Año III
La Habana
2005

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El tren hacia la dicha de Morales
Omar Valiño La Habana
Foto:
Pepe Murrieta


El conjunto de la obra de Amado del Pino sigue disfrutando de una atención privilegiada por parte del teatro vivo cubano. Como ya dije aquí el año pasado a propósito del estreno de Penumbra en el noveno cuarto por un equipo bajo la dirección de Osvaldo Doimeadiós (puesta galardonada con el Premio Villanueva de la Crítica 2004), su dramaturgia tendría el mérito de “verse” casi al mismo tiempo sobre los escenarios. Así también ha ocurrido con El zapato sucio, por Julio César Ramírez con Teatro D’Dos (ahora repuesto en su temporada por los quince años del grupo), y con Triángulo, por Alejandro Palomino con Vi-tal Teatro. La “visión” la ha completado Mario Morales al asumir con Teatreros de Orilé Tren hacia la dicha.
 

Si tuviéramos cercana la lectura del texto, palparíamos que Morales respeta la letra propuesta por Del Pino en esta su primera obra de teatro conocida, escrita en el segundo lustro de los 80 y publicada por Letras Cubanas en la Colección Pinos Nuevos en 1994, pero no, digámoslo así, su espíritu. Morales introduce dos variaciones fundamentales en la lectura del texto: impera un carácter más bien sombrío frente a la alegría dubitativa expuesta por el autor, y convierte el cubículo del tren, naturalista en ocasiones, simbólico en otras, en un espacio “ritualizante”, más consecuente con su sostenido modo de practicar el teatro que con la estética de Amado del Pino.

De tal confrontación nace, sin embargo, un espectáculo atendible, dada su limpieza, su utilización del espacio, su ejecución en escena, su productiva banda sonora, el desempeño del colectivo de actores (no siempre parejo entre todos ni lineal en cada caso), y el objetivo que el espectador especializado advierte, pero cuyo reto general radica en seguir profundizando: por un lado esa lectura alterativa del original y por otro los medios a través de los cuales se persigue. Para que, en definitiva, Tren hacia la dicha sea más en la marcha de Mario Morales.

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