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William Henry Blum |
Nació en Nueva York en 1933 y se llama William Henry
Blum. En el City College de la Gran Manzana se
graduó de Economía y Contabilidad. No tiene otros
títulos académicos o científicos.
Desde 1966, cuando siendo funcionario del
Departamento de Estado se opuso a la Guerra de
Vietnam, comenzó a considerársele “radical” y/o
“disidente”.
Ante sus ojos de extranjero, los principales logros del
proyecto revolucionario cubano se asocian con la Salud
Pública, la Educación y las políticas dirigidas a la
niñez y a la juventud, mientras las insuficiencias,
relacionadas con determinada política editorial en la
esfera de la prensa, se justifican por las
circunstancias impuestas por el bloqueo y la amenaza
yanqui.
Dentro o fuera de EE.UU. escribió centenares de
artículos y media docena de libros tributarios de un
tema siempre caliente: la política exterior del imperio.
Su obra Estado villano, publicada en Cuba (por
primera vez en español) gracias a la Editora Abril de la
UJC, sería presentada en el pináculo de la XIV Feria
Internacional del Libro, el domingo 13 de febrero, a la
una de la tarde, mientras él terminaba de escribir
―conjetura
probable―
el boletín mensual Anti-Empire Report.
Enterados del acontecimiento editorial, con diez días de
antelación le enviamos a su dirección electrónica un
mensaje que era presentación, excusa y ruego para que
nos concediera una entrevista, todo a la vez. Supusimos
que conocía
la lengua española, y, con gran expectativa, le anexamos
un cuestionario de 36 preguntas, agrupadas en cuatro
partes.
No habían pasado 24 horas cuando recibimos su respuesta.
Lamentaba que su español no fuese “bastante bueno” para
una entrevista. Comprendía las preguntas, mas temía que
sus contestas escritas en el idioma de Cervantes
resultaran “demasiado sencillas”.
Con todo, probó a responder algunas, del tipo, “mi
nombre es William Henry Blum”, “nací en 1933 en Nueva
York”, mas no llegó a escribir 80 palabras, admitió que
la redacción en lengua española le exigía “mucho
tiempo”, y se disculpó por no poder continuar.
Con la impotencia del hambriento a quien le dan a probar
y luego lo dejan sin comida, le cursamos un segundo
correo. Nos alegraba recibir su respuesta. Si él
comprendía las preguntas, nos las podía responder en
inglés, nosotros buscaríamos un experto para
traducirlas. No era justo que por ese detalle la
entrevista se quedase a medias.
Cinco horas más, por si las moscas, volvimos a
escribirle. Le avisamos que ya contábamos con el
traductor y, para seguirlo entusiasmando o convenciendo,
le enseñamos cómo habían quedado redactados sus primeros
balbuceos de respuesta en español, los que ahora
conforman los primeros cuatro párrafos del presente
trabajo.
Tal vez por interés personal, tal vez por cortesía, a los dos días recibimos
de él 14 brevísimas respuestas, en inglés, fruto
menguado para quienes solemos jactarnos, en ocasiones
equivocadamente, de hacer hablar por los codos al
interlocutor.
“Estimado W. Blum”, volvimos a la carga, “nuestro
cuestionario inicial, en español, se dividía en cuatro
partes.
En su primer intento de réplica, escribiendo en
lengua española, usted contestó casi todas las preguntas
de la parte uno. Luego, en inglés, nos respondió a la
mayoría de las interrogantes de las partes tres y
cuatro. Las que conforman la parte dos permanecen sin
responder. Se las reenviamos, escritas en inglés. Si
usted les prestara atención seríamos los redactores más
felices de Cuba.”
El primer lunes de febrero, a las 9 de la mañana, el
“disidente” norteamericano, con mucha delicadeza,
dictaba sentencia: “Por favor, acepten lo que les he
enviado, no tengo tiempo para más, les he contestado las
preguntas que creí más importantes”.
“No se preocupe”, le
respondimos quedándonos quietos, “agradecemos su
paciencia, su tiempo y su ayuda. Las susodichas
preguntas y respuestas fueron lo suficiente para hilvanar las costuras de una minientrevista.”
