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GALERÍA
DE OBRAS DE LA EXPOSICIÓN
"Me han estremecido un montón de mujeres" afirmó el
escritor y cineasta Víctor Casaus, al dirigirse a una ya
habitual congregación, mayormente joven, que
habitualmente se reúne en los recitales que en esa
institución se ofrecen. Sin embargo, y pese a lo que
pudieran muchos pensar, no se trata precisamente de una
declaración pública realizada al amparo de las yagrumas
del hermoso patio, sino una cita tomada Silvio
Rodríguez, frase que muchos de sus fans quizá adivinaran
al comenzar esta lectura, y confesión del trovador que,
según Casaus, precisamente el martes 8 de marzo, sería
la mejor para "iniciar una exposición dedicada a la
mujer, mientras se escucha un concierto donde desfilarán
sus nombres y sus maravillas".
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Las obras de más de una decena de artistas mujeres de
diferentes tendencias y con muy diversos abordajes sobre
el tema pueden verse en la Sala Majadahonda del Centro
Pablo hasta el 8 de abril en una muestra que aunque no
sea ambiciosa como propuesta curatorial ni se plantee
una tesis sobre el discurso de las mujeres en la
plástica cubana contemporánea, propone, sin duda, un
recorrido por importantes figuras que han trabajado
sobre sí mismas, sobre sus autoconfesiones, y han
indagado en el asunto de género.
En Cuba el feminismo no ha devenido
estrategia esencial para una reivindicación preferente
ni única táctica enfilada a un preciso fin, sino plural
bastión desde el cual proyectar estos llamados,
emplazamientos necesarios y coherentes toda vez que no
constituyen, como una parte de la crítica pudiera
suponer, rupturas que ven la luz por vez primera, sino
revelaciones orgánicas (individuales y contextuales) que
dan continuidad a inquietudes explícitas a lo largo de
la historia del arte de la Isla.
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Las obras que en la exposición se exhiben son algunos de
estos ejemplos. Diana Balboa, en su instalación de una
tabla de planchar convertida en piano y de una plancha
transformada en guitarra, presenta una de las piezas más
llamativas de la muestra, en una versión donde conjuga
el deseo de la creación vinculado a la vida diaria,
pieza que recuerda aquellas primeras obras de una
colega, Jacqueline Maggy; la instalación ha sido
realizada con esmero, y su propio concepto procesual
deviene en sí un llamado insistente sobre el diario
bregar de la mujer.
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Cazuelas bordadas
de Aimée García |
Otra instalación, de Aimée García, perteneciente a la
Serie Cazuelas bordadas, nos permite apreciar uno
de los ejemplos más importantes e imprescindibles del
tema de género y también de la plástica cubana actual:
sus ollas de hierro, bordadas y perforadas
concienzudamente a mano, hacen más puntual aún el
énfasis en la cotidianidad de la mujer y en aquellos
objetos que se convierten casi en la extensión de una
misma.
Minerva López, por su parte, expone una de las pinturas
más logradas de su última etapa, “Rotas las rosas”,
acrílico sobre tela, toda en blanco en gran formato.
Artista que ha logrado con original acierto trabajar en
la tendencia del expresionismo abstracto a partir de una
muy orgánica conceptualización interna y a la vez de una
unidad intrínseca entre el sentido y la no figuración,
Minerva es una ineludible mención si de una exposición
de mujeres artistas se trata.
Hilda Vidal aparece en la exhibición con un óleo, “Las
imágenes deseables y deseantes”. En esa obra las figuras
parecen flotar aisladas en una composición donde, sin
embargo, no dejan de necesitarse la una a la otra.
Déborah Nofret presenta la única obra totalmente
fotográfica, en técnica digital. Es un collage
donde lo erótico, una muy leve alusión sadomasoquista
(su desnudo femenino de espaldas está esposado) y cierta
sublimación de la belleza en un estilo de apropiación
romántica, sin nostalgia, se multiplica en una secuencia
de doce imágenes repetidas.
No faltan Zaida del Río, Alicia Leal, con su búsqueda
incesante de la imaginación a través de las imágenes
recreadas en sus obras, a las que se une un hermoso
díptico de Nelkis Ramírez que alude al concepto de la
familia en el universo de la mujer.
Esta muestra, que podrá verse en la Sala Majadahonda del
Centro Pablo hasta el 8 de abril, es una invitación
íntima, cual música de cámara ejecutada por mujeres y
que fue acompañada por ese otro concierto mayor, en el
que
los trovadores Gerardo Alfonso, Eduardo Sosa, Ariel
Díaz, Amanda Cepero y Erick Sánchez
entonaron cada canción con un nombre de mujer, no
importa que fueran, como reza el catálogo/programa,
"mujeres de fuego, o mujeres de nieve".
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