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En nuestro bregar vertiginoso, la conmemoración de los
90 años de una personalidad puede parecer para muchos,
una vida distante y pasada, sin embargo, cuando se trata
de una Maestra que ha legado a colegas y discípulos sus
saberes creativos a pesar de los años transcurridos, la
cercanía de su ideario y proyección pedagógica-musical
adquiere una especial dimensión.
Carmen Valdés
Sicardó (1915-1987) —de quien se trata— fue una
maestra emblemática en la historia de nuestra
Pedagogía Musical. Su gran pasión fue la enseñanza a
la que entregó por completo sus más fructíferos
años.
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Carmen Valdés
con profesores y alumnos de la ENA |
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Si quisiéramos
caracterizar a la Maestra, pudiéramos definirla de
manera concreta, como una personalidad creativa,
apasionada, dinámica y desenfadada en cada uno de los
proyectos docentes y culturales que emprendió. De una
inteligencia sagaz, inquisitiva y retadora, cuestionaba,
polemizaba y enseñaba a reflexionar a sus discípulos,
colegas y a todo aquel interesado en dialogar acerca del
acontecer musical y pedagógico del momento. Su casa fue
prolongación de la ENA y del Conservatorio Amadeo
Roldán. Y no solo recibió a los músicos, sino también a
periodistas, pintores y otros artistas, subyugados por
el diálogo y la polémica.
Su formación musical
bajo la dirección de su tía la Maestra Ramona Sicardó,
quien fuera notable pianista y profesora y
posteriormente sus estudios en el Conservatorio
Municipal de La Habana, le permitieron ampliar sus
conocimientos musicales, junto a su esmerada dedicación
profesional y espíritu investigativo, lo que complementó
con su formación pedagógica, adquirida en la Escuela
Normal de Maestros de La Habana y con su estudio
permanente. Esta formación profesional le permitió
ejercer el doble rol de músico y pedagoga.
Diversos fueron los
espacios académicos en los que desarrolló su quehacer
docente, desde la Escuela Técnica “Rosalía Abreu” en
que iniciara en 1933 su profesión como maestra de
Música, bajo la dirección de la Dra. Dulce María
Escalona, hasta su accionar como miembro del Consejo de
Dirección del Conservatorio Municipal de la Habana
durante los primeros años de la Revolución, bajo la
acción directiva del Maestro Isaac Nicola, junto a la
preparación musical de los primeros profesores de Música
para la Secundaria Básica, pertenecientes al denominado
Plan Fidel.
La fundación y
organización de la Escuela Nacional de Música (ENA)
—junto a otros colegas, como los maestros María
Antonieta Henríquez, José Ardévol y Nilo Rodríguez— fue
una tarea especial a la que dedicó todos sus empeños
desde 1962 hasta 1970, en la que realizó una notable
labor creativa y reformadora de la enseñanza musical
como subdirectora y profesora de Apreciación Musical.
Sus principales
aportes a la enseñanza musical fueron la introducción de
la Práctica de Conjunto, especialmente con la ejecución
de recorders (aplicación del método Orff), la
estimulación de la creatividad de sus estudiantes y los
conciertos didácticos, tanto los ofrecidos por
intérpretes cubanos y extranjeros de paso por el país,
como los que se organizaban con los estudiantes de la
Escuela Nacional de Música en distintos escenarios de la
capital y del país en general. La práctica viva de la
Música fue para la maestra un principio cardinal.
Fue una de las
precursoras en la introducción de la música
contemporánea universal, latinoamericana y cubana en la
enseñanza, tanto de forma analítica como práctica.
Muestra de ello fueron sus clases de Historia de la
Música en la ENA y el Conservatorio Amadeo Roldán y su
textos Música dirigido a la formación de maestros
primarios y Cinco músicos latinoamericanos y
Solfeo Cubano, este último elaborado en la década
del 50 del pasado siglo, conjuntamente con la Maestra
Onelia Cabrera Lomo.
Su pasión por el
canto coral —se infiere que adquirida desde su
participación como miembro de la Sociedad Coral de La
Habana— se concretó en la formación de los coros
infantiles del Palacio de Pioneros —antiguo Centro
Asturiano— en el año 1961 y del Coro Infantil de la
Biblioteca Nacional “José Martí” en la propia década
del 60.
En esta misma época
apareció el disco Canten los pueblos, canten los
niños en el que Leo Brouwer realizara los arreglos
musicales y dirección orquestal de las canciones y
juegos tradicionales cubanos interpretados por el
referido coro infantil de la biblioteca. Fue la
principal promotora de los coros de la ENA dirigidos en
sus primeros años por el maestro guatemalteco Oscar
Vargas. Concibió al canto, como el eje central de la
Educación Musical, coincidiendo con los principios del
método Kodály, que conocía con profundidad. Dominó los
principales métodos de la Educación Musical e introdujo
en su práctica pedagógica, el conocimiento de los
mismos.
Antes del Triunfo de
la Revolución, en la década del 50 del pasado siglo,
concibió junto con la Maestra Onelia Cabrera Lomo
diferentes proyectos como el Instituto de Orientación
Musical, que ofrecía variados materiales valioso a
maestros de Música, además de los textos Ya soy
pianista, Solfeo Cubano I y II, entre otros
materiales didácticos de suma actualidad y actualización
para la formación musical en los niveles iniciales.
Una vez jubilada en
1977, elaboró en coordinación con la Dirección de
Formación de Personal Pedagógico del MINED,
especialmente para la formación de maestros primarios,
el texto Música —que años más tarde sirvió de
base para el libro La Música que nos rodea,
dirigido al público en general y Metodología de la
Enseñanza de la Música en coautoría con la autora de
estas líneas y la maestra Georgia Guerra. En estos
textos de gran vigencia y actualidad puso de manifiesto
toda su experiencia técnica y metodológica acumulada.
Su desaparición
física hace dieciocho años, no ha obstaculizado la
vigencia de su ideario, cuyo principio fundamental parte
de la libertad y la creatividad en el quehacer
docente-musical, lo que hace recordar lo afirmado por el
Maestro Enrique José Varona acerca de la práctica
pedagógica de excelencia, al referirse que:
“Dos condiciones son
requisito indispensable en la enseñanza: libertad en el
que enseña para que pueda despertar interés en el que
aprende”
Esa libertad, la
conquistó totalmente la maestra Carmen Valdés Sicardó,
que supo despertar un interés permanente en todos
nosotros, sus discípulos y en todas aquellas personas
que compartieron su intenso y creativo quehacer
pedagógico.
Palabras pronunciadas en el Homenaje del
Museo Nacional de la Música a la maestra Carmen Valdés
Sicardó, el 20 de abril de 2005. |