Así, con largas puntadas, planchadas por el envés y el
revés, se la entregamos al lector, mientras la Editora
Abril presenta en la Feria
Estado villano,
publicada en Cuba (por primera vez en español) y el
autor, conjetura probable, pone punto final a otro
“ejercicio disidente”: la redacción del boletín mensual
Anti-Empire Report.
PETRÓLEO, ISRAEL, GLOBALIZACIÓN Y OTRAS RAZONES
¿Qué significa la presentación de Estado villano
en la XIV Feria Internacional del Libro en Cuba?
No sabré hasta que el libro salga en Cuba. Para ese
entonces espero poder escuchar los criterios de diversas
personas, cubanas o no, desconocedoras de la anterior
existencia del libro.
¿Cuál fue la motivación que lo decidió a entregarle
su libro a la Editora Abril?
Quería que el libro se publicara en español. Entre los
principales idiomas, esta era una de las pocas lenguas
que aún no tenía su versión.
¿Cuáles fueron sus mayores trabas en el trabajo con
los editores cubanos?
Si “trabas” significa “obstáculos”, entonces el mayor
problema fue el tiempo que se tomaron los cubanos en su
traducción y publicación. Ellos desecharon las
traducciones previas.
¿Por qué escogió de “mediador” al escritor
franco-colombiano Hernando Calvo Ospina?
Él aseguró que me ayudaría a publicar el libro en Cuba
sin más, sin ninguna demora.
¿No viajó a la Isla para la presentación?
El gobierno de EE.UU. pone todo bien difícil para los
americanos que viajan a Cuba.
¿Cuál es la diferencia entre Estado villano
(Editora Abril), y El Estado agresor. La guerra de
Washington contra el mundo (Status Ediciones)?
Se basan en el mismo libro, así que deben ser muy
similares. Pero aún no he visto la versión de Estado
villano.
¿Qué novedad encerraría dicha versión para los
cubanos?
Pienso que mucho de lo que se halla en el capítulo de
Estado villano dedicado a Cuba, sería noticia para
algunos cubanos. Y claro, sería noticia para la mayoría
de los
americanos.
¿Hay muchos otros William Blum en EE.UU., periodistas
independientes, escritores, intelectuales y/o
activistas, queriendo publicar sus opiniones en Cuba?
Sí, sus artículos pueden encontrarse en toda la
Internet.
Usted considera que EE.UU. es blanco de ataques
terroristas a causa de su política exterior. ¿Por qué el
gran pueblo estadounidense no piensa como usted?
La mayoría de las personas de toda sociedad, pasada o
presente, creen lo que el gobierno y los medios les
dicen. Esto no es sorpresa. En EE.UU. virtualmente todos
los diarios y las redes de televisión son propiedad de
poderosas corporaciones que tienen un interés personal
en el mantenimiento del statu quo. Esto se
manifiesta con particularidad en la Administración Bush.
¿Cuestiona suficientemente la prensa norteamericana
la guerra contra el terrorismo?
El
cuestionamiento actual es mayor al de hace tres años. Si
en aquel entonces los medios hubiesen tenido estas
reservas, podrían haber prevenido las invasiones de
Afganistán e Iraq.
¿Usted votó por Bush o por Kerry? ¿Es demócrata o
republicano? ¿Cuál es la diferencia?
Yo voté
por Rafael Nader. Mientras más pasa el tiempo, la
diferencia entre republicanos y demócratas tiende a
cero. En política extranjera no difieren absolutamente
unos de otros.
Los
demócratas piden que se precisen las tareas futuras de
EE.UU. en Iraq. ¿Se atreve a vaticinar el futuro?
No, no
tengo idea de lo que podría suceder.
¿En qué se parecen o se diferencian Iraq y Vietnam?
EE.UU.
no quería que perdurase el recuerdo de Vietnam. Su
objetivo era destruir el país, evitar que sirviera como
buen ejemplo de alternativa al capitalismo para otras
naciones subdesarrolladas. Pero a EE.UU. le interesa que
Iraq sea recordado, y con esto están vinculados los
temas petróleo, Israel, globalización y otros...
¿Qué
espera del segundo mandato de Bush?
Aún peor que el primero. Estoy pensando en abandonar el
país. |