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No lo dijo Annia Alonso, pero es un refrán viejo que
resulta bueno conocer porque provoca a pensar sobre cuan
remotos van siendo los tiempos en que comenzó el hombre
a hacerse mal a sí mismo y al resto del universo
natural que lo rodea, a tal punto, que ha precisado en
ocasiones de querer más a su perro que a sus
depredadores semejantes de la especie humana.
Pero
mirando el asunto y sus conflictos desde su propio punto
de vista y en medio de la contemporaneidad que le toca
vivir, Annia Alonso llegó a una conclusión similar, y
como no escribe pero sí pinta, expresó a su manera un
conjunto de variantes visuales que nos acercan
finalmente a la misma sabia sentencia: el ser humano
corroe cada día más sus relaciones con otros seres
humanos y en su aislamiento egoísta termina necesitando,
como nunca, de una compañía, al menos, para mitigar la
soledad. Entonces, como muchas veces en su historia,
acude a la fiel presencia del perro para sentir el
alivio.
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Muchacha con perros VIII, 2004
Técnica mixta / cartulina
76 x 56 cm. |
Esa
visión acerca de la incomunicación malsana y creciente
que generan los hombres y la sociedad actual, la
percibió la artista de manera más acentuada durante su
acercamiento a los llamados modos de vida occidentales.
Durante su reciente visita a la ciudad canadiense de
Toronto, donde expuso obras junto a las de su colega el
reconocido pintor Agustín Bejarano, Annia observó cómo
muchas mujeres se hacían acompañar a los lugares
públicos de sus mascotas y no de otra persona amiga. Tal
percepción alarmante del hecho la llevó a emitir un
discurso plástico al que incorpora esta nueva
preocupación.
En el
ascenso de su obra, la naturaleza, en su concepto
universal, siempre ha detonado interrogantes a favor del
cuidado al mundo primigenio como condición vital para
resguardar lo que somos como universo.
Lo
vegetal y el desnudo han llegado a conformar un
lenguaje de relaciones hacia lo elemental e interior
como discurso fabulador y hacia la ponderación precisa
del color y la desformalización de la figura como
fundamentos gráficos del hacer la imagen expresiva.
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Muchacha con perros I, 2004
Técnica mixta / cartulina
65 x 50 cm. |
En
Muchachas con perros, reciente serie que expone en
el Salón Rostro de Luz (Hotel Maritin Panorama, La
Habana) suma al trazo irregular la representación
simbólica del animal-mascota como constante presencia
en estos paisajes cerrados y meditativos donde habitan
ellas y sus desvelos.
Las
mujeres de Annia, ahora acompañadas de sus perros y un
silencio, generalmente sostienen una actitud
introspectiva en las inmediaciones de un follaje
cortado o de frugal naturaleza muerta. Su pintura más
fresca consigue tonos y texturas que la acercan
superficialmente al grabado y desde esa acción técnica
sugiere el paso del tiempo sobre unas atmósferas de
insinuación reflexiva.
Al
análisis de este conjunto de obras de la artista
cienfueguera también ha aportado su escritura el crítico
David Mateo y en las palabras al catálogo de la muestra
explica:
“En
el grupo de piezas incluidas en Muchachas con perros,
resalta en primera instancia, una figuración afianzada,
de rasgos inusuales, que ha superado el estigma de los
epígonos y que la distingue dentro del panorama
iconográfico actual; una imagen de trazos sueltos,
instintivos, seguros, que a pesar de estar fundada en la
supresión de lo superfluo, en la síntesis expresionista,
sortea con bastante naturalidad las impresiones idílicas
de sobredimensión, hibérpole.”
Varios
amigos de Annia reconocen en estos nuevos trabajos
pictóricos una pauta afirmativa para la evolución
necesaria de su carrera. El propio Agustín Bejarano
destacó al inaugurar la exposición esa condición de
seguridad que va alcanzando en el ejercicio de componer
sus ideas dentro de una factura sedimentada, mientras
que Rafael Acosta de Arriba señalaba en el catálogo que
Annia es una “artista con bríos por encontrar su espacio
en el panorama del arte cubano contemporáneo, sabe que
mirar y pintar hasta el cansancio, volver a mirar y a
mirar, y seguir entrenando esa mirada, es el único
camino posible para cristalizar su vocación”.
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