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En
octubre de este 2005 el conocido trovador Gerardo
Alfonso cumple 25 años de vida artística y para festejar
ese importante momento ha organizado —conjuntamente con
su equipo de trabajo— un apretado programa de conciertos
que incluye presentaciones en varias provincias cubanas.
Gerardo
—con quien recientemente conversamos especialmente para
La Jiribilla— está en estos momentos en plena
madurez creativa; baste señalar que tiene listos siete
discos para grabar y, además, está preparándose para
reestrenarse como papá por segunda ocasión. “Claudia y
yo estamos fascinados con la idea; Tobías, nuestro
primer hijo, ocupó un espacio que se completará con la
llegada de Diego”, comentó contento hasta la raíz.
Y,
seguramente, esa felicidad nos las transmitirá durante
esa suerte de ciclo de conciertos que comenzará el
venidero día 12 en el teatro del Museo Nacional de
Bellas Artes, y que según afirmó será “cantautoral”
porque solo se acompañará de la guitarra como elemento
esencial dentro de su carrera.
¿Invitados?
Ninguno
en este primer concierto que incluirá canciones muy
conocidas y también muchas nuevas y otras muy poco
divulgadas porque no las he cantado ante grandes
públicos.
Tengo la
intención de hacer tres primeros conciertos (marzo,
abril y mayo) con canciones diferentes, es decir, cada
recital es completamente distinto desde el punto de
vista artístico y los tres los quiero hacer con
guitarra.
A los
conciertos siguientes incorporaré el piano y tendrán
otro formato; invitaré a otros músicos. También
realizaré una serie de conciertos sinfónicos por toda la
Isla y quiero promover “Las leyendas camagüeyanas” una
suite que compuse y cuya orquestación fue realizada por
el director italiano Valter Siviolotti.
Nos
vamos a mover a distintas provincias del país y en
aquellos lugares en que no existan orquestas sinfónicas
—como es el caso de las orientales provincias de Baracoa
o Guantánamo— lo haremos con la banda de las
localidades. Ya está hecha la versión para ese formato.
¿Te es
difícil como artista pasar de estar solo con tu guitarra
a mezclarte con tantos músicos?
Es un
trabajo que ya he realizado. El año pasado lo hice con
la Sinfónica de Camagüey y luego con la Banda Nacional
de Conciertos a propósito del aniversario 109 de esa
agrupación en la Plaza de Armas, ubicada en La Habana
Vieja.
Este
trabajo lo conozco y lo que hay es que ensayar mucho.
Desde el punto de vista musical me considero un
ecléctico, pero concibo la música en todo su esplendor.
Me muevo
entre la guitarra, el piano, el grupo musical con el
cual pienso hacer dos o tres conciertos; uno de ellos
será la clausura del verano el 30 de agosto y,
posiblemente, se realice en la Plaza de San Francisco de
Asís, también en el Centro Histórico de la Ciudad.
Concibo
mi música en todos los formatos posibles y ¡25 años de
canciones es mucho trabajo! Quiero, por lo menos,
abarcar el 30% de mi caudal musical.
Los
tres primeros conciertos a guitarra son como la
apertura, es decir, el elegguá, el que abre los caminos…
porque la guitarra fue la que me introdujo en el mundo
de la canción; después vendrá el piano, el grupo
musical, las orquestas sinfónicas locales y los artistas
con que he trabajado. También los compositores con lo
que he compartido y con los que quiero seguir
compartiendo.
Todo eso
implica mucho trabajo, pero el trabajo hace al hombre;
el hecho de que pase de la guitarra a la orquesta o a lo
sinfónico requiere de una preparación, de mucho ensayo,
pero las canciones las conozco y la sistematicidad en el
trabajo es lo que proporciona los resultados positivos.
¿Trovador por encima de otras definiciones?
Sí, en
tanto el concepto trovador incorpore el hecho de asumir
los instrumentos y tener en cuenta a la música en todo
su esplendor, en todas sus posibilidades, seguiré siendo
trovador.
Si la
trova es más específica y solamente se circunscribe a la
guitarra, entonces, tendría que preguntarme, ¿qué soy?
La guitarra es mi elemento fundamental y la poesía, la
canción de propósitos estéticos elevados también es mi
intención…
Pongo
mucho interés por la música en general, al sonido con
que van vestidas las canciones, es decir, las
orquestaciones y la forma en que la música se
desempeña. Hay criterios que afirman que cuando existe
una canción muy orquestada con metales y demás ya yo era
un trovador y que este se caracteriza por presentarse en
solitario con su guitarra.
No
comparto esa opinión porque ¿quién me puede decir que
Matamoros no era un trovador? Lo primero que hizo
Matamoros fue crear un trío y Arsenio Rodríguez era un
trovador y, sin embargo, tenía una banda… existen muchos
ejemplos de trovadores cubanos y de otros países.
Por
todas las influencias que he recibido desde mi infancia
y por la avidez musical que me ha caracterizado, me
siento en deuda con la música que he escuchado y por eso
intento sintetizar y reproducir esa herencia.
