Año III
La Habana
Semana 12 - 18
FEBRERO
de 2005

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Eliseo Diego: la prosa hecha luz
Indira Valero La Habana

 

no poseyendo más 
entre cielo y tierra que 
mi memoria, que este tiempo; 
decido hacer mi testamento. 
Es este: 
les dejo 
el tiempo, todo el tiempo. 
 (Testamento)   Eliseo Diego

 Eliseo Diego en La Jiribilla
 

Lo conocí en invierno, una de esas extrañas mañanas de febrero donde sol y nubes se alternan en dramática confusión. Un amigo me confió en secreto que en mañanas como esas él podía verlo y era su mano el puente, el añorado puente que lo cruzaba al lado de las definiciones. Me habló de bellos fantasmas que habitan el 508 de la calle E, en el Vedado habanero y enamorados, agradecen ya el sol, ya la sombra, y tienen el don de la poesía.

Aquella vez pude verlo: era Eliseo Diego, la luz que desbordó los ojos del buen amigo… inundándome.

Todo

está inmóvil ahora, como a salvo

del tiempo que se va

         sesgado, a oscuras

por el secreto de tus venas

                                  (Quietud)

Hoy, por obra y gracia de aquel milagro extraño y de la editorial UNIÓN se repitió el encuentro. Estaba el poeta hecho prosa, relato,  y tan gigante como entonces se levantó ante mí.

Cuentos, de Eliseo Diego, es la muestra, ya incuestionable, de que es siempre y más que todo, aquel que “inventa desde el alma hasta el zapato para vivir, para estar en la armonía innegable del universo. Sus sentidos son preguntas que se llenan de silencio al responder”.

El volumen contiene la prosa completa publicada por el autor: En las oscuras manos del olvido (1942), Divertimentos (1946), Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña (1968), Noticias de la quimera (1975)  y tres cuentos inéditos.

Lo distingue la poesía como forma de hacer; todo confluye allí, donde la palabra alza el vuelo y deviene intenso lirismo. Sin embargo, no por ello dejan sus cuentos de tener un fuerte carácter narrativo. La belleza del lenguaje es una huella que singulariza su obra enriqueciéndola, nunca una limitante para el nivel de concisión y sugerencia que alcanza.

Los cuentos de Eliseo tienen la magia de quien logra hilvanar una historia intensa y colorearla con poesía, la capacidad de emplear la palabra precisa, la que más evoca, la que más conmueve los sentidos y los hace detonar.

El poeta, ahora narrador eficiente y no menos talentoso, se burla de mí, de mis ojos también llenos de luz.

No puedo evitarlo. Es descortés, pero ustedes me dan más risa que nada.

Es cierto que estoy muerto y que ustedes me miran y están vivos.

Pero yo estoy muerto de risa.

                                                      (Olmeca)

Su obra, ese “sitio en que tan bien se está”, nos brinda el espacio de la identificación, de reconocernos en el mundo que recrea ora ficcionado, ora de memorias, cuya calidez nos tienta a hablar con su voz en los instantes definitivos.

Quizá fue esa la magia que cautivó al jurado del Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, para que en fallo unánime le fuera concedido el galardón, entre 195 candidatos, durante la celebración de la VII Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, en 1993.

Antes, había sido laureado con el Premio Máximo Gorki por sus versiones al español de poemas de grandes escritores rusos, el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra, Premio de la Crítica por dos años consecutivos 1988 y1989. En 1992 la Universidad del Valle en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa.

"Solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana", expresó Octavio Paz, escritor mexicano Premio Nobel de Literatura, cuando esta aconteció el martes 1ro. de marzo de 1996.

 (…)Huyendo raudo hacia la gloria transparente en demasía, hacia una gloria hecha de puros aires y de nada, por la que fue perdiéndose tu globo como una nubecilla de nieve, como una gaviota ya inmóