Año III
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La película con nombre de danzón
Joel del Río La Habana
 

En Cuba, particularmente en históricas locaciones de la capital, se rueda una nueva coproducción hispano-cubana, Rosa de Francia, que dirige el importante director español Manuel Gutiérrez Aragón y cuenta en el protagónico con Jorge Perugorría.


Desde la última semana de febrero y hasta mediados de abril se está rodando en Cuba (más exactamente en locaciones de La Habana Vieja, en los jardines de La Tropical, en el complejo Morro-Cabañas y en Varadero, entre otras), la coproducción hispano-cubana Rosa de Francia, que dirigida por el reconocido Manuel Gutiérrez Aragón, incluye por la parte cubana a intérpretes como Jorge Perugorría, Broselianda Hernández, Jorge Losada y Larisa Vega, entre muchos otros intérpretes de ambos países.

Con una filmografía impresionante, que lo ubica a partir de la segunda mitad de los años 70, entre los grandes nombres de la realización cinematográfica en España, Gutiérrez Aragón se enfrenta ahora con un argumento romántico-triangular, donde no faltan el misterio ni el suspense. La trama acontece en La Habana de los años 50, y se concentra en torno al personaje de Simón (Perugorría), un hombre que ronda la cuarentena y tiene dos negocios: el tráfico ilegal de emigrantes a EE.UU., y una casa para educar señoritas, fachada que encubre la trata de blancas. El conflicto aparece con el personaje de una muchacha rebelde que se convierte en un verdadero problema, sobre todo para el propio Simón.

Rosa de Francia es una historia trazada por el propio Gutiérrez Aragón (que también ha escrito casi todos sus filmes) en conjunto con el cubano Senel Paz, y debe constituirse en otro importante escalón en una filmografía marcada por hitos como Demonios en el jardín (1982), La mitad del cielo (1986) y Visionarios (2001) sin olvidar la excelente versión reciente de El Quijote para la TV, ni la anterior colaboración con artistas cubanos: Cosas que dejé en La Habana, de 1997, que alcanzara premio máximo en el exigente festival de Valladolid. El cine de Gutiérrez Aragón se caracteriza, al decir del crítico Vicente Molina Foix, “por la solidez narrativa y la sugerente plasticidad, además del lenguaje cinematográfico propio, audaz y movido por unos hilos visuales que tienen detrás un pensamiento filosófico, un mundo de lecturas y visiones”, dijo el escritor. Inesperada resulta en la filmografía de un autor —tan inclinado a la reflexión histórica a partir de muy firmes estructuras literarias— este giro aparente hacia el cine de aventuras y de entretenimiento.

Antes de acometer este proyecto en Cuba, producido por el ICAIC y por la española Tornasol Films, Gutiérrez Aragón fue motivo de titulares por su último filme La vida que te espera, que le sirvió de pasaporte para la sexta participación en el Festival de Berlín, el evento donde alcanzó el Premio de la crítica en 1973, por Habla mudita, y el Oso de Plata al mejor director en 1977 por Camada negra. Si bien La vida que te espera fue clasificada como “un emocionante retrato antropológico” sobre un mundo muy próximo geográficamente, pero muy lejano en el tiempo, pues el valle del Pas “es un lugar misterioso, desconocido, mítico y cerrado”, según afirma Gutiérrez Aragón, ahora le apetece un cambio de registro con este filme rodado en Cuba y más cercano al melodrama de época con sujetos femeninos, del mismo modo en que lo eran Demonios en el jardín y La mitad del cielo, títulos esenciales para comprender la maestría interpretativa de Ángela Molina.

Rosa de Francia se suma a una serie de coproducciones hispanocubanas, filmadas últimamente en foros de la Isla, como la tragicomedia musical, segundo largometraje del joven Benito Zambrano, que se titula Habana Blues y que tendrá su premier por estos días en España, así como Hormigas en la boca, de reciente rodaje y también concebida a modo de melodrama retro con algunos matices políticos. La cinematografía cubana, desde los años 90, se ha visto precisada a recurrir al expediente de la coproducción, principalmente con España, lo cual ha dado lugar a un grupo de títulos muy notables y también a filmes folcloristas, populacheros y estereotipados. En todo caso el resultado final no depende de la procedencia de los recursos, sino de la capacidad de los implicados para expresar un mundo complejo y convincente. Es de esperar que Rosa de Francia clasifique en este último grupo.   
 

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