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La Habana
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Memín Pinguín
provoca un incidente diplomático

Reynaldo González  La Habana


A finales de junio la impresión y venta, en estampilla de correo, de personajes de una ingenua y popularísima serie de comics, Memín Pinguín, puso en tensión a la Casa Blanca y a los gobernantes de México, con sus respectivos órganos de opinión. Algo que del lado de acá del Río Grande se considera parte del folklore y uno de los valores que exaltan la bondad y el respeto desde la llamada industria cultural, del lado de allá fue recibido como un mensaje ofensivo a los afroamericanos. Aunque el debate surgió con todas las trazas de resultar efímero, sirvió para evidenciar viejas diferencias e incomprensiones, no poco de la conocida preponderancia estadounidense (donde hasta la palabra “negro” resulta racista pero enraízan una “cultura” que convierte en aromáticos guetos la vida de algunos sectores poblacionales), más el acecho de intereses que aprovechan cualquier ocasión para ganar puntos en una permanente carrera electoralista.

Antecedentes nada delictivos de Memín Pinguím
En México, la celebridad de la serie Memín Pinguín, alimentada por más de sesenta años de preferencia entre los lectores de historietas, le ha llevado a aparecer en estampillas postales, así como el águila azteca, “siendo animal, se retrató en el dinero”. Su creadora, la escritora Yolanda Vargas Dulché, tuvo como modelo un negrito cubano, de ojos enormes, labios carnosos y orejas prominentes, parecido a muchos niños que conoció en La Habana de los años 30, cuando se desempeñaba como cantante en emisoras radiofónicas. Había llegado a Cuba en un momento peculiar, con la consagración de ritmos de origen africano, la defensa de los ancestros llegados en condición de esclavos, como parte del variado un mosaico cultural cuya exaltación se apreciaba en la asimilación del mestizaje y de la poesía negrista donde reinó Nicolás Guillén (¿por qué te pones tan bravo cuando te dicen negro bembón? / bembón así como eres, tienes de tó).

Yolanda Vargas vio, aprendió y tuvo suerte: llevó a Memín Pinguín a los expendios de periódicos y revistas, convertido en ídolo de niños y adultos. Los hogares mexicanos recibieron con agrado la visita de ese negrito de origen cubano, inocente, bonachón y guarachero, un tanto travieso pero de buenos sentimientos. El nombre del personaje —que en algunos lectores provocará cierto asombro— surgió del “bautizo” que le dio su autora. Era el apodo familiar de su marido, Guillermo, a quien le decían “pingo” (travieso, para los mexicanos), y así quiso verlo, impactada por el color de la piel de muchos cubanos, su sentido del humor y su sensibilidad. (¿Nadie le habló del juguetón y caprichoso Elegguá?)

Según declara Malenick de la Parra Vargas, hijo de la autora, “Memín siempre fomentó la generosidad, la solidaridad, el amor y la amistad entre los lectores”. Fue uno de los más famosos protagonistas de historietas en las décadas de los 60 y 70, al convertirse en hijo de una familia pobre mexicana y salir a la calle a buscarse la vida, sin que por ello desatendiera la escuela ni le faltara el respeto a los mayores, por lo que se convirtió en ejemplo de buena conducta. “Lo bonito de Memín es que no se ha hecho vieja la historia, porque los valores que tiene son universales: la amistad, el amor a la madre, el amor a sus compañeros y el respeto a la autoridad”, agregó Malenick de la Parra. Así lo consideró en 1985 el Ministerio de Educación de Filipinas, al declararlo lectura obligatoria en sus escuelas porque “fomenta en los estudiantes el respeto hacia la familia y las instituciones”.

Los textos de Yolanda Vargas para la serie Memín Pinguín fueron dibujados por el artista Alberto Cabrera en 1943. Aparecieron en la sección “Almas de niños”, de la revista Pepín. En los 70 tomó su imagen actual, lograda por Sixto Valencia: a la gorrita de pelotero y la camiseta de rayas les agregó grandes tenis, para que pudiera escapar a tiempo en sus aventuras, y dos compañeros inseparables, Ma`Linda Eufrosina y el Profesor, complementarios de sus persistentes moralejas. Juntos armaron una iconografía de éxito que ha redondeado sesenta y dos años de vida. La historieta tuvo seis reediciones entre 1961 y 2001. Cuenta la vida cotidiana de un grupo de niños de distintas clases sociales, que comparten las enseñanzas de un excelente maestro para que salgan adelante en la vida.

