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Pesa cien
quilos y nació el día de la liberación de Roma, el 25 de
abril, pero de 1944, en la muy fiel y reconquistadora
ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, República
Oriental del Uruguay. Lleva media vida en España, unos
veinte años en Barcelona y otros tantos en Madrid. Desde
siempre ha estado dedicado a la canción, aunque reconoce
que nació "artísticamente" en 1967 cuando se celebró en
Cuba el Festival de la Canción Protesta. Entonces tuvo
la inmensa suerte de compartir con grandes creadores
como Carlos Puebla, Marta Jean Claude, Aníbal Sampayo.
Desde entonces se dedica a cantar porque como él mismo
dice "mi canto sirve a la lucha." Su nombre: Quintín
Cabrera. Ahora está en La Habana como participante en el
IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA,
invitado por Canto de todos, proyecto dirigido por el
trovador Vicente Feliú.
¿De la música,
qué prefieres?
Todo o casi todo. Escribo las letras de mis canciones,
les pongo música, las canto y luego vendo los discos.
¿Qué te mueve a
participar en este IV Encuentro de Lucha contra el ALCA?
El
ALCA es un arma más que tiene el imperialismo para
imponerse sobre los pueblos. Todo resquicio que podamos
encontrar para luchar contra ese proyecto es bueno, y
esa lucha es fundamental en los países de América Latina
porque se trata de la expresión última del imperio,
después de eso, lo que falta es que nos quiten el idioma
—ya están haciendo los intentos— y digan: bueno, a
partir de ahora todos somos yanquis.
¿Qué peligros les
impone este proyecto de dominación a los creadores, a
los músicos, a los artistas y en general a la cultura?
Es
muy curioso porque la cultura imperialista está hoy en
día en todas partes; sin embargo, el único país del
mundo donde no existe un Ministerio de Cultura es el que
está imponiendo su cultura a los demás. EE.UU. está
exportando su modo de ser, de vivir. ¿De qué manera?
Mediante la ropa, la comida, el cine, la televisión,
Internet, la música y una cantidad de elementos que los
medios le van incorporando a la gente en todo el mundo.
De modo que todo lo que es yanqui o se le parece es
bueno, lo otro es pura chatarra. La gente está perdiendo
su sentido de ser y pensar propios, su identidad,
incluso en sociedades como la cubana, uno ve que la
gente se pone una gorra como se la ponen los yanquis o
se mueren por una zapatilla... Ya lo hicieron los
romanos en su tiempo y esto es lo mismo, pero en un
grado más intenso y global.
¿Qué haces en España?
Trabajo mucho con todos los movimientos de solidaridad.
Soy muy activo con el movimiento de solidaridad con
Cuba, el movimiento contra la guerra, de apoyo a Iraq, a
los refugiados de Sahara. Claro, no es algo nuevo, lo
hago desde hace muchos años...
Estuviste en el
Homenaje que se hizo en España en 1996 a las Brigadas
Internacionales que combatieron al fascismo, ¿qué
recuerdos guardas de aquel momento?
No
podía ser ajeno a una de las experiencias más
entrañables y románticas que se produjeron en el siglo
XX que fue el movimiento de los brigadistas
internacionales, entre los cuales hubo algunos cubanos.
Esos hombres y mujeres que participaron en la Guerra
Civil española son el embrión de lo que sería luego
Cuba: el país más solidario del mundo en siglos. Ahora
vengo de cantar en los campamentos de refugiados
saharauis del Tindug, en Argelia, donde se encuentran
doscientos mil hombres y mujeres en unas condiciones
horrorosas de pobreza, no tienen agua, no tienen luz, y
la gran mayoría de los médicos, maestros, veterinarios
que vi en aquellos campamentos, estudiaron en Cuba. Por
eso creo que el embrión de la solidaridad que hoy da la
Revolución hay que buscarlo en aquellos brigadistas
internacionales que fueron a combatir en España. Una de
las cosas más maravillosas que guardo en mi memoria de
aquel homenaje del 96 es que cuando se termina el acto,
los cantantes que habíamos participado, invitamos a los
viejecitos a que subieran a cantar con nosotros. ¿Y qué
cantaron? Nada menos que “La Internacional”, solo que en
todos las lenguas posibles. Había chipriotas, italianos,
rusos, alemanes, ingleses, cubanos, franceses... Algo
muy bonito.
¿Como músico, como
creador qué es lo que más te inquieta de este mundo
globalizado y amenazado?
Lo
más alarmante es que van a destruir el planeta. Es
evidente que el imperialismo con tal de amasar fortuna,
de ganar dinero está acabando con la biodiversidad, con
los pueblos, con la cultura de esos pueblos. Y eso es
tremendamente terrible.
En este sentido, ¿qué
pueden hacer los artistas, los creadores?
Denunciar, participar. No se trata de dar consejos o
dictar recetas. Mis amigos y yo lo que hacemos es
militar. De manera, que si un economista paramilitar
escribe un libro denunciando las tropelías del
capitalismo, yo como cantante, como músico pongo mi
talento y mis canciones al servicio de esa lucha. Yo
estoy donde me necesitan. Vengo justamente de cantar en
Granada, que fue algo muy bonito porque el concierto
simultaneó con una exposición del pintor Vázquez de
Sola, lo que demuestra que podemos combinar diferentes
manifestaciones artísticas, mezclar poesía con música,
con teatro, con pintura.
¿Reconoces alguna
influencia de la música o los músicos cubanos en tus
canciones?
Cuba es uno de los países que ha producido y lo sigue
haciendo una música de las más potentes a nivel mundial.
Y luego, los grandes músicos cubanos siempre han bebido
del folclore, desde los pianistas del siglo XIX hasta
los compositores de hoy en día. Por eso la música tiene
un indiscutible sello de calidad y de originalidad. Me
gusta escuchar música de Cervantes; pero es evidente que
quien más me ha influido es Carlos Puebla. Él ha sido mi
maestro en muchas cosas. De la misma manera que los
fundadores de la Nueva Trova han influido en cantantes y
compositores de todo el mundo, los jóvenes también lo
están haciendo. Yo me declaro hijo de Carlos Puebla y no
tengo ningún problema en reconocerlo.
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