Año III
La Habana
Semana 12 - 18
FEBRERO
de 2005

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William H. Blum
Estado villano
Hilario Rosete Silva La Habana

 


William Henry Blum

Nació en Nueva York en 1933 y se llama William Henry Blum. En el City College de la Gran Manzana se graduó de Economía y Contabilidad. No tiene otros títulos académicos o científicos.

Desde 1966, cuando siendo funcionario del Departamento de Estado se opuso a la Guerra de Vietnam, comenzó a considerársele “radical” y/o “disidente”.

Ante sus ojos de extranjero, los principales logros del proyecto revolucionario cubano se asocian con la Salud Pública, la Educación y las políticas dirigidas a la niñez y a la juventud, mientras las insuficiencias, relacionadas con determinada política editorial en la esfera de la prensa, se justifican por las circunstancias impuestas por el bloqueo y la amenaza yanqui.

Dentro o fuera de EE.UU. escribió centenares de artículos y media docena de libros tributarios de un tema siempre caliente: la política exterior del imperio.

Su obra Estado villano, publicada en Cuba (por primera vez en español) gracias a la Editora Abril de la UJC, sería presentada en el pináculo de la XIV Feria Internacional del Libro, el domingo 13 de febrero, a la una de la tarde, mientras él terminaba de escribir conjetura probable el boletín mensual Anti-Empire Report.

Enterados del acontecimiento editorial, con diez días de antelación le enviamos a su dirección electrónica un mensaje que era presentación, excusa y ruego para que nos concediera una entrevista, todo a la vez. Supusimos que conocía la lengua española, y, con gran expectativa, le anexamos un cuestionario de 36 preguntas, agrupadas en cuatro partes.

No habían pasado 24 horas cuando recibimos su respuesta. Lamentaba que su español no fuese “bastante bueno” para una entrevista. Comprendía las preguntas, mas temía que sus contestas escritas en el idioma de Cervantes resultaran “demasiado sencillas”.

Con todo, probó a responder algunas, del tipo, “mi nombre es William Henry Blum”, “nací en 1933 en Nueva York”, mas no llegó a escribir 80 palabras, admitió que la redacción en lengua española le exigía “mucho tiempo”, y se disculpó por no poder continuar.

Con la impotencia del hambriento a quien le dan a probar y luego lo dejan sin comida, le cursamos un segundo correo. Nos alegraba recibir su respuesta. Si él comprendía las preguntas, nos las podía responder en inglés, nosotros buscaríamos un experto para traducirlas. No era justo que por ese detalle la entrevista se quedase a medias.

Cinco horas más, por si las moscas, volvimos a escribirle. Le avisamos que ya contábamos con el traductor y, para seguirlo entusiasmando o convenciendo, le enseñamos cómo habían quedado redactados sus primeros balbuceos de respuesta en español, los que ahora conforman los primeros cuatro párrafos del presente trabajo.

Tal vez por interés personal, tal vez por cortesía, a los dos días recibimos de él 14 brevísimas respuestas, en inglés, fruto menguado para quienes solemos jactarnos, en ocasiones equivocadamente, de hacer hablar por los codos al interlocutor.

“Estimado W. Blum”, volvimos a la carga, “nuestro cuestionario inicial, en español, se dividía en cuatro partes. En su primer intento de réplica, escribiendo en lengua española, usted contestó casi todas las preguntas de la parte uno. Luego, en inglés, nos respondió a la mayoría de las interrogantes de las partes tres y cuatro. Las que conforman la parte dos permanecen sin responder. Se las reenviamos, escritas en inglés. Si usted les prestara atención seríamos los redactores más felices de Cuba.”

El primer lunes de febrero, a las 9 de la mañana, el “disidente” norteamericano, con mucha delicadeza, dictaba sentencia: “Por favor, acepten lo que les he enviado, no tengo tiempo para más, les he contestado las preguntas que creí más importantes”.

“No se preocupe”, le respondimos quedándonos quietos, “agradecemos su paciencia, su tiempo y su ayuda. Las susodichas preguntas y respuestas fueron lo suficiente para hilvanar las costuras de una minientrevista.”

Así, con largas puntadas, planchadas por el envés y el revés, se la entregamos al lector, mientras la Editora Abril presenta en la Feria Estado villano, publicada en Cuba (por primera vez en español) y el autor, conjetura probable, pone punto final a otro “ejercicio disidente”: la redacción del boletín mensual Anti-Empire Report.

PETRÓLEO, ISRAEL, GLOBALIZACIÓN Y OTRAS RAZONES

¿Qué significa la presentación de Estado villano en la XIV Feria Internacional del Libro en Cuba?

No sabré hasta que el libro salga en Cuba. Para ese entonces espero poder escuchar los criterios de diversas personas, cubanas o no, desconocedoras de la anterior existencia del libro.

¿Cuál fue la motivación que lo decidió a entregarle su libro a la Editora Abril?

Quería que el libro se publicara en español. Entre los principales idiomas, esta era una de las pocas lenguas que aún no tenía su versión.

¿Cuáles fueron sus mayores trabas en el trabajo con los editores cubanos?

Si “trabas” significa “obstáculos”, entonces el mayor problema fue el tiempo que se tomaron los cubanos en su traducción y publicación. Ellos desecharon las traducciones previas.

¿Por qué escogió de “mediador” al escritor franco-colombiano Hernando Calvo Ospina?

Él aseguró que me ayudaría a publicar el libro en Cuba sin más, sin ninguna demora.

¿No viajó a la Isla para la presentación?

El gobierno de EE.UU. pone todo bien difícil para los americanos que viajan a Cuba.

¿Cuál es la diferencia entre Estado villano (Editora Abril), y El Estado agresor. La guerra de Washington contra el mundo (Status Ediciones)?

Se basan en el mismo libro, así que deben ser muy similares. Pero aún no he visto la versión de Estado villano.

¿Qué novedad encerraría dicha versión para los cubanos?

Pienso que mucho de lo que se halla en el capítulo de Estado villano dedicado a Cuba, sería noticia para algunos cubanos. Y claro, sería noticia para la mayoría de los americanos.

¿Hay muchos otros William Blum en EE.UU., periodistas independientes, escritores, intelectuales y/o activistas, queriendo publicar sus opiniones en Cuba?

Sí, sus artículos pueden encontrarse en toda la Internet.

Usted considera que EE.UU. es blanco de ataques terroristas a causa de su política exterior. ¿Por qué el gran pueblo estadounidense no piensa como usted?

La mayoría de las personas de toda sociedad, pasada o presente, creen lo que el gobierno y los medios les dicen. Esto no es sorpresa. En EE.UU. virtualmente todos los diarios y las redes de televisión son propiedad de poderosas corporaciones que tienen un interés personal en el mantenimiento del statu quo. Esto se manifiesta con particularidad en la Administración Bush.

¿Cuestiona suficientemente la prensa norteamericana la guerra contra el terrorismo?

El cuestionamiento actual es mayor al de hace tres años. Si en aquel entonces los medios hubiesen tenido estas reservas, podrían haber prevenido las invasiones de Afganistán e Iraq.

¿Usted votó por Bush o por Kerry? ¿Es demócrata o republicano? ¿Cuál es la diferencia?

Yo voté por Rafael Nader. Mientras más pasa el tiempo, la diferencia entre republicanos y demócratas tiende a cero. En política extranjera no difieren absolutamente unos de otros.

Los demócratas piden que se precisen las tareas futuras de EE.UU. en Iraq. ¿Se atreve a vaticinar el futuro?

No, no tengo idea de lo que podría suceder.

¿En qué se parecen o se diferencian Iraq y Vietnam?

EE.UU. no quería que perdurase el recuerdo de Vietnam. Su objetivo era destruir el país, evitar que sirviera como buen ejemplo de alternativa al capitalismo para otras naciones subdesarrolladas. Pero a EE.UU. le interesa que Iraq sea recordado, y con esto están vinculados los temas petróleo, Israel, globalización y otros...

¿Qué espera del segundo mandato de Bush?

Aún peor que el primero. Estoy pensando en abandonar el país.

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