Creo que
es un hecho importantísimo que el trovador más allá del
criterio poético que impone la canción trovadoresca
tenga propósitos musicales porque es que la música es
una de las manifestaciones artísticas más universales y
es un crimen cortarle las alas por un criterio estrecho,
reduccionista y hasta dogmático. ¿Quién puede cuestionar
que Silvio Rodríguez no es un trovador? Es, sin duda, un
trovador por excelencia y ha trabajado con todos los
formatos posibles. “¡Oh, melancolía!” está tocada a
piano por el maestro Frank Fernández; tiene los discos
que hizo con Afrocuba, también los sinfónicos en los que
él mismo realizó la orquestación, y los de a guitarra
limpia… en fin, él se mueve en un abanico muy grande de
expresión musical y es un trovador por excelencia.
Pienso
que la trova no es un problema de formatos musicales,
sino de actitud; es una cultura, una posición ante la
vida, ante el arte, de enriquecer su espíritu y a la vez
enriquecer el espíritu de los demás con un acervo
cultural amplio.
¿Otros
proyectos?
Mantengo
el proyecto “Almendares vivo” con algunas limitaciones
materiales; el audio que en 1999 era de excelencia, seis
años después está bastante deteriorado por el uso y sin
poderlo reponer. Espero que este año solucionemos esta
cuestión. Mantenemos la peña que es ecléctica porque
incluye pop, trova, reegue, ritmos afrocubanos, rock and
roll y todas las expresiones posibles de la música
joven.
Aún
cuando alguien no se quiere responsabilizar ante la
vida, cuando se es un artista se contrae un compromiso.
No es posible que vayas promoviendo ideas, sacando de tu
alma algo nuevo como son las canciones y no tengas una
responsabilidad. Aunque tú no creas tienes una
responsabilidad y afectas de alguna manera al público
con el que estableces un diálogo. Es importante para un
artista de cualquier manifestación ser consecuente con
la época en que vive.
La
composición, ¿se queda atrás?
¡No! Voy
a estrenar muchas cosas… en cada concierto a guitarra
incluiré canciones diferentes para que la gente no se
desoriente porque si solo canto estrenos no me van a
reconocer. En todos los conciertos estrenaré canciones.
A
finales de marzo pienso grabar un disco que se llama “A
orillas del mar” que incluye 14 nuevos temas de un
género que le llamo “guayason” y que compuse
especialmente para ese fonograma.
“Las
leyendas camagüeyanas” las compuse a finales del 2003 e
inicios del 2004 son ocho canciones prácticamente nuevas
porque solo se han tocado en dos ocasiones.
Tengo un
disco en el que trabajé el año pasado y en los inicios
de este que se llama “Diosas y dioses” que incluye unas
15 canciones y que pretendo grabar en el 2006; algunas
de ellas las cantaré en los conciertos.
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Gerardo Alfonso en el Centro Pablo de la Torriente
Brau
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Hay otro
disco que titulé “La cima” y que lo pienso grabar
también en el 2006 —si es que me dan posibilidades en
las disqueras— que también contiene 12 canciones.
Además, existen todas las canciones que la gente conoce
y aquellas desconocidas a las que les tengo mucho apego,
pero que no he tenido la posibilidad de cantar. Te
aseguro que será algo sumamente atractivo. Tiempo para
componer tengo porque me he habituado hacerlo mientras
converso, por ejemplo. Con una guitarra en mis manos,
mientras hablamos, puedo ir tocando una música que es la
que me sublima a escribir.
Hago
primero las músicas y luego los textos… no necesito de
un cuarto aislado, en privado para que la musa baje. No,
la mía convive en estos niveles de comunicación popular
y diaria. Así lo hago.
¿Cuáles
son en estos momentos tus caminos creativos?
Trabajo
mucho y me paso la vida estudiando la creación. Soy y me
siento un eterno aprendiz inconforme; constantemente
estoy descubriendo cosas nuevas en las canciones.
Todo lo
que escucho estoy constantemente procesándolo en
canciones. En esencia, mis temas son los mismos, pero
hace unos seis años atrás componía de una manera
desordenada, es decir, lo que me venía a la mente lo
escribía.
Ahora
voy dirigiendo la temática. Por ejemplo, mis discos
—incluyendo Raza que es el más reciente realizado
por Bis Music y que debe salir en estos días— han sido
compilaciones de canciones que escojo de todas las
hechas y me digo: este va a ser el disco tal.
Ahora
no; parto de una temática. Por ejemplo en A orillas
del mar todos los temas hablan de mi relación con
los años 70 cuando era un adolescente y mi carácter
insular. Diosas y dioses tiene que ver con todos
los iconos que afectan el espíritu de las personas, es
decir, las cosas sagradas en la que crees. La cima,
es la relación con la aspiración de llegar a… hay una
canción que se titula “Los espejos” y trata sobre el
conflicto entre lo que tú crees que eres y lo que en
realidad eres; otra que se titula “El viejo que quisiera
ser”… y de pronto hay una sola temática que me llama la
atención.
Miro a
mi alrededor y veo —por ejemplo— la hermosa escultura de
mármol del Cristo de La Bahía de La Habana y empiezo a
pensar en los vínculos con él, ¿por qué tiene las manos
colocadas de esa manera?, ¿por qué es de mármol? y,
quizás, de ahí sale una canción y luego a partir de ese
aspecto oriento un criterio y busco todos los caminos.
Eso no es nuevo, no creo estar descubriendo nada; los
españoles Juan Manuel Serrat y Joaquín Sabina lo hacen y
logran unos discos sólidos y hermosos.
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