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Un mar de peregrinos, periodistas y miembros de cuerpos
de seguridad mantiene hoy inundados los alrededores de
la Plaza San Pedro, donde en apenas unas horas se
realizaran los funerales y entierro de Juan Pablo II.
No hay lugar para nadie, ni por donde caminar, pese a
las bajas temperaturas, negadas a alcanzar los 10 grados
centígrados, que son desafiadas por cientos de miles de
fieles llegados de todas partes del mundo.
La marea humana permanece después de cerrarse el sendero
recorrido estos días por más de un millón de italianos y
visitantes hacia la Basílica de San Pedro, para dar un
último adiós al cuerpo sin vida del Sumo Pontífice,
expuesto desde el lunes tras fallecer el pasado 2 de
abril a los 84 años.
Acostados en la calle, separados de la Plaza San Pedro
por el cordón de seguridad, o caminando desde todas
direcciones de Roma, los nueve millones de residentes en
la capital italiana y otros dos o tres millones de
peregrinos desean estar presentes en la ceremonia.
Un objetivo quimérico resulta el intentar atravesar ese
mar de hombres, mujeres y niños para acercarse a la
Basílica, e incluso tratar de ingresar a la sala de
prensa temporal del Vaticano, amenazada también con
desbordarse por los mas de tres mil 500 periodistas
acreditados.
La llegada de decenas de Jefes de Estado o de Gobierno,
de otras personalidades, obligó a las autoridades a
adoptar medidas extremas de seguridad, entre estas el
cierre del espacio aéreo sobre Roma.
El cuerpo de Juan Pablo II, vestido con casulla blanca,
capa roja y mitra, fue trasladado el lunes anterior
desde la sala Clementina del Palacio Pontificio y será
expuesto hasta los funerales oficiales este viernes.
Entrevistados por Prensa Latina, polacos, españoles,
mexicanos e italianos coincidieron en destacar la lucha
de Juan Pablo II en contra del capitalismo salvaje, de
la pérdida de valores morales y a favor de los pobres.
El elevado numero de visitantes llevó a la Iglesia a
pedir a los italianos a abrir las puertas de sus casas,
luego de instalarse campamentos en zonas cercanas al
Vaticano, que obligaron al cierre del tráfico en el
centro urbano.
La misa comenzará las 10:00, hora local, oficiada por el
decano de los cardenales, el alemán Joseph Ratzinger,
antes de ser enterrado en la cripta donde reposan varios
de sus predecesores, en especial en el lugar donde
estuvieron antes los restos de Juan XXIII.
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