Año IV
La Habana
Semana 14-20 de MAYO
de 2005

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¡Cuba, sí!, afirman los integrantes de Audioslave
Guille Vilar La Habana
Fotos: Iván Soca


Que la  actuación en Cuba de Audioslave, reconocida agrupación norteamericana de rock, haya determinado la creación de más de 349 mil sitios web sobre el tema, semejante cifra  representa el especial significado de dicha visita tanto para nuestro país como para la propia banda. 

Quizás los antecedentes de este concierto tienen lugar en el Havana Jam de 1978, encuentro de músicos norteamericanos y cubanos en el escenario del Teatro Karl Marx con la participación de las más diversas tendencias de la música contemporánea como el  pop rock de Billy Joel, las baladas de Rita Coolidge o la experimental fusión de una agrupación fuera de serie como Weather Report. Curiosamente, después de casi 10 años, también en este mismo escenario, se presenta el espectáculo Music Bridges, en donde figuras como Joan Osborne, Bonnie Raitt y Peter Frampton  se unen a músicos cubanos, pero en esta ocasión para componer canciones en conjunto e interpretarlas en un concierto. 

También nuestro público ha disfrutado de la  actuación de populares  conjuntos británicos en Europa como Manic Street Preachers, Asian Dub Foundation y recientemente el  tecladista  Rick Wakeman, destacado cultor del rock progresivo quien se presentó con su grupo N.E.R.E tanto en el Teatro Karl Marx como en la Tribuna Antimperialista José Martí, esta última plaza en donde también se presentaría a solo días de la partida de Wakeman, la agrupación Audioslave.  Por lo tanto,  de acuerdo con este breve resumen, Audioslave se convierte en la primera agrupación norteamericana de rock que actúa en un escenario de nuestro país al aire libre, en particular en un lugar  tan especial  para los cubanos como la Tribuna. 

Invitado por el Instituto Cubano de la Música, Audioslave no tuvo una adecuada difusión previa a su actuación porque aunque autorizado por el Departamento del Tesoro de los EE.UU., la propia agrupación solicitó mantener discreción en torno a dicha visita hasta  prácticamente a solo minutos de aterrizar en La Habana y evitar así posibles contratiempos con los sectores más reaccionarios en la vecina nación norteña.

Sin embargo, los admiradores cubanos de Audioslave siempre estuvieron al tanto de su esperado concierto en la noche del 6 de mayo al lado del Malecón habanero. 

Dada la cercanía geográfica entre Cuba y los EE.UU., el intercambio cultural ha sido históricamente muy intenso. Baste señalar la  presencia en Norteamérica de Chano Pozo, famoso percusionista cubano que introduce el empleo de las tumbadoras en el jazz al formar parte de la banda de Dizzy Gillespie en los años 40 del pasado siglo como al mismo tiempo uno de los iconos de nuestra música bailable, Benny Moré  logra recrear una sonoridad cubanísima a partir del formato jazz band de su orquesta. 

En tal sentido, mucho antes de la Internet y de los satélites, en Cuba los interesados en conocer del rock anglosajón han podido estar al tanto de su evolución por distintos medios. Si en los 60, emisoras locales de la Florida captadas en nuestro país nos permitían una actualización inmediata sobre el tema, en tiempos más cercanos,  programas de la Televisión cubana como Perspectiva y A Capella mantienen al cubano informado desde Björk hasta Radiohead  como desde Chuck Berry hasta Soundgarden y Rage Against The Machine, agrupaciones de las cuales nuestros televidentes recuerdan videos,   en particular aquel de R.A.T.M en homenaje al destacado luchador por los derechos civiles de los indígenas norteamericanos, Leonard Peltier, injustamente condenado a dos cadenas perpetuas. Asimismo, ese otro video muy ilustrativo acerca de la explotación que representa el monopolio financiero Wall Street  para los pueblos del mundo, temáticas que no fueron tratadas con ellos durante esta visita para evitarles cualquier problema a su regreso. Y es que justamente de Soundgarden y de R.A.T.M es que provienen Chris Cornell, Tim Commerford, Brad Wilk y Tom Morello, los integrantes de Audioslave, razones de peso para comprender la gran expectativa del público cubano ante dicho concierto. Incluso, cuando la prensa cubana publica la noticia sobre este acontecimiento, hay quienes emocionados, se resisten dar crédito a semejante privilegio. 

