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Los hombres y mujeres del espectáculo musical estamos de
fiesta desde que supimos que Cristy era Premio Nacional
de la Danza 2005.
Forma ella parte
de un grupo de creadores que en los inicios de la
segunda mitad del pasado siglo se propusieron
profundizar en las maneras de danzar del cubano de
pueblo y en estructurar un cuerpo danzario capaz de
elevar este a la categoría de arte escénico.
Alumna ejemplar del
maestro, bailarín y creador de la llamada “técnica
básica” Luis Trápaga. Solista en los espectáculos de los
centros nocturnos más importantes de la capital y de la
naciente televisión de los años 50. Pareja de Tomás
Morales, Roberto Rodríguez, Arnaldo Silva. Bailarina en
las búsquedas danzarias de Alberto Alonso. Una de las
primeras milicianas del Batallón de la entonces CMQ.
Razones abundan, su
voluntad y hacer lo demuestran: en los primeros años de
la década del 60 apuesta junto al Conjunto Experimental
de Danza de La Habana por “un lenguaje danzario
nacional, partiendo de los esquemas vivos presentes en
nuestras maneras de bailar, buscando por todos los
caminos, bebiendo de todas las fuentes…”.
Seguros estamos de
que aquellos empeños originales se han vuelto constantes
en sus aspiraciones. La actuación dramática, su rol en
El Abanico, en Los Pulsadores, en Yerma,
en los televisivos Factor C o su siempre
recordada Caritas.
Quién dudaría que con
esta cubanísima mujer de especial humor y modestia
abundante, maestra de varias generaciones, el Ballet de
la Televisión Cubana, —institución que dirige—, alcanza
cada día un mayor brío. Quién se atreve a dudar de su
lealtad a los amigos, de su voluntad por una abierta
danza, de su condición de batalladora incansable e
indomable.
Hoy, ante Cristy
Domínguez y su bien merecido Premio, la fiesta se
impone, el baile nos junta, la danza se hace plena. |