Año III
La Habana
Semana 12 - 18
FEBRERO
de 2005

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EL ROJO EN LA PUNTA DEL LÁPIZ
(Prensa, censura e identidad en el XIX cubano)
Lázaro I. Rodríguez Oliva La Habana


 

Postexto, Red de Estudios de Comunicación y Cultura

Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan  Marinello.

“Suficientes todavía para no saber. No saber lo

que dicen. No saber qué es lo que las palabras

que dice dicen. ¿Dice? Segrega. Di mejor peor

segrega. Qué es lo que las palabras que segrega

dicen. Qué susodicho vacío. Susodicha tenuidad.

Susodichas sombras. Susodichos sede y germen

de todo. Suficientes para saber que no se sabe.

No se sabe qué es lo que las palabras que segrega

dicen. No se dice. No se dice qué es todo lo que

de algún modo dicen.”

Samuel Becket, Rumbo a Peor.[1]

El trazo firme circulando la palabra, la frase, el párrafo. El trazo firme que suprime. El trazo firme del lápiz rojo del censor en el escenario de la censura: la prensa, la prensa colonial del período entreguerras. El lápiz rojo. Prensa, censura e identidad cubana (1878–1895) de Alaín Basaíl Rodríguez es una de las propuestas del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello en este año 2005.

Fresco de imprenta,  El Lápiz rojo…es uno de esos textos no frecuentes en el desanimado panorama de la investigación histórica de medios y cultura en la Isla. El Lápiz rojo…tiene por diana los vínculos entre el poder colonial, las elites y la prensa en Cuba entre 1878 y 1895. Como acierta su autor, muestra “el poder del lápiz rojo para configurar conocimientos y prácticas, sin poder impedir otras ideas, configuraciones y experiencias”[2] Las expresiones de la dominación, el consenso y la resistencia –de hegemonía, de hecho– una lectura de un momento de “tregua”, de contrapunteo, de reformas que no fueron conquistas, como bien recuerda María del Pilar Díaz en el prólogo[3].

Este estudio toma como escenario los contenidos culturales del proceso de modernización a finales del siglo XIX, develando con exhaustividad los conflictos de intereses, las incertidumbres, las rupturas y los proyectos. El Lápiz rojo… al tiempo de estudiar los recursos y competencias de los censores, parece llamarnos, como sugieren Briggs y Burke[4] a no sobreestimar la eficacia del sistema de censura. Alain Basaíl se había detenido en las relaciones entre el desacuerdo y la identidad colectiva, nada más y nada menos que desde las trasgresiones, las profanaciones, los contrasentidos y las seducciones.

Por tanto, la novedad de un libro como este en Cuba, además del objeto que tematiza, radica en que combina el estudio de la emisión y la recepción como momentos–espacios dialécticos, sin perder de vista por ello, las “puestas en forma”, como diría Bourdieu, o sea, la investigación de las formas más especificadas del discurso, sus propiedades –de forma, y no solo de contenido– como una resultante de sus condiciones sociales de producción, “las que determinan lo que ha de decirsey aquellas “que determinan el campo de recepción en el cual se oirá lo que ha de decirse[5] Y esto recuerda la necesidad de vincular la producción, la circulación y el consumo como procesos integrados e inseparables. La perspectiva de este libro en torno a los imaginarios, al consumo cultural, a la cultura impresa, se complementa con un análisis históricos serio sobre la prensa y el poder, desentrañando la institucionalidad, tramada de intereses, poderes, actores y redes sociales que subyacen en una propuesta comunicativa, en una política comunicativa específica como la que se estudia entre 1878 y 1895.

Da gusto oír hablar de un “control cultural de la prensa”, de los “soportes jurídicos de la censura”, en los que incluye tanto los permisos de impresión, la censura propiamente dicha, como los procesos judiciales. El Lápiz rojo…va presentando sus ideas justamente a partir de las explicaciones de posibilidad que el contexto permite sin determinismos, y cuando hablo de este aspecto me refiero a los cambios políticos, de la estructura social y el ámbito cultural en general que caracterizan la sociedad cubana en el caldo de la modernización.

Desde el punto de vista de su perspectiva, Basaíl sortea los lugares comunes de las cómodas descripciones, la mera exposición de los hechos, y se promete integrar en el análisis textos y contextos a lo Geertz[6]. Una orientación interpretativa, según confiesa el autor, que se concentra en el no tan estudiado par sistema comunicativo–sistema social, tomando como estrategia de investigación y de escritura la conjunción del análisis histórico, la perspectiva comunicológica y la propuesta sociológica.

Cuando en la introducción, el sociólogo plantea su propósito de “ir de una colección de fragmentos y episodios seleccionados de la prensa, a las mediaciones culturales en juego en la época” está participando de una de las corrientes críticas de la comunicología latinoamericana. Y sigue fiel a este propósito a lo largo del libro cuando lejos de concentrarse en los medios, o en este caso en la censura, el autor, estudia las resistencias, las apropiaciones, los usos, los procesos de recepción más amplios ubicados en la complejidad de la cultura que los posibilita.[7]

Pensando este libro a partir del eje de “lo público”, podría destacarse el trabajo con una fuente imprescindible en este tipo de estudios históricos: Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública[8], de Habermas. Por suerte, Basaíl parece superar aquella visión estilizada de la opinión pública en esta constatación empírica particular e históricamente determinada por nuestra propia “modernidad latinoamericana”. Y me atrevo a afirmar esto a partir del reconocimiento del propio Habermas de la necesidad de irse a la búsqueda de una “pluralización de la publicidad” que surge con su modalidad burguesa a partir de sus mecanismos de exclusión. “Pero el término exclusión adquiere otro sentido menos radical cuando en las propias estructuras de la comunicación se forman simultáneamente varios foros donde, junto a la publicidad burguesa hegemónica, entran en escena otras publicidades subculturales o específicas de clase de acuerdo con premisas propias que no se avienen sin más.”[9]

Sin dudar del logro del tratamiento de “lo público” en El Lápiz rojo…, pienso que habría sido útil al autor la lectura de otros textos recurrentes en este tipo de estudios sobre lo público, y estoy pensando en un texto como el de Robert Sennet, El declive del hombre público[10],  y su propia idea sobre la transformación estructural de la esfera pública. Como también habrían sido interesantes los análisis de Keane[11] sobre la “esfera pública” como aquel ámbito de la vida en la cual los ciudadanos inventaban sus identidades bajo la sombra del poder estatal. Esta perspectiva tiene mucho que ver con la de Basaíl, en especial si tenemos en cuenta que lo que le interesa a Keane es el concepto de “esfera pública”, pero incluso otros, también modernos y asociados a él, como opinión pública, vida pública, etc. A los fines de este valioso ensayo que es El Lápiz rojo… su utilidad habría radicado en su advertencia sobre lo obsoleto de comprender la “esfera pública unificada, así como su consecuente imagen de una república territorialmente delimitada e integrada de ciudadanos que anhelaban estar a la altura del concepto de bienestar público”. En un sentido figurativo explica, y esto también resulta de utilidad en el enfoque de Basaíl, que la esfera pública experimenta una “refeudalización” y aclara que no en el sentido habermasiano, sino a partir de la conformación de un “complejo mosaico de esferas públicas de diversos tamaños, que se traslapan e interconectan y que nos obligan a reconsiderar radicalmente nuestros conceptos sobre la vida pública y sus términos ‘asociados’, tales como opinión pública, bienestar público, y la diferenciación público-privado. [12]

Lo cierto es que Basaíl pone a la censura y al disenso en el mapa de la hegemonía, al incluir tanto las estrategias como las tácticas de comunicación en su producción social y cultural. Pero como si esto no fuera suficiente, el autor consigue una obra no solo de rigor histórico, sino de una sólida e inusitada factura teórica y metodológica, que se confirma tanto en la combinación de la tecnología de la investigación (análisis de contenidos, análisis documentales, etc.), como en la confluencia de varios saberes tradicionales (historia, sociología, filosofía, comunicología), incorporados con una efectividad que satisface el requerimiento del censor metodológico más atento.

Según el acertado volumen de Montero y Rueda, a una historia de la comunicación social le interesan “los procesos y hechos comunicativos que constituyen un factor fundamental en la articulación de los grupos sociales a lo largo de la historia.”[13] Este libro que hoy  aparece en el panorama editorial del país, con el sello del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello llega no solo como una historia social de un objeto comunicativo y cultural como la censura en el siglo XIX cubano, sino que participa, desde su concepción, enfoque y logro, de una historia social de los medios de comunicación, una historia social atenta a los procesos de recepción, que busca explicaciones de posibilidad, mediaciones culturales, sin desestimar los medios y los intereses que los producen.

Notas:

[1] Becket, Samuel. Rumbo a Peor.Barcelona: Lumen, 2001, p. 53.

[2] Basaíl Rodríguez, Alain. El Lápiz Rojo. Prensa, censura e identidad cubana (1878–1895). La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2004, p. 17

[3] Díaz Castañón, María del Pilar. El difícil arte de la censura. Prólogo. En Basaíl,  op. cit. pp. 9–12.

[4] Briggs, Asa y Meter Burke, De Gutemberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid, 2002, p. 65.

[5] Bourdieu, Pierre. La Censura. En, Sociología y cultura. México: Grijalbo, 1990, p. 159.

[6] Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Barcelona: Editorial Gedisa, 1987.

[7] El viraje crítico de los medios a las mediaciones, queda explicado con detalles por Martín–Barbero, J. De los medios a las mediaciones. Bogotá: Convenio Andrés Bello, 1998, p. xxviii. (En la introducción a esta edición)

[8] México, Gustavo Gilí, S.A. de C.V, 1997.

[9] Habermas, op. cit. , p. 6.

[10] Barcelona: Península, 1978.

[11] Keane, John. 1997. Transformaciones estructurales de la esfera pública. En, Estudios Sociológicos, México, enero-abril, 1997. Disponible en Hemeroteca Virtual UNUIES. < http://www.hemerodigital.unam/mx>  (21.10.2003)

[12] Keane, op. cit., 1997.

[13] Montero, Julio et José Carlos Rueda. Introducción a la Historia de la Comunicación Social. Barcelona: Ariel, 2001, p. 22.

 

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