Año III
La Habana
Semana 12 - 18
FEBRERO
de 2005

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Mis hermanos de La Jiribilla
Pascual Serrrano La Habana
Fotos:
Diego


Dice la canción que la distancia es el olvido. Es evidente que no siempre es así, es frecuente lograr mantener amigos y amores a pesar de cientos de kilómetros de separación. Pero algunos hemos llegado más lejos, pudimos conseguir hacer amigos a los que nunca habíamos podido ver.  

Pero para los latinos, tener amigos a los que uno nunca ha visto, nunca ha abrazado, nunca ha tocado es una angustia contranatural insoportable. En la Feria Internacional del Libro de La Habana, los miembros del equipo de Rebelión.org que pudimos venir nos hemos encontrado con los amigos de La Jiribilla, conocimos sus caras, les abrazamos, disfrutamos de sus sonrisas, les besamos. Ellos sólo besan en una mejilla, pero como besan muchas veces, al final termina compensando.  

(...)

Lo más asombroso de mis amigos de La Jiribilla no es que trabajen muchas horas, es que yo juraría que trabajan siempre, venga uno a la hora que venga siempre están aquí. Yo creo que los trajeron con el mobiliario cuando empezó la Feria y se los llevarán en el mismo camión de mudanzas cuando termine. La verdad es que en mi país, también los periodistas terminan muy tarde de las redacciones. Pero allí no hay sonrisas, no hay alegría, no disfrutan de su trabajo. Cuando hablan entre ellos es sobre la madre del redactor-jefe y del director, de esa prometida subida salarial que les permitirá escalar de categoría y mirar por encima del hombro a sus compañeros, o de esa entrevista que le quieren pisar al compañero.   

Nada de eso les he escuchado a mis amigos de La Jiribilla, están demasiado ocupados sonriendo. Su periodismo, como su país, no parece de mi mundo. Por eso yo quiero cambiar de mundo, irme al mundo de Cuba, de La Jiribilla.  

En esta semana me he sentido con ellos más cerca que de la mayoría de colegas con los que compartí redacción en España. Allí me hice un huequito entre sus ordenadores y hasta orgulloso estaba yo cogiendo el teléfono diciendo “Jiribilla dígame” para asombro de todo el que llamaba.  

Me voy dentro de pocas horas, sintiendo que una parte de mi corazón queda aquí. Seguro que pronto volveré. A partir de ahora no serán mis amigos de La Jiribilla, ya siempre son mis hermanos de La Jiribilla.

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