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“Me
quedé con el pico caliente”, me dijo el trovador
santiaguero Eduardo Sosa la noche del pasado 8 de marzo
cuando comentábamos el recién finalizado concierto
especial Me han estremecido un montón de mujeres
que auspiciado por el Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau se desarrolló en el habitual patio de
Muralla 63 en La Habana Vieja.
Y es que
este recital devino hecho cultural redondo y consumado.
Es incuestionable la vocación que caracteriza al Centro
Pablo de mezclar, integrar y unir a todas las
manifestaciones de la cultura. Por eso, ¿qué mejor
regalo para las mujeres en su día que un libro, una
exposición de artes plásticas y un concierto dedicado
por entero a ellas?
Fue
realmente hermoso que a todas las que concurrieron esa
tarde-noche al Centro Pablo se les obsequiaran postales
(que reproducen obras de tres destacados pintores
cubanos: Alfredo Sosabravo, Roberto Fabelo y Alicia
Leal) junto con el libro Piezas para armar nuestra
memoria, Antología que en el 2000 obtuvo
el Premio en el
concurso Memoria Histórica de las Mujeres en América
Latina y el Caribe de El Salvador.
Ese libro —publicado
recientemente por Ediciones La Memoria del Centro Pablo
en su Colección Coloquios y testimonios— está
ilustrado por la talentosa pintora cubana Rocío García y
constituye una reveladora demostración de las
desigualdades que todavía enfrentan las mujeres en esta
región del mundo.
La acogedora Sala
Majadahonda vuelve a abrir sus puertas y ahora lo hace
hasta el venidero 8 de abril con una muestra que incluye
el quehacer de trece artistas cubanas: Hilda Vidal,
Déborah Nofret, Nelkis Ramírez, Diana Balboa, Alicia
Gutiérrez, Liang Domínguez, Minerva López, Alicia Leal,
Aymée García, Zaida del Río, Lesbia Vent Dumois, Sandra
Pérez y Mabel Llevat.
La muestra, que lleva
el mismo título del concierto, fue curada por Sandra
González, quien asumió el reto de conjugar armónicamente
los distintos discursos y estéticas de las trece
artistas participantes que —desde distintas perspectivas
y soportes— ofrecen su particular visión del mundo que
las rodea. Me han estremecido un montón de mujeres
demuestra que en el actual panorama plástico cubano las
mujeres tienen mucho que decir y mostrar, y que la
calidad imperante está fuera de toda discusión de
género.
Luego vino el
concierto que como casi siempre en los últimos seis años
fue presentado por el poeta y cineasta Víctor Casaus,
director del Centro Pablo, quien felicitó a todas
las mujeres que han acompañado a la institución en estos
años de intenso quehacer.
Esas felicitaciones
—dijo Casaus— el Centro las “extiende a las (tantas)
mujeres que han hecho posible estos añitos (que se
acercan a diez) de sueños bien soñados (como
corresponde), muchas veces hechos realidad gracias a la
magia de esos esfuerzos que acompañaron, desde siempre,
nuestra búsqueda de la imaginación y de la belleza”.
Luego rompió el
concierto en un patio colmado por un público respetuoso
y esto es algo en lo que hay que detenerse: el Centro
Pablo ha logrado formar una “cultura del escucha”,
cuestión que es tremendamente satisfactoria para el
músico que está sobre el escenario y también para los
que acuden a disfrutar de la trova.
Igualmente hay que
señalar que el recital se efectuó un martes, día no
habitual para estos conciertos en el patio de Muralla 63
y a las cinco de la tarde: un horario nada favorable. La
cantidad de asistentes al concierto y lo atento que se
mantuvieron evidencian que ya el espacio cuenta con
seguidores fieles que saben lo que quieren y, sobre
todo, dónde encontrarlo.
Los primeros en subir
al escenario fueron el trovador Ariel Díaz y la
vocalista Amanda Cepero, quienes luego de más de un año
de trabajo conjunto han logrado un muy buen empaste que
se hizo evidente en temas como “Longina”, “María”,
“Alicia” y “La Marina”.
Le siguió Gerardo
Alfonso, trovador que en este 2005 arriba a los 25 años
de carrera artística y que se ha caracterizado por una
labor sostenida y de mantenido ascenso. Gerardo ofreció
cuatro temas “Isadora”, “Claudia”, “”Stina”, “Yo te
quería, María”, y “Giovanna”, todos muy conocidos y que
pusieron de manifiesto la madurez artística y personal
de este cantautor que tiene en su haber canciones que
forman parte de lo mejor de panorama musical cubano como
“Sábanas blancas” o “El ilustrado caballero de París”,
por solo citar dos de ellas.
Luego Erick Sánchez,
a cargo del guión y a quien corresponde la idea original
de realizar un concierto cuyos temas estuvieran
dedicados a nombres de mujer, llegó con “María Antonia”,
“Tirado en la calle”, y “Ena Lucía“. Erick es un
cantautor que gusta acercarse a la lírica de los
trovadores tradicionales y que puede llegar y de hecho
llega a citar en sus textos hasta direcciones
particulares.
Después Erick
compartió con Eduardo Sosa la canción “Herminia”, de
Miguel Companioni, suerte de homenaje a uno de los
autores cubanos más importantes de todos los tiempos.
Eduardo continuó en solitario con “Aurora”, hermoso tema
del inmenso Manuel Corona y continuó con “Claudia
vendrá” de su autoría.
Sosa es poseedor de
excelentísimas potencialidades vocales y con su personal
versión de “Lucía” —conocida y bella canción de Joan
Manuel Serrat— puso el concierto en plena cima antes de
cerrar con “María”.
En
total fueron diecisiete los temas que ofrecieron
Gerardo, Amanda, Ariel, Erick y Sosa. Pero si este
último me comentó que se “quedó con el pico caliente” en
franca alusión de sus inmensas ganas de continuar
trovando, pues le puedo asegurar que la mayoría de los y
de las que asistimos al concierto del pasado 8 en el
Centro Pablo, nos quedamos con el “oído caliente” por
los enormes deseos de continuar escuchando. |