Año III
La Habana
Semana 30 de ABRIL
- 6 de MAYO
de 2005

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“Los 90 años de la Carmen Valdés
que yo conocí…”

Dolores Rodríguez Cordero La Habana


En nuestro bregar vertiginoso, la conmemoración de los 90 años de una personalidad  puede parecer para muchos, una vida distante y pasada, sin embargo, cuando se trata de una Maestra que ha legado a colegas y discípulos sus saberes creativos a pesar de los años transcurridos, la cercanía de su ideario y proyección pedagógica-musical adquiere una especial dimensión.

Carmen Valdés Sicardó (1915-1987) —de quien se trata— fue una maestra emblemática en la historia de nuestra Pedagogía Musical. Su gran pasión fue la enseñanza a la que entregó por completo sus más fructíferos años.

Carmen Valdés con profesores y alumnos de la ENA

Si quisiéramos caracterizar a la Maestra, pudiéramos definirla de manera concreta, como una personalidad creativa, apasionada, dinámica y desenfadada en cada uno de los proyectos docentes y culturales que emprendió. De una inteligencia sagaz, inquisitiva y retadora, cuestionaba, polemizaba y enseñaba a reflexionar a sus discípulos, colegas y a todo aquel interesado en dialogar acerca del acontecer musical y pedagógico del momento. Su casa fue prolongación de la ENA y del Conservatorio Amadeo Roldán. Y no solo recibió a los músicos, sino también a periodistas, pintores y otros artistas, subyugados por el diálogo y la polémica.

Su formación musical bajo la dirección de su tía la Maestra Ramona Sicardó, quien fuera notable pianista y profesora y posteriormente sus estudios en el Conservatorio Municipal de La Habana, le permitieron ampliar sus conocimientos musicales, junto a su esmerada dedicación profesional y espíritu investigativo, lo que complementó con su formación pedagógica, adquirida en la Escuela Normal de Maestros de La Habana y con su estudio permanente. Esta formación profesional le permitió ejercer el doble rol de músico y pedagoga.

Diversos fueron los espacios académicos en los que desarrolló su quehacer docente, desde la Escuela Técnica  “Rosalía Abreu” en que iniciara en 1933 su profesión como maestra de Música, bajo la dirección de la Dra. Dulce María Escalona, hasta su accionar como miembro del Consejo de Dirección del Conservatorio Municipal de la Habana durante los primeros años de la Revolución, bajo la acción directiva del Maestro Isaac Nicola, junto a la preparación musical de los primeros profesores de Música para la Secundaria Básica, pertenecientes al denominado Plan Fidel.

La fundación y organización de la Escuela Nacional de Música (ENA) —junto a otros colegas, como los maestros María Antonieta Henríquez, José Ardévol y Nilo Rodríguez— fue una tarea especial a la que dedicó todos sus empeños desde 1962 hasta 1970, en la que realizó una notable labor creativa y reformadora de la enseñanza musical como subdirectora y profesora de Apreciación Musical.

Sus principales aportes a la enseñanza musical fueron la introducción de la Práctica de Conjunto, especialmente con la ejecución de recorders (aplicación del método Orff), la estimulación de la creatividad de sus estudiantes y los conciertos didácticos, tanto los ofrecidos por intérpretes cubanos y extranjeros de paso por el país, como los que se organizaban con los estudiantes de la Escuela Nacional de Música en distintos escenarios de la capital y del país en general. La práctica viva de la Música fue para la maestra un principio cardinal.

Fue una de las precursoras en la introducción de la música contemporánea universal, latinoamericana y cubana en la enseñanza, tanto de forma analítica  como práctica. Muestra de ello fueron sus clases de Historia de la Música en la ENA y el Conservatorio Amadeo Roldán y su textos Música dirigido a la formación de maestros primarios y Cinco músicos latinoamericanos y Solfeo Cubano, este último elaborado en la década del 50 del pasado siglo, conjuntamente con la Maestra Onelia Cabrera Lomo.

Su pasión por el canto coral —se infiere que adquirida desde su participación como miembro de la Sociedad Coral de La Habana— se concretó en la formación de los coros infantiles del Palacio de Pioneros —antiguo Centro Asturiano— en el año 1961 y del Coro Infantil de la Biblioteca Nacional “José Martí” en  la propia década del 60.

En esta misma época apareció el disco Canten los pueblos,  canten los niños en el que Leo Brouwer realizara los arreglos musicales y dirección orquestal de las canciones y juegos tradicionales cubanos interpretados por el referido coro infantil de la biblioteca. Fue la principal promotora de los coros de la ENA dirigidos en sus primeros años por el maestro guatemalteco Oscar Vargas. Concibió al canto, como el eje central de la Educación Musical, coincidiendo con los principios del método Kodály,  que conocía con profundidad. Dominó los principales métodos de la Educación Musical e introdujo en su práctica pedagógica, el conocimiento de los mismos.

Antes del Triunfo de la Revolución, en la década del 50 del pasado siglo, concibió junto con la Maestra Onelia Cabrera Lomo diferentes proyectos como el Instituto de Orientación Musical, que ofrecía variados materiales valioso a maestros de Música, además de los textos Ya soy pianista, Solfeo Cubano I y II, entre otros materiales didácticos de suma actualidad y actualización para la formación musical en los niveles iniciales.

Una vez jubilada en 1977, elaboró en coordinación con la Dirección de Formación de Personal Pedagógico del MINED, especialmente para la formación de maestros primarios, el texto Música —que años más tarde sirvió de base para el libro La Música que nos rodea, dirigido al público en general y Metodología de la Enseñanza de la Música en coautoría con la autora de estas líneas y la maestra Georgia Guerra. En estos textos de gran vigencia y actualidad puso de manifiesto toda su experiencia técnica y metodológica acumulada.

Su desaparición física hace dieciocho años, no ha obstaculizado la vigencia de su ideario, cuyo principio fundamental parte de la libertad y la creatividad en el quehacer docente-musical, lo que hace recordar lo afirmado por el Maestro Enrique José Varona acerca de la práctica pedagógica de excelencia, al referirse que:

“Dos condiciones son requisito indispensable en la enseñanza: libertad en el que enseña para que pueda despertar interés en el que aprende”

Esa libertad, la conquistó totalmente la maestra Carmen Valdés Sicardó, que supo despertar un interés permanente en todos nosotros, sus discípulos y en todas aquellas personas que compartieron su intenso y creativo quehacer pedagógico.

Palabras pronunciadas en el Homenaje del Museo Nacional de la Música a la maestra Carmen Valdés Sicardó, el 20 de abril de 2005.

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