Pero a la vez, desde los primeros momentos que Cornell, Commerford, Wilk y Morello se encuentran ya entre nosotros, cada paso para ellos implica un conjunto de interrogantes de las cuales no tenían ni la más mínima idea sobre situaciones correlativas a  la sociedad cubana contemporánea. 

Si impactante para la agrupación resulta el recorrido por la histórica Plaza de la Revolución, sede donde han tenido lugar hecho trascendentales de estos tiempos, conocer  de una estatua de John Lennon en La Habana es absolutamente impredecible y mucho más con los versos de “Imagine” plasmados a sus pies: “Podrás decir que soy un soñador, pero sé que no soy el único”. Es en este acogedor parque capitalino donde unos fans al identificarlos,  les aseguran  que el concierto va a ser todo un éxito. 

Durante la entrevista al grupo en el programa Juventud 2000 de Radio Progreso, se les asegura desde un criterio profesional que los cubanos conocemos acerca de rock y que por tal motivo dicha actuación hará historia entre los seguidores del género. Otro tanto les reiteran los jóvenes estudiantes de música del Instituto Superior de Arte, en donde  se les recibe como talentosos amigos, incapaces de ocultar la admiración que sienten por este prestigioso centro educacional cubano al expresar Morello que “esta es la mejor utilización que se le pudiera dar en su país a un country-club”. 

Los sentimientos de hermandad que afloran en cada nuevo contacto, asumen formas y colores cuando Audioslave visita en el lobby del Teatro Karl Marx , la exposición permanente Homenaje al 4 de Julio,  a cargo de pintores consagrados como Roberto Fabelo, Nelson Domínguez y Eduardo Roca (Choco) a la par de jóvenes valores como Lí Domínguez y Sándor González entre otros.  Después de tales muestras de admiración y de respeto,  entre muchos más aplausos que los habituales durante  una conferencia de prensa,  es obvio que la banda anunciara su deseo de hacer en esta oportunidad el concierto más largo y el mejor en  toda la trayectoria de Audioslave. Y así fue. 

Desde que a mediados de los años 60, las casas discográficas descubrieron que el negocio de la música rock podía dar mucho dinero, las campañas de marketing son cada vez más sofisticadas en donde se invierten sumas millonarias para la promoción de los artistas y por lo tanto en un marco donde todo es exaltado hasta su máxima expresión, las críticas tienden a comentar acerca del trabajo realizado por súper músicos, mientras que, por otro lado, se intenta presentar como válido el trabajo de agrupaciones tan comerciales que desde los primeros acordes ya uno sabe en cuál momento aparece el solo de guitarra e incluso hasta se puede predecir el esquemático diseño del mismo. Por supuesto, en el caso de Audioslave estamos hablando acerca de figuras cuyo trabajo está respaldado por la calidad de una sólida obra, pero la hora de la verdad, mucho antes del magnifico espectáculo que sin duda será la edición del DVD filmado con más de 10 cámaras, continúa siendo el  momento mágico del concierto, la presencia del músico en vivo en el escenario. 

En aquella inolvidable noche habanera, tenía ante mí a cuatro magníficas personas matizadas por la sencillez que acompaña al ingenio, empeñadas en mostrarnos sus condiciones de músicos excepcionales en el contexto del rock actual. Aquí una vez más se cumplió aquella condición imprescindible de los músicos verdaderos que es la de reflejar las raíces de la tierra que los vio nacer.  Si para el público norteamericano, las distintas personalidades que conforman el galardonado proyecto del Buena Vista Social Club, representan lo máximo en  la música tradicional cubana, desde la primera canción interpretada en la Tribuna, el sonido Audioslave  nos revela el indiscutible origen de donde proceden por la rica herencia patrimonial del pueblo al que pertenecen. Sus deudas con planteamientos conceptuales de Zeppelin  y de Purple saltan a la vista, pero aquello que los engrandece sin proponérselo, es que en cada acorde, en cada dejo de la voz, permanece esa señal de  autenticidad que distingue a  la diversidad cultural de esa nación americana. Por tal motivo, los mejores músicos cubanos de rock no son aquellos que intentan imitar a los norteamericanos sino los que a partir de los patrones establecidos aportan lo que llevan en la sangre para convocar un resultado singular como lo demostró el compositor y cantante X Alfonso quien acompañado por Síntesis y otros músicos fue el telonero de este evento. 

Como se afirma, Audioslave es un poderoso tren que avanza gracias a la potencia del baterista Brad Wilk apoyado por esa continua  fuente de energía que es el bajista Tim Commerford  para permitir que la voz y la guitarra puedan desarrollar los pasajes de mayor expresividad del conjunto sonoro. Contar con un extraordinario cantante como Chris Cornell, quien figura no solo junto a Eddie Vedder y Kurt Cobain entre  las mejores voces del rock alternativo, sino que constituye uno de los nombres obligados en la historia del rock, es un verdadero privilegio. Es tal el dominio de sus capacidades vocales que de acuerdo al clímax de cada pieza, parece como si Audioslave cuenta con más de un inspirado vocalista quien por instantes nos pudiera hacer rememorar al estilo de Morrison o incluso al de Ozzy, pero que en definitiva impone orgulloso su personalísimo sello a lo largo de todo el concierto, ya sea en sugerentes baladas o en intensas piezas de un rock muy vital. 

En tal sentido, otros que se hacen llamar músicos, han cedido a las presiones del mercado en función de tocar una uniforme y monótona sonoridad todo lo contestataria e irreverente que quiera  un público, conformado en su mayor parte, por inquietos adolescentes.  

Justamente, una de las razones que explican el éxito de Audioslave, se debe a que como artistas comprometidos honestamente con su profesión, el rango estilístico de esta agrupación es sumamente abierto, abarcador.  Para descifrar esta voluntad creadora, se puede partir del desempeño de su guitarrista, Tom Morello. 

Quien aspira encontrar en Audioslave el escándalo por el escándalo, va a salir desilusionado porque no existe ningún temor a recrear clásicos entornos sonoros del rock en donde el buen gusto del imaginativo guitarrista, aporta continuamente nuevos timbres, al hacer como pocos, el mejor uso de los avances de la tecnología a disposición de estos instrumentistas. Y no es que Morello  sea incapaz de mostrar su agilidad en una agresiva y fluida digitación, sino que se le debe agradecer ese intento por romper con los moldes anquilosados del solo de la guitarra en el rock, en momentos donde uno está a punto de creer  que nada nuevo es posible. 

Que piezas del repertorio de Audioslave como “Like a stone” al igual que muchas otras, fueran coreadas por los jóvenes allí reunidos, agradó sorpresivamente a estos músicos quienes a su vez reconocieron el placer del público cubano por disfrutar con la mayor atención los detalles de cada canción, al contrario de otros escenarios donde la indisciplina social impide el mejor desenvolvimiento del concierto. Entonces, cómo no entender que los integrantes de Audioslave hayan partido de nuestro país hacia México, entusiasmados por los magníficos resultados alcanzados, con la promesa de regresar  para ampliar los contactos establecidos en busca de mayores emociones. Realmente, esta satisfacción patente no solo en los músicos de Audioslave sino también en el rostro de los 70 mil cubanos que colmaron la Tribuna Antimperialista José Martí, convirtió al encuentro musical en una imponente declaración política a favor de la paz y la amistad entre los pueblos de Cuba y de los EE.UU.

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