Año III
La Habana
Semana 12 - 18
MARZO
de 2005

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La canción de Adolfo Guzmán
Marta Valdés La Habana


    Adolfo Guzmán impactó el panorama de la canción cubana en los años cincuenta con “No puedo ser feliz” y “Libre de pecado”. Cada pieza suya está dotada de una lógica musical que se corresponde exactamente con el sentido de la letra, siempre apoyando el argumento. Las palabras más sencillas le sirven, con frecuencia, para plasmar las imágenes más fuertes. Sus textos son breves y directos. Nunca el razona­miento planteado queda sin solución: podemos seguir el hilo argumental desde el principio hasta la última frase. Jamás se dispersa. A veces el pensamiento que inicia la canción como una simple frase lanzada al espacio sin querer, cierra la pieza con el peso aplastante de una conclusión (“No puedo ser feliz”). Otras veces se juega acertadamente con la reiteración (“No es posible querer tanto”). Nunca se persigue el final efectista y, sin embargo, se logra siempre una sensa­ción conclusiva que nos deja pensando. Nunca hay una acentuación de la palabra que esté reñida con el acento musical. Esto nos admira en los textos de José Ángel Buesa que musicalizó (“Así verte de lejos”, “Tú y el viento”) y convirtió en canciones de primera magnitud.

En mi caso específico, si algún autor cubano me hizo sentir que una canción podía instalarse en el espíritu con toda la fuerza de la poesía y toda la capacidad de penetración de la música, fue Adolfo Guzmán. Creo que el binomio Bola-Guzmán en “No puedo ser feliz” hizo explosión en mí y fue lo que me impulsó a que un día hiciera una canción. Luego, “Libre de pecado” me hizo pensar que una canción puede ser —como dijo una vez Carpentier— un pequeño mundo, una gran obra de arte y seguí mi camino mirando hacia este modelo. Adolfo Guzmán nunca hizo concesiones a la moda ni a la comercialidad. Su obra no va a morir.

Tomado de Marta Valdés, donde vive la música, Ediciones Unión, 2004

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