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Entre los “solistas de ocasión” del Ballet Nacional de
Cuba (BNC) que tuvieron la posibilidad de lucirse
durante los
días
defebrero de 2005 en la sala García Lorca del
Gran Teatro de La Habana, se encuentra Ernesto Borrayo,
miembro del cuerpo de baile que interpretó con vigor y
habilidad uno de los dos hombres de Didenoi, y
uno de los dos apostadores en El reto (el dueño
de la gallina).
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E. Borrayo (extremo derecho) en
Didenoi,
junto a Verónica Corveas y Hassán González |
Su trayectoria es singular. Se graduó en Camagüey
(1995). Durante tres primaveras fue bailarín del Ballet
de esa ciudad. Pasó por el BNC. Se fue a bailar con
Habana Night, el espectáculo de Tropicana. Luego,
todavía no hace un año, regresó a la compañía que dirige
la Alonso. Aquí lo llaman por Borrayo, su primer,
sonoro, apellido.
«En el año de mi graduación», comentó, «y luego
trabajando en el Ballet de Camagüey, llegué a bailar en
el papel del príncipe Siegfried (El lago de los
cisnes). Quizás sin la experiencia necesaria, fue
uno de los momentos inolvidables de mi carrera.
«Ahora enfrenté Didenoi, un ballet contemporáneo,
una oportunidad para que el público me conociera como
solista, en otra vertiente, y El reto, pieza que
exige histrionismo y sentimiento.
«Estas son del tipo de obras que empiezo a preferir. Con
ellas iré recuperando o rehaciendo mi trayectoria desde
el cuerpo de baile. La gira de las figuras principales
del BNC por Holanda ha sido para nosotros una excelente
coyuntura.
«El BNC es una de las pocas compañías que mantiene su
lealtad a la danza clásica, esa es una de sus
características, por eso lo elogian los críticos, pero
no desestimaría la creación contemporánea, y podría
prestar más atención a dicha línea de trabajo.
«En ocasiones no retomamos más piezas modernas del
repertorio de la compañía, de Alberto Alonso o de otros
coreógrafos nacionales o extranjeros, porque en aquel
tiempo no se filmaban y guardaban para la posteridad con
la relativa facilidad con que se hace ahora.»
CORRIENDO Y A PRISA
Con rapidez anduvo por estos días la solista del BNC
Verónica Corvea. Perteneciente a la promoción de 1997,
ora peleando con la respiración dificultosa de su asma
tiránica, ora imponiendo el sello de su sonrisa, se
abrió paso entre las danzas, el dolor y las pasiones de
Ballo della Regina, Didenoi, Majísimo, y
El reto.
«No es la primera vez que hago una de las solistas de
ese divertimento que es el baile de la reina», se
entusiasmó Verónica. «Estamos hablando de una variación
encantadora. Se ha dicho que los especialistas de la
Fundación Balanchín consideran que ninguna compañía
interpreta esta pieza como lo hace el BNC.»
Didenoi
es más próxima en el tiempo, más moderna, en medias
puntas, pero no exenta de visos clásicos. Le tocó
estrenarlo el pasado 25 de diciembre, y bailarlo una y
otra vez ha sido un gozo para ella.
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Verónica Corveas en Didenoi,
junto a Hassán González |
La «dulce» música de la portuguesa Dulce Pontes (1969)
jugaría su papel en el impacto que produce en el
público. La luminosa voz, difícil de encasillar, le
imprime al ballet ternura y fuerza. Mas los pasos y
gestos de la coreografía, a seis manos, dos hombres y
una mujer, igual consiguen expresar, con tino, la idea
central.
«No son una mujer y dos hombres», entró en detalles la
bailarina, «ni dos hombres en la vida de una mujer, es
una mujer partida en dos por una circunstancia penosa y
concreta: la separación de su pareja. Entonces ni ella
misma sabe qué quiere o qué desea, reconquistar a la
persona amada o permanecer sola. Es un momento de
desbalance, algo que la propia autora, Maruxa Salas,
vivió y llevó a la escena.»
Majísimo,
el ballet escogido con acierto para cerrar la función de
estos dos sábados y dos domingos, probó la intrepidez y
el sentido de la responsabilidad de los jóvenes
bailarines. En una de las funciones (13 de febrero)
Alejandro Virelles y sus camaradas cumplieron la ruta
pautada en la coreografía para el personaje de Verónica:
«Fue una indisposición inesperada, ocasionada por una de
mis crisis de asma»,explicó la espigada solista, y
agregó: «Aprecio mucho el gesto de mis compañeros,
Majísimo se convirtió en un clásico de la escena
contemporánea cubana: entre todos pudimos salvarlo.»
Mención aparte merece el elenco de El reto,
capitaneado por la propia Verónica en la gallina, por un
soberbio José Losada en el gallo, y por los apostadores
Borrayo (ya hablamos de él) y Alfredo Ibáñez.
«Siempre quise interpretar este personaje», confesó la
Corvea. «Al apostador no le importa la fragilidad de la
gallina y la lleva a la valla para que lidie como un
gallo. El contrincante la hiere de muerte, y entonces se
percata de que ha luchado con una mujer. Intenta
revivirla, pero es tarde. Así, queriendo o no, le da el
picotazo final.
«El ballet es un símbolo. Estos retos las mujeres
solemos enfrentarlos a menudo. Con frecuencia peleamos
una batalla desigual, así de intensa, así de fuerte, y
también muchas veces nuestros contrincantes, aunque
tarde, nos reconocen y admiran el coraje.
«Me apoyé en los vídeos filmados a bailarinas
consagradas que en su momento bailaron la obra. Tal es
el caso de Gladys Acosta, y de la primerísima Ofelia
González, fue ella quien lo estrenó.»
Valiente fueron Verónica Corvea y sus compañeros del
ballet al enfrentar el reto de estas cinco «majísimas»
funciones. Majas por su belleza y gallardía, majas por
el aire humilde que flotó en el ambiente, majas por un
lujo raro, vestido de elegancia.
«Estamos contentos», resumió Verónica Corvea, «sentimos
que se nos da participación, que aprovechamos la
juventud, etapa de la vida caracterizada por la
vitalidad.
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Linnet González y A. Virelles en
Ballo della Regina |
«En lo personal, no lamento, sino que agradezco no haber
ido por esta vez a la gira del BNC. Fue una oportunidad
para interpretar papeles importantes, como solista, en
la sede habitual de la compañía. Eso me ayudará a
alcanzar fundamento. Mientras, sigo aspirando a bailar
Carmen.» |