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Dice la canción que la distancia es el olvido. Es
evidente que no siempre es así, es frecuente lograr
mantener amigos y amores a pesar de cientos de
kilómetros de separación. Pero algunos hemos llegado más
lejos, pudimos conseguir hacer amigos a los que nunca
habíamos podido ver.
Pero para los
latinos, tener amigos a los que uno nunca ha visto,
nunca ha abrazado, nunca ha tocado es una angustia
contranatural insoportable. En la Feria Internacional
del Libro de La Habana, los miembros del equipo de
Rebelión.org que pudimos venir nos hemos encontrado con
los amigos de La Jiribilla, conocimos sus caras,
les abrazamos, disfrutamos de sus sonrisas, les besamos.
Ellos sólo besan en una mejilla, pero como besan muchas
veces, al final termina compensando.
(...)
Lo más asombroso de
mis amigos de La Jiribilla no es que trabajen
muchas horas, es que yo juraría que trabajan siempre,
venga uno a la hora que venga siempre están aquí. Yo
creo que los trajeron con el mobiliario cuando empezó la
Feria y se los llevarán en el mismo camión de mudanzas
cuando termine. La verdad es que en mi país, también los
periodistas terminan muy tarde de las redacciones. Pero
allí no hay sonrisas, no hay alegría, no disfrutan de su
trabajo. Cuando hablan entre ellos es sobre la madre del
redactor-jefe y del director, de esa prometida subida
salarial que les permitirá escalar de categoría y mirar
por encima del hombro a sus compañeros, o de esa
entrevista que le quieren pisar al compañero.
Nada de eso les he
escuchado a mis amigos de La Jiribilla, están
demasiado ocupados sonriendo. Su periodismo, como su
país, no parece de mi mundo. Por eso yo quiero cambiar
de mundo, irme al mundo de Cuba, de La Jiribilla.
En esta semana me he
sentido con ellos más cerca que de la mayoría de colegas
con los que compartí redacción en España. Allí me hice
un huequito entre sus ordenadores y hasta orgulloso
estaba yo cogiendo el teléfono diciendo “Jiribilla
dígame” para asombro de todo el que llamaba.
Me voy dentro de
pocas horas, sintiendo que una parte de mi corazón queda
aquí. Seguro que pronto volveré. A partir de ahora no
serán mis amigos de La Jiribilla, ya siempre son
mis hermanos de La Jiribilla. |