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Quiso el azar de la Naturaleza que vinieran juntas al
mundo, nacidas de un mismo óvulo. “Tal para cual / como
dos gotas de agua”, se dicen ellas mismas en una
canción. Pero bien pronto han debido saber (o, por lo
menos intuir) que en materia de arte, cuando se va al
fondo de las cosas, no basta la imagen que las devuelve
idénticas ante el espejo, ni la lozanía juvenil de sus
pieles doradas por las mezclas de sangre, ni los golpes
de la suerte. Solo el trabajo hace crecer el talento.
Las mellizas Angélica María y Annelis Elisa Suárez Peña
(Puerto Padre, Las Tunas,1979) saltaron del anonimato en
diciembre del 2000, fecha en que conquistaron
inobjetablemente el Primer Premio de Interpretación del
Festival Jojazz, que con frecuencia anual organiza el
Centro Nacional de Música Popular para promover a los
nuevos talentos en el género. Antes, como casi todos los
escolares bien dotados para el canto, habían sobresalido
en festivales de aficionados estudiantiles.
Jojazz las conectó con el mundo real de la música. De
una parte se codearon y recibieron el espaldarazo de
Chucho Valdés, Robertico Carcassés, y otras figuras del
ambiente jazzístico cubano; de otra comenzaron a ser
codiciadas por el mercado. Buena experiencia resultó la
de participar en el Festival Son Latinos, de Canarias,
en la memorable jornada que reunió a la dinastía Valdés.
Como también la de hallar la colaboración del trío de
Joshua Edelman, en Madrid. Pero dudo de esas largas
estadías en circuitos españoles estandarizados. Cuando
se tienen otras posibilidades, las aspiraciones deben
situarse a su altura y no lo contrario.
El
primer disco del dúo, que se hace llamar Angelisa, En
alma misma, de la empresa española Placer de Caños
(2004), refleja las contradicciones de una carrera
artística impetuosamente lanzada: el deseo de ganar
territorio propio y los tanteos de sus manejadores para
congraciarse ante el mercado.
Es
un lujo para cualquiera sentirse arropado por figuras de
primer orden: Chucho Valdés cedió un tema de estreno y
participó en dos temas; Andrés Alén y Ernán López-Nussa
clasifican largamente entre los mejores pianistas
cubanos, René Baños, con el aval de su liderazgo de
Vocal Sampling, asumió la dirección musical del
proyecto; el laureado guitarrista Rey Guerra prestó su
maestría; y en la producción estuvo Ana Lourdes
Martínez, prestigiada con una nominación al Grammy
Latino como Productora del Año.
A
lo largo del fonograma, las mellizas despliegan virtudes
vocales en la emisión y proyección de las líneas
melódicas, en el filin de la improvisación, y en cierta
aproximación al scat. Sin embargo, por momentos,
se desliza una demasiado evidente “norteamericanización”
de la dicción, a lo Patty La Belle y a lo Whitney
Houston. Algo innecesario e inmaduro.
El
riesgo mejor correspondido pasa por su brillante
interpretación del clásico “Mambo influenciado”, de
Chucho Valdés. La mayor fineza se advierte en una “Mona
Lisa”, adecuadamente envuelta en cuerdas old
fashioned arregladas por Andrés Alén y con el extra
de un solo de saxo de Javier Zalba. La posibilidad mejor
entrevista se divisa en el “Te esperaré”, de Armando
Manzanero, en tanto jazz y bolero se avienen a su
estilo. La ruta más coherente transita bajo la sombra
del trío Edelman en los cortes en vivo.
Pero el disco se resiente por su cariz indefinido
─al
final no se sabe cuál es el perfil que quieren defender
estas jóvenes─
y la contaminación de un pop comercial que hace
intrascendentes sus versiones de “Samurai” (Djavan), “Te
conozco” (Silvio Rodríguez), “Shade of pale” (Broker y
Reid) y “Tal para cual” (R. Baños), esta última una
canción que pretende ser carta de identidad del dúo y
naufraga en el pastiche.
Este segundo paso de Angelisa
─el
primero, ya lo dijimos, fue su triunfo en Jojazz─
debió ser más meditado. Esperemos que el siguiente lo
sea.
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