Año III
La Habana
Semana 19 - 25
FEBRERO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

Adolfo Alfonso: un artista de pueblo
Odal Palma La Habana


Formando parte del tradicional bando rojo o bien del azul, Adolfo Alfonso, por más de siete décadas, le ha cantado a su pueblo, a la vida, a los símbolos patrios, a las palmas, a la campiña cubana y al amor. Es precisamente cantándole al amor en su acepción más amplia  cuando este consagrado decimista afirma sentirse verdaderamente realizado, porque “lo único que he hecho es dedicar con inmenso amor todo mi talento, todo mi corazón,  toda mi vida a la música para entregársela a mi pueblo que tanto la merece”. Así expresó, en exclusiva para La Jiribilla, quien recientemente fue galardonado con el Premio Nacional de la Música del año 2005.
 

Natural de Melena del Sur, en la provincia de La Habana y descendiente de canarios, Adolfo Alfonso de hecho nació para la música. A los catorce años ya cantaba los tangos de moda y, como él mismo asegura “parece que no lo hacía mal, porque la gente me aplaudía”. A los dieciséis, sin embargo, cambió radicalmente de género musical cuando escuchó una controversia entre Angelito Valiente y el Indio Naborí.

“En realidad por aquellos años me encantaba —y todavía me encanta—  cualquier tipo de música. Es cierto que al principio me gustaba mucho la música argentina, el tango sobre todo. Pero ya desde jovencito llevaba dentro de mí el ansia de la improvisación. A la letra de los tangos, por ejemplo,  yo siempre  estaba adicionándole algo improvisado. Y efectivamente a partir del  momento en que escuché la controversia entre los bandos azules y tricolor —que para mí fue una enseñanza tremenda— me di cuenta de que había nacido para la décima cubana, para la improvisación”, evoca sonriendo volviendo a disfrutar aquellos años mozos que ahora le traen de vuelta su memoria.

Seguidamente subraya: “la décima ha sido mi compañera de toda la vida, jamás he podido separarme de ella, aunque sigo cantando tangos solo lo hago en raras ocasiones y nunca en público, lo cual no indica que me hayan dejado de gustar”.

Fue en 1939, en la emisora CMBF, cuando Adolfo Alfonso comenzó oficialmente su carrera como decimista. “Logré llegar a la radio gracias fundamentalmente a la suerte. Conocía algunas personas que ya estaban vinculadas a algunas emisoras y ellas me ayudaron. Desde la primera presentación tuve aceptación y me quedé trabajando en un programa encaminado a complacer las peticiones de los oyentes y que dirigía Antonio Camino, un repentista integrante del bando azul”.

Sin lugar a dudas, la suerte continuó acompañándolo cuando poco tiempo después pasó a trabajar en Las Mil Diez, en un programa auspiciado por la firma cigarrera Partagás y dirigido por Justo Vega “con quien tuve la dicha de compartir en cada encuentro. Ese programa contaba con un elenco magnífico, de primera. En él figuraba, por ejemplo, Benny Moré que cantaba la apertura de un cuento guajiro que escribía el propio Justo. Era un programa verdaderamente estelar”.

Además de la CMBF radio y Las Mil Diez, Adolfo trabajó igualmente en CMQ y en Unión Radio. “Tuve la oportunidad de trabajar en varias emisoras, incluso, en distintos programas a la vez”.

Igual dicha le acompañaría en la televisión, donde en el programa El Guateque de Apolonio trasmitido por Telemando canal 2, tuvo el privilegio de compartir el set por poco más de un año con Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí.  “En ese programa el Indio hacía el papel de Liborito y yo el de Manengue. Con esos personajes hacíamos fuertes críticas a la dictadura de Batista. Decíamos cosas tan atrevidas en aquellos momentos  que un buen día llegamos allí y nos encontramos con que la policía nos estaba buscando a todos. Por supuesto, ya habían clausurado el programa”. 

