Año III
La Habana
2005

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Mientras más conozco al hombre...
Andrés D. Abreu La Habana


No lo dijo Annia Alonso, pero es un refrán viejo que resulta bueno conocer porque provoca a pensar sobre cuan remotos van siendo los tiempos en que comenzó  el hombre a hacerse  mal a sí mismo  y al resto del universo natural que lo rodea, a tal punto, que  ha precisado en ocasiones de querer más a su perro que a sus depredadores semejantes de la especie humana.

Pero mirando el asunto y sus conflictos desde su propio punto de vista y en medio de la contemporaneidad que le toca vivir, Annia Alonso llegó a una conclusión similar, y como no escribe pero sí pinta, expresó a su manera un conjunto de variantes visuales que nos acercan finalmente a la misma sabia sentencia: el ser humano corroe cada día más sus relaciones con otros  seres humanos y en su aislamiento egoísta termina necesitando, como nunca, de una compañía, al menos, para mitigar la soledad. Entonces, como muchas veces en su historia, acude a la fiel presencia del perro para sentir el alivio.

Muchacha con perros VIII, 2004
Técnica mixta / cartulina
76 x 56 cm.

Esa visión acerca de la incomunicación malsana y creciente que generan los hombres y la sociedad actual, la percibió la artista de manera más acentuada durante su acercamiento a los llamados modos de vida occidentales.

Durante su reciente visita a la ciudad canadiense de Toronto, donde expuso obras junto a las de su colega el reconocido pintor Agustín Bejarano, Annia observó cómo muchas mujeres se hacían acompañar  a los lugares públicos de sus mascotas y no de otra persona amiga. Tal percepción alarmante del hecho la llevó a  emitir un discurso plástico al que incorpora esta nueva preocupación.

En el ascenso de su obra, la naturaleza, en su concepto universal, siempre ha detonado interrogantes a favor del cuidado al mundo primigenio como  condición vital para resguardar lo que somos como universo. 

Lo vegetal y el desnudo  han llegado a conformar  un lenguaje de relaciones hacia lo elemental e interior como discurso fabulador y hacia la ponderación precisa del color y la desformalización de la figura  como fundamentos gráficos del hacer la imagen expresiva.

Muchacha con perros I, 2004
Técnica mixta / cartulina
65 x 50 cm.

En Muchachas con perros, reciente serie que expone en el Salón Rostro de Luz  (Hotel Maritin Panorama, La Habana) suma al trazo irregular la representación simbólica  del animal-mascota como constante presencia en estos paisajes cerrados y meditativos donde habitan ellas y sus desvelos.

Las mujeres de Annia, ahora acompañadas de sus perros y un silencio, generalmente sostienen una actitud introspectiva  en las inmediaciones de un follaje cortado o de frugal naturaleza muerta. Su pintura más fresca consigue tonos y texturas que la acercan superficialmente al grabado y desde esa acción técnica sugiere el paso del tiempo sobre unas atmósferas de insinuación  reflexiva. 

Al análisis de este conjunto de obras de la artista cienfueguera también ha aportado su escritura el crítico David Mateo y en las palabras al catálogo de la muestra explica:

“En el  grupo de piezas incluidas en Muchachas con perros, resalta en primera instancia, una figuración afianzada, de rasgos inusuales, que ha superado el estigma de los epígonos y que la distingue dentro del panorama iconográfico actual; una imagen de trazos sueltos, instintivos, seguros, que a pesar de estar fundada en la supresión de lo superfluo, en la síntesis expresionista, sortea con bastante naturalidad las impresiones idílicas de sobredimensión, hibérpole.”

Varios amigos de Annia reconocen en estos nuevos trabajos pictóricos una pauta afirmativa para la evolución necesaria de su carrera. El propio  Agustín Bejarano destacó al inaugurar la exposición esa condición de seguridad que va alcanzando en el ejercicio de componer sus ideas dentro de una factura  sedimentada, mientras que Rafael  Acosta de Arriba señalaba en el catálogo que Annia es una “artista con bríos por encontrar su espacio en el panorama del arte cubano contemporáneo, sabe que mirar y pintar hasta el cansancio, volver a mirar y a mirar, y seguir entrenando esa mirada, es el único camino posible para cristalizar  su vocación”.  

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