, quien también se ha desdoblado como ilustrador, director de arte en un audiovisual y artista del perfomance, dinamitó en su nueva exposición personal las barreras entre lo público y lo privado, al enfatizar en la socialización no compartimentada de un uso tan íntimo como el que presta la taza sanitaria, y llegar a concebir en algunos casos su emplazamiento en espacios abiertos. Los concibió para “no- lugares”, esos sitios de usufructo común que no crean sentido de pertenencia en los usuarios o transeúntes; y que, como afirma Noceda, no son “lugares neutrales”. Y no lo son porque en ellos (y por ellos) hay que tomar algún partido.

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