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Andaluza: A Miguel Pizarro, en la
irregularidad simétrica del Japón |
Juan Marinello
guardaba entre sus mejores posesiones un libro que le
había regalado Federico García Lorca.
El ejemplar
conservado era Canciones, libro en el que el
poeta andaluz dejó plasmado hermosísimas creaciones.
Marinello recordaba
que Lorca había llegado a su casa en horas del medio día
y salió bien entrada la noche.
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Trasmundo: A Manuel Ángeles Ortíz |
Contaba Marinello que
“Mientras hablábamos de todo y de todos, dibujaba
Federico con lápices de colores, en las páginas del
libro. Quiero que veas ―me decía― que soy mucho mejor
pintor que poeta; solo que me ha dado por hacer
versos...” Pensó primero dejar en sus Canciones
algunos rasgos sugestivos, breve huella de su amistad;
pero fue animándose en la plática y dejó al fin,
escoltando los poemas, estampas primorosas”.
Según Marinello “bien
se ve, contemplándolos, que no fue la pintura su violín
de Ingres sino el costado gráfico de su don lírico,
ilusión irónica de su propia gana creadora”.
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Romántica |
Ante cada dibujo
terminado Lorca daba una explicación sui géneris: “la
señorita romántica transitando por la alameda a media
luz con una solo palabra en el corazón y en los labios:
‘amor’ ”.
En otro: “este chico
ya no podrá estar alegre, porque no dio a tiempo las
bofetadas”.
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Bofetadas |
Años después, Juan
Marinello dejaba escrito: “En más de una ocasión se han
reunido en libros los dibujos del gran poeta; pienso en
lo bien que integrarían su aventura plástica estos
viejos apuntes”.
La Jiribilla,
en su sección Memorias, pone a su consideración estos
versos dibujados por Lorca.
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