El reconocimiento popular a Memín Pinguín tiene gran apoyo social, pues se le ve como uno de los elementos estimuladores de la alfabetización en México. Malenick de la Parra, quien preside el Grupo Editorial Vid, recordó que “ese negrito provocó que muchos niños mexicanos aprendieran a leer para compartir sus aventuras”. Por entonces, “los índices de analfabetismo eran muy altos y muchos mexicanos aprendimos a leer tratando de saber qué decía Memín”. “Hizo una gran labor, es un gran personaje, que mantiene valores como la generosidad, la solidaridad, el amor y la amistad, que no deben perderse en México", abundó.

La autora escribió cerca de cuatrocientos episodios de otras historias (“María Isabel”, “Lágrimas y risas”, “Yesenia”), pero pocas le dieron tanta gratificación como la de Memín Pinguín, reeditada en varias ocasiones desde 1986, cuando salió a todo color, traducida y publicada en Irán, Italia, Indonesia, Colombia y Japón. Memín llegó a ser muy popular en México. En algunos carnavales desfilaron carros alegóricos con su figura y en temporada navideña se rompían piñatas en forma de Memín.

Malenick de la Parra confía en que las historietas mexicanas retomarán la fuerza y trascendencia que tuvieron hasta los años 60, cuando fueron arrolladas por la televisión “o porque los mexicanos dejaron de leer”. “De otra forma”, se pregunta, “por qué en 1968 la editorial vendía veinticinco millones de ejemplares de diversas historietas al mes y hoy en día no venden ni cuatro millones al año. Creo que la gente va a retomar el camino de la historieta, de la novela gráfica, que siempre es entretenida, que tiene bonitos valores, que es muy amena.”

El Servicio Postal Mexicano (SEPOMEX) se alió a la Editorial Vid para sacar timbres de Memín Pinguín dentro de la serie “La Caricatura en México”. En una conferencia de prensa en la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), Manelick De la Parra Vargas Y Sixto Valencia Burgos cancelaron (sellaron) una de las cinco estampillas del travieso y orejón negrito. Los nuevos timbres fueron cinco estampillas con los personajes principales de la historieta, Memín, Ma´Linda Eufrosina y el Profesor, en 150 unidades cada una, con un tiraje de 750 mil unidades y 125 mil ejemplares Eran las segundas historietas que editaba la dependencia. Comenzaron con “La Familia Burrón”, en la que aparecía Doña Borola Tacuche en 300 000 estampillas. La finalidad de la serie, que comenzó en agosto del año pasado, es reconocer y rendir homenaje a las historietas y los autores de la caricatura mexicana. Seguirán con otros personajes populares de las historietas mexicanas.

Una bronca “para la galería”
La Casa Blanca expresó su oposición a la serie de sellos de Memín Pinguín con el argumento de que “los estereotipos raciales son ofensivos”. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, explicó que, aunque la emisión de sellos se trata de un asunto interno mexicano, “los estereotipos raciales son ofensivos, no importa cuál sea su origen, y el gobierno de México tiene que tenerlo en cuenta. Imágenes como esa no tienen cabida en el mundo moderno”, agregó McClellan.

Varias organizaciones pro defensa de las libertades civiles han protestado en términos enérgicos por la emisión de esos sellos, que consideran racistas. El consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley, se sumó a las críticas: “Nuestra posición es que no hay lugar para este tipo de cosas. Es totalmente inapropiado y lo hemos dejado claro”, afirmó. La controversia captó la atención de los principales diarios de EE.UU. The Washington Post tituló en primera página: “Dirigentes de los derechos civiles dicen que las estampillas mexicanas son racistas”. “Nueva gaffe racial en México, esta vez una serie de estampillas de mal gusto”, tituló The New York Times un artículo de su corresponsal en Ciudad de México: “El personaje ‘tiene buenas intenciones pero es un desgraciado, y sus maneras y forma de hablar refuerzan los estereotipos de los negros como holgazanes, traviesos y mal educados’.”

El gobierno mexicano alegó que el célebre personaje de Memín Pinguín, un niño de origen cubano, muy pillo, que acaba saliéndose con la suya en las tiras cómicas en que aparece, pero que adora a su madre, no debe interpretarse como un insulto racista, sino como una caricatura producto de su época. Además, afirmó que en México no se interpreta como ofensivo el personaje de dibujos animados Speedy González, un ratón mexicano que comenzó a aparecer en las pantallas de EE.UU. en los años 50.

El asunto resultaba particularmente polémico después de una controversia suscitada en mayo por un resbalón del presidente de México, Vicente Fox, al decir que los inmigrantes indocumentados en EE.UU. están dispuestos a emplearse en trabajos que “ni siquiera los negros quieren hacer”. Aquellas declaraciones lo forzaron a disculparse ante organizaciones civiles protectoras de los derechos de los negros, quienes se sintieron ofendidos. Entre los activistas molestos se encontraba el reverendo Jesse Jackson, quien ahora saltaba nuevamente para reprobar la emisión de los sellos con Memín Pinguín. Consideró el grabadillo como un símbolo segregacionista que refrenda estereotipos contra los afroamericanos, “por lo que México debe detener su emisión”. Según Darryl Fears, articulista de The Washington Post, el reverendo Jackson amenazó con encabezar manifestaciones si el presidente Fox no se disculpaba y retiraba la estampilla de circulación.

The New York Times calificó la emisión de las estampillas mexicanas como un “nuevo tropezón racial” por parte de las autoridades. Las consideró “faltas de tacto”, y agregó que “el gobierno mexicano ha tomado otra acción que demuestra el abismo en sensibilidad racial que existe entre las dos naciones”. The Washington Post, las cadenas de televisión CNN, CBS, NBC y más de una veintena de medios publicaron en sus páginas de Internet y ediciones impresas las reacciones de intelectuales, activistas y funcionarios ante los timbres postales calificados de racistas por mostrar a “un personaje estereotípico con labios anchos y nariz chata”. El Post expresó que “el gobierno mexicano lanzó una serie de estampillas postales —de la época del negro Jim Crow— con la caricatura de Memín Pinguín, un negro con labios y ojos exagerados, causando la molestia de líderes de grupos defensores de los derechos de negros e hispanos por segunda vez en pocas semanas. Marc Morial, director de la National Urban League, se unió a las condenas del reverendo Jesse Jackson y exhortó al presidente George W. Bush y a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a repudiar las estampillas.
La Presidencia de México, por medio del portavoz Rubén Aguilar, afirmó que no planeaba retirar de la circulación la serie de estampillas con Memín Pinguín y que el rechazo estadounidense traducía la incomprensión “del desarrollo cultural (mexicano) y el aporte que hizo esta caricatura en la lucha contra el racismo”. “Respecto a la opinión de Jesse Jackson pensamos que no está informado del papel histórico de esta serie en la cultura mexicana para combatir el racismo.” Enfatizó que esa caricatura, desde su nacimiento “ha promovido los valores familiares y de pluralidad”, y constituye un “aporte a la cultura popular”. Refiriéndose en conjunto a las historietas populares, dijo que “son parte de la tradición cultural de este país y una celebración de la cultura popular mexicana. Me extraña el comentario de no entender esta celebración de la cultura popular nuestra y este tributo que las oficinas de correo rinde a los dibujantes mexicanos”.

Por su parte, el canciller Luis Ernesto Derbez negó que el timbre postal de la caricatura tenga un carácter racista y tachó de ignorantes de la cultura mexicana a quienes creen lo contrario. Afirmó que esa tira cómica “es un símbolo en nuestra cultura” y vio como una falta total de conocimiento de la cultura mexicana que personas ajenas a ella “tomen estos temas y los trasladen a su cultura sin tener ningún respeto por la nuestra”. Calificó la emisión de esos timbres como “un homenaje al personaje” y, “lejos de ser un símbolo racista, representa una visión muy mexicana de la vida”.

El diario El Universal, de México, editorializó el 30 de junio: “Son cíclicas las presiones que ejercen contra el gobierno de México, tanto representantes gubernamentales como grupos sociales de mediana influencia en EE.UU., casi siempre con el fin de beneficiarse con ello en su política interna. En esas aguas tiene que navegar nuestra política exterior.” Calificó el diferendo de “verdaderamente inaudito y hasta jocoso”. A la crítica y a la pretensión de retirada de la emisión postal se refirió como parte de la “ignorancia y desconocimiento de la cultura popular de México, entre la que se encuentra una larga historia de tiras cómicas que reflejan la vida, el habla y el sentir de los mexicanos de diversas épocas”.

Recordó que ese tipo de producción de la cultura popular había servido como “objeto de serios estudios sociológicos para intentar el entendimiento de nuestra sociedad a través de ellas”. Y agregó: “Los críticos estadounidenses ignoran que Memín no es un mero dibujo, sino el reflejo de un niño de color, travieso e hiperactivo, que se abre paso en la sociedad pese a su propia circunstancia de pobreza. Nada más lejos de cualquier discriminación. La indignación que dicen padecer grupos como los del señor Jesse Jackson y la administración del presidente George Bush, habla muy mal del nivel de análisis social y diplomático de quienes dicen luchar contra el racismo.” Y tildó de intento de protagonismo el trasunto de ese tipo de denuncias “desproporcionadas e irreflexivas”, elaboradas “para alcanzar popularidad” y “mostrar una imagen fuerte hacia el exterior”. Concluyó que resulta “elocuente que en lugar de que los supuestos defensores de los derechos humanos en EE.UU. se sumen a la justa causa de evitar que mexicanos sean vejados en territorio estadounidense, se fijen en nimiedades. Prefieren encabezar mediáticas batallas que les dan prestigio personal entre su electorado, que pugnar por que la agenda binacional México-EE.UU. concrete acuerdos que salvarían vidas humanas y coadyuvarían a mejorar las relaciones entre ambas naciones.”

Una polémica con chile es más sabrosa
Algunos escritores mexicanos opinaron del caso (declaraciones hechas a El Universal), para tamizar los conceptos emitidos de ambas partes. Es la opinión del narrador José Agustín: “Es una locura la reacción de EE.UU., pero también a quién se le ocurre hacer esto del sello postal. Si en la Casa Blanca dicen que el Memín es racista porque se difunden estereotipos sobre los negros, resulta que ‘el burro está hablando de orejas’. Nada más hay que ver cómo tratan a nuestros migrantes. Es ‘taparle el ojo al macho’ y cubrir las formas. Lo que pasa es que los gringos andan hipersensibles, no es para tanto. Aunque debo aclarar que Memín no es santo de mi devoción, se me hace un personaje muy cursi, pero es totalmente mexicano y profundamente popular. Memín no es racista, pero refleja el entorno racista, clasista, sexista, machista que existía en México en aquella época. Muy racista. Pero no creo que haya sido un acto deliberado de Yolanda Vargas Dulché. Lo curioso es que nadie se quejó cuando la historieta tuvo su auge, en los años 60, eso fue porque no se percibió dolo en esto.”

Para el escritor Daniel Sada, “Memín Pinguín es una caricatura, no afecta en nada, no puede tomarse como un tema racista. Podría afectar a la comunidad afroamericana si no se explica quién fue Memín Pinguín en México. Este timbre postal es en conmemoración. En los años 60 fue muy famoso en México. A raíz de las declaraciones del presidente Fox se han puesto muy sensibles en EE.UU., por eso la reacción de ahora. Es cuestión de matizar. Hay que cuidar la política, pero no confundirla con la cultura.” El periodista Eduardo Monteverde es más directo: “En México no hay una característica racial como en EE.UU., por tanto, no se le puede considerar símbolo racial a Memín Pinguín, es un personaje inofensivo. En ese caso hasta Mickey Mouse es ofensivo, pues es negro también. El gobierno de EE.UU. es hipócrita y quisquilloso, solo se necesita ver los miles de presos negros e inocentes que hay en sus cárceles para saber quiénes son los racistas.” El dramaturgo Juan José Gurrola evoca heridas mexicanas no cicatrizadas: “Las caricaturas son caricaturas, además Memín Pinguín ni es racista ni es mexicano. Aunque yo pondría mejor en los timbres a los personajes de la historieta Los Supersabios, en especial a Panza porque siempre fue mi favorito, con tal de hacer enojar al gobierno gringo es genial que aparezca un timbre postal así como este.”

El director General de Editorial Vid, Manelik de la Parra, declaró a Crónica que se encuentra sorprendido por la ignorancia que tienen estos grupos acerca del personaje de la historieta. “No se trata de censurar, porque si no qué hacer con los caricaturistas de Speedy González o la forma en que han reflejado al indio mexicano durmiendo siempre bajo un nopal.” En cuanto a si había que continuar con la historieta y la circulación de los timbres, contestó: “Hay que tener cuidado porque estaríamos de nuevo frente a la Inquisición, no hay que censurar porque lo importante es hacer a un lado la ignorancia y comprender qué es cultura. En EE.UU. la ignorancia los lleva a ser intolerantes. Simplemente por desconocer la cultura musulmana se les ha declarado la guerra y eso sí es discriminación”. Entre risas comentó: “Quizás los mexicanos deberíamos mandar cartas a la Casa Blanca con los timbres de Memín para acercar el personaje a la cultura norteamericana. No es discriminación, es cultura.”

A río revuelto, ganancia de Memín Pinguín

Especialistas mexicanos negaron que Memín tenga un significado racista. “Este personaje se convierte en un estereotipo racial que para los mexicanos nunca ha significado un tratamiento racista”, afirmó Jesús Elizondo, profesor de Semiótica en la Universidad Iberoamericana. La cercanía del “comentario desafortunado” del presidente Vicente Fox de que en EE.UU. los mexicanos hacen los trabajos que ni los negros quieren hacer, propició dos interpretaciones: la política y la cultural, consideró Vicente Castellanos, coordinador del Centro de Estudios de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ambos investigadores coincidieron en que en México la figura de Memín tiene un sentido irónico y en EE.UU. adquiere un toque político.

Las oficinas de correo en el Distrito Federal han tenido un incremento de la afluencia para adquirir los timbres. Desde la puesta en venta llegaron a comprarlos filatelistas, personas cuya atención ha sido llamada por la controversia generada y gente sin ningún otro interés más que pegarlos en sobres para el envío de correo, una bomba de tiempo por el intenso intercambio de correspondencia con la numerosa población mexicana residente en EE.UU.

A solo unas horas de comercializarla, la serie de cinco estampillas emitidas a un precio 32.50 pesos mexicanos (6.50 por timbre), fue cotizada en el sitio web Ebay a 147 dólares, aproximadamente 1 586 pesos. La controversia generada por la emisión provocó que el precio del timbre se disparara en el mercado filatélico internacional. “Es una locura temporal”, dijo Fernando Pérez Maldonado, especialista en filatelia mexicana, miembro de la México Elmhurst Philatelic Society International (MEPSI). “Es un asunto político", precisó al pronosticar que el precio del timbre no se mantendría alto porque la controversia pasaría y no ocurriría lo que con otros, que alcanzaron altas cotizaciones por errores de impresión o por escaso tiraje. Pero ya estaba recibiendo pedidos de coleccionistas de EE.UU. para que les comprara la estampilla, aunque no terminaba de distribuirse en México. Pérez dijo que funcionarios del Servicio Postal le aseguraron que las estampillas serían distribuidas equitativamente, y confió en que a pesar de la controversia los servidores públicos a cargo de su venta no especularían.

Por el momento, y precisamente porque tropezó con intereses opuestos —nada publicita más que la inquina o la prohibición—, Memín Pinguín vivirá una nueva racha de éxito. Se piensa en una adaptación de sus aventuras a serial televisivo. Trazan planes para comercializar el personaje por vías que antes no conoció, como lanzarlo en muñeco (¿será un icono negro más racista que la blanquísima Barby?), en juegos y en todo lo que hoy arma la industria paralela al entretenimiento audiovisual. Este revival se integra al propósito de enaltecer el trabajo de los creadores mexicanos de historietas y, por supuesto, conducirá inesperadas ganancias a las cuentas bancarias de algunos, por la omnipresencia del dinero donde todo es comercio.

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