De Adolfo Alfonso se asegura que es un decimista nato y neto. Pero él mismo afirma que todo cuanto ha logrado en este género de la música cubana se lo debe a su pareja artística y entrañable amigo Justo Vega. “Justo no ayudó a mi formación, más que eso, fue mi maestro en todos los sentidos de la vida. Me enseñó todo cuanto sé ahora. De este gran poeta guardo un recuerdo tan infinito. Considero que fue un hombre excelentísimo en toda la extensión de la palabra. Además de un poeta magnífico, un poeta muy dedicado a su trabajo, fue una persona con un talento y una personalidad increíble. La presencia de Justo Vega en cualquier lugar donde trabajara era símbolo de admiración, de cariño y de respeto.  Extraño a Justo como se puede extrañar a un padre, a un hermano o a un hijo. Porque todas esas cosas reunidas era Justo Vega para mí”.

Entonces, ¿por qué aquellas interminables polémicas  que solían aparecer en la televisión?

Las discusiones en la televisión y en la radio, eran simplemente parte de nuestro trabajo. A él no le gustaban las bromas, pero al público eso lo atraía y había que hacerlo porque era lo que fundamentalmente llamaba la atención. Estábamos cantando serio y en cuanto surgía cualquier palabra que tuviera algo de broma, o que solamente la insinuara, él cambiaba el carácter por completo y se disgustaba realmente. Pero en cuanto terminaba el programa éramos amigos inseparables. Justo tenía un respeto total y absoluto en todo el pueblo y estaba dedicado por entero a su trabajo. Para mí fue un hombre extraordinario, muy valioso. Creo que cuando algún día se escriba sobre la décima en Cuba, necesariamente habrá que mencionar el nombre de Justo Vega, por los grandes aportes que hizo a este género de la música cubana.

Después de la desaparición física de Justo, ¿no ha encontrado otra pareja?

Ni la he encontrado, ni tampoco he intentado buscar otra pareja para las controversias. No lo he buscado porque Justo llenó mucho mi vida. Cuando él murió yo también tenía unos cuantos años y me pareció insustituible su presencia. No obstante, en algunas ocasiones he hecho pareja para la televisión con el decimista Emiliano Sardiñas, que tiene también gran talento. Pero no resulta lo mismo. No siento con este poeta aquella afinidad tan grande como la que sentía por Justo. Hablando en términos beisboleros, Justo y yo éramos como short stop  y segunda. De mirarnos nada más sabíamos lo que íbamos a hacer.

Y el Indio Naborí, ¿representa algo en su vida profesional?

El Indio es el padre de la décima en Cuba. No hay un poeta en la Isla que no haya aprendido algo de Jesús Orta Ruiz. Él ha marcado una pauta eterna en lo que es el desarrollo de la décima. Es el símbolo más alto de nuestra décima.

Como buscando pretextos para una controversia instamos a Adolfo Alfonso a que escribiera sus décimas y poemas tal y como viene haciéndolo el Indio Naborí, quien ha legado con sus obras un magnífico tesoro al pueblo cubano. Razón de más para hacerse acreedor del Premio Nacional de Literatura del año 2004. “Ya estoy viejo, aseguró,  aunque tengo un cartapaso con algunas décimas, que ni siquiera he organizado. Eso lo dejo para mis memorias cuando muera.

Adolfo Alfonso, sin embargo, goza todavía de buena salud. Tanto es así que a pesar de algunos achaques a causa de los años hace alrededor de cuatro trabaja en  Las Palmeras, un ranchón típico campesino situado en La Habana Vieja. “Ahí sigo improvisando, sigo cantándole a mi pueblo y continuaré haciéndolo mientras tenga fuerza”.

Aunque para este gran poeta y repentista “el mayor premio que puede recibir un artista es que cuando ande por cualquier sitio se le reconozca y lo saluden con cariño y respeto”, quisimos preguntarle  de cualquier manera, ya en la despedida,  qué significado tenía para él el Premio Nacional de la Música, recientemente recibido.

Nuevamente se impuso la sencillez y la modestia de quien atesora varias placas, reconocimientos y distinciones entregadas en Cuba y en el extranjero, cuando respondió: “para mí fue una gran sorpresa; una sorpresa increíble. Sinceramente nunca imaginé recibir semejante premio. Hay otros muchos músicos que merecen esta distinción más que yo, porque tienen un talento extraordinario y un aval musical envidiable”.  
 

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600