Año III
La Habana
Semana 30 de ABRIL
- 6 de MAYO
de 2005

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Quintín Cabrera, el hijo de Carlos Puebla
Idania Trujillo de la Paz La Habana


Pesa cien quilos y nació el día de la liberación de Roma, el 25 de abril, pero de 1944, en la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, República Oriental del Uruguay. Lleva media vida en España, unos veinte años en Barcelona y otros tantos en Madrid. Desde siempre ha estado dedicado a la canción, aunque reconoce que nació "artísticamente" en 1967 cuando se celebró en Cuba el Festival de la Canción Protesta. Entonces tuvo la inmensa suerte de compartir con grandes creadores como Carlos Puebla, Marta Jean Claude, Aníbal Sampayo. Desde entonces se dedica a cantar porque como él mismo dice "mi canto sirve a la lucha." Su nombre: Quintín Cabrera. Ahora está en La Habana como participante en el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, invitado por Canto de todos, proyecto dirigido por el trovador Vicente Feliú.

¿De la música, qué prefieres?

Todo o casi todo. Escribo las letras de mis canciones, les pongo música, las canto y luego vendo los discos.

¿Qué te mueve a participar en este IV Encuentro de Lucha contra el ALCA?

El ALCA es un arma más que tiene el imperialismo para imponerse sobre los pueblos. Todo resquicio que podamos encontrar para luchar contra ese proyecto es bueno, y esa lucha es fundamental en los países de América Latina porque se trata de la expresión última del imperio, después de eso, lo que falta es que nos quiten el idioma —ya están haciendo los intentos— y digan: bueno, a partir de ahora todos somos yanquis.

¿Qué peligros les impone este proyecto de dominación a los creadores, a los músicos, a los artistas y en general a la cultura?

Es muy curioso porque la cultura imperialista está hoy en día en todas partes; sin embargo, el único país del mundo donde no existe un Ministerio de Cultura es el que está imponiendo su cultura a los demás. EE.UU. está exportando su modo de ser, de vivir. ¿De qué manera? Mediante la ropa, la comida, el cine, la televisión, Internet, la música y una cantidad de elementos que los medios le van incorporando a la gente en todo el mundo. De modo que todo lo que es yanqui o se le parece es bueno, lo otro es pura chatarra. La gente está perdiendo su sentido de ser y pensar propios, su identidad, incluso en sociedades como la cubana, uno ve que la gente se pone una gorra como se la ponen los yanquis o se mueren por una zapatilla... Ya lo hicieron los romanos en su tiempo y esto es lo mismo, pero en un grado más intenso y global.

¿Qué haces en España?

Trabajo mucho con todos los movimientos de solidaridad. Soy muy activo con el movimiento de solidaridad con Cuba, el movimiento contra la guerra, de apoyo a Iraq, a los refugiados de Sahara. Claro, no es algo nuevo, lo hago desde hace muchos años...

Estuviste en el Homenaje que se hizo en España en 1996 a las Brigadas Internacionales que combatieron al fascismo, ¿qué recuerdos guardas de aquel momento?

No podía ser ajeno a una de las experiencias más entrañables y románticas que se produjeron en el siglo XX que fue el movimiento de los brigadistas internacionales, entre los cuales hubo algunos cubanos. Esos hombres y mujeres que participaron en la Guerra Civil española son el embrión de lo que sería luego Cuba: el país más solidario del mundo en siglos. Ahora vengo de cantar en los campamentos de refugiados saharauis del Tindug, en Argelia, donde se encuentran doscientos mil hombres y mujeres en unas condiciones horrorosas de pobreza, no tienen agua, no tienen luz, y la gran mayoría de los médicos, maestros, veterinarios que vi en aquellos campamentos, estudiaron en Cuba. Por eso creo que el embrión de la solidaridad que hoy da la Revolución hay que buscarlo en aquellos brigadistas internacionales que fueron a combatir en España. Una de las cosas más maravillosas que guardo en mi memoria de aquel homenaje del 96 es que cuando se termina el acto, los cantantes que habíamos participado, invitamos a los viejecitos a que subieran a cantar con nosotros. ¿Y qué cantaron? Nada menos que “La Internacional”, solo que en todos las lenguas posibles. Había chipriotas, italianos, rusos, alemanes, ingleses, cubanos, franceses... Algo muy bonito.

¿Como músico, como creador qué es lo que más te inquieta de este mundo globalizado y amenazado?

Lo más alarmante es que van a destruir el planeta. Es evidente que el imperialismo con tal de amasar fortuna, de ganar dinero está acabando con la biodiversidad, con los pueblos, con la cultura de esos pueblos. Y eso es tremendamente terrible.

En este sentido, ¿qué pueden hacer los artistas, los creadores?

Denunciar, participar. No se trata de dar consejos o dictar recetas. Mis amigos y yo lo que hacemos es militar. De manera, que si un economista paramilitar escribe un libro denunciando las tropelías del capitalismo, yo como cantante, como músico pongo mi talento y mis canciones al servicio de esa lucha. Yo estoy donde me necesitan. Vengo justamente de cantar en Granada, que fue algo muy bonito porque el concierto simultaneó con una exposición del pintor Vázquez de Sola, lo que demuestra que podemos combinar diferentes manifestaciones artísticas, mezclar poesía con música, con teatro, con pintura.

¿Reconoces alguna influencia de la música o los músicos cubanos en tus canciones?

Cuba es uno de los países que ha producido y lo sigue haciendo una música de las más potentes a nivel mundial. Y luego, los grandes músicos cubanos siempre han bebido del folclore, desde los pianistas del siglo XIX hasta los compositores de hoy en día. Por eso la música tiene un indiscutible sello de calidad y de originalidad. Me gusta escuchar música de Cervantes; pero es evidente que quien más me ha influido es Carlos Puebla. Él ha sido mi maestro en muchas cosas. De la misma manera que los fundadores de la Nueva Trova han influido en cantantes y compositores de todo el mundo, los jóvenes también lo están haciendo. Yo me declaro hijo de Carlos Puebla y no tengo ningún problema en reconocerlo.

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