Hacía mucho tiempo no se
repetía el espontáneo y singular fenómeno: la tremenda
comunicación entre el público cubano y las películas
nacionales. Viva Cuba ha consumado otra
vez el milagro, como señal
importante de reanimación productiva
que podrá verificarse a lo largo del
año. Las colas en las puertas de los
cines, la muchachera que repite la
película una, dos y hasta tres veces
seguidas, un filme cubano que
durante semanas se mantiene en la
cima de la preferencia, provocando
polémicas, ganando adeptos y hasta
enemigos.
Un crítico literario venezolano,
residente en París, Gustavo
Guerrero, puso el grito en el cielo
—mejor dicho, en El País—
ante la decisión del jurado del
Premio Internacional de Novela
Rómulo Gallegos. El ataque de este
individuo es un ejemplo elocuente de
cobardía intelectual y orfandad
ética. Resulta que para este crítico
lo que importa no es la novela en sí
misma, sino las inclinaciones
cívicas del novelista, como tampoco
le importa la estatura intelectual
del jurado, sino sus filiaciones
políticas.
Nadie
me ha pedido cuenta de mi
“afiliación política” ni de mi
opinión sobre Cuba, ni antes ni
después de la concesión del Premio.
Excepto Guerrero, que se ha
preguntado por tal afiliación
como un elemento que convertiría en
sospechoso el fallo.
En el
último cuarto de siglo ha tenido
lugar en los EE.UU. una
sistematización creciente de la
utilización de la espiritualidad
religiosa desde las esferas del
poder político, para apuntalar el
proyecto hegemónico imperialista.
Este fenómeno presenta una sintonía
apreciable con la implantación y
evolución del modelo neoliberal y de
sus redes de dominación en América
Latina y el mundo.
Alguna vez Juan Carlos Cremata me
comentó que por su atuendo y forma
de hablar no falta quien cuestione
su cubanía. A esas personas el
director de cine les dice que jamás
se le ocurrió preguntarse si es
cubano o no, porque la cubanía le
viene dentro de su sangre, de su
forma de ser. Y quien lo dude que
vea Viva Cuba, su último
filme en la cual desde el título
hasta el plano final desborda un
amor raigal y total a su tierra.
Desde
la dedicatoria misma, a partir de
sus primeros planos hasta su
elocuente y polisémico final,
Viva Cuba confirma el talento
extraordinario de Juan Carlos
Cremata para conmover, hacer reír,
llenarnos de agua la mirada,
exclamar junto con él, y todo ello
al unísono, valiéndose de poderosa y
cubanísima imaginería.
En
Viva Cuba, y esa es su principal
virtud artística, el conflicto que
los mayores traspasan a los niños,
estos tratan de resolverlo a partir
de unos valores pletóricos de
arraigos y de una sensibilidad tan
poderosa como distante de la
comprensión de sus padres. No pueden
lograrlo, sin embargo, y tal es el
cierre del filme, no a la manera de
un remate clásico de historia, sino
de ventana abierta hacia una luz,
otra que ayude a discernir una
problemática que el director no
pretende dejar resuelta a la manera
de un final radiante.
"¿Cómo no he de crecerme a diario
ante eso, tratando de dedicar a la
memoria de todos los caídos como
víctimas del terrorismo, lo mejor de
lo que hago cada día; intentando
construir y amar, en el bando de los
buenos que defendía Martí; volviendo
a ser el niño feliz que fui junto a
mis felices, únicos y divertidos
padres? Lo que querían los
terroristas era acallarnos,
silenciarnos, opacarnos o
amedrentarnos. Y nosotros, desde lo
mejor que sabemos hacer, ganamos una
vez más la oportunidad de gritar,
una y otra vez en todo el mundo:
Viva Cuba"
Al igual que Miel
para Oshún, de Humberto Solás, y justo en las
antípodas de Guantanamera, el filme de Juan
Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea, Viva Cuba le
reconoce sentido y belleza al viaje
en sí mismo, a la vez que identifica
todo arribo y conclusión como nuevos
puntos de partida; ningún viaje
concluye; el imperativo consiste en
llegar y partir, en interrogar
perennemente a la elusiva línea del
horizonte.
Luan Carlos Cremata, director de la
película Viva Cuba que tuvo su
premier en esta capital, aseguró que
la exhibición del film dentro y
fuera de la Isla le ha dado la
oportunidad de defender el derecho y
el deber de su país de vivir.
La fundación española Cristóbal
Gabarrón acaba de otorgarle el
Premio Internacional de Pensamiento
y Humanidad 2005 a Raúl Rivero. Como
ya es habitual en estos casos, las
agencias y periódicos se han hecho
eco de las razones por la que
el simpático amigo de José María
Aznar es merecedor de tal
reconocimiento: “por su infatigable
lucha a favor de la libertad de
expresión de todo ser humano, que le
ha llevado a convertirse en símbolo
de la misma''.
"Megalómano, extremista,
bandido, hooligan
borracho". ¿Qué tienen
en común estas palabras?
Su destinatario: el primer
ministro italiano, Silvio
Berlusconi.
Connie Mack
Promotor de las transmisiones especiales
de radio y televisión contra Venezuela, al estilo de TV
Martí.
-¿Pero TV Martí no parece
estar funcionando, pues Cuba
bloquea su señal todo el
tiempo?
No todo el tiempo... Es una
crítica común, pero creo que
logramos poner esa señal
dentro de Cuba.
Narrador, poeta y ensayista. Obtuvo
el Premio Nacional de Ensayo Eliseo Diego en 1996.
Ha publicado los libros Un bosque por dentro
(cuento, 1990),
En la casa del hombre (poesía, 1995), Juana,
el talento precoz (ensayo, 1998), Cartas al
padre
(poesía, en edición bilingüe español-árabe, 2000),
entre otros. El presente cuento pertenece a Los
hijos de Adán publicado por la Editorial
Unicornio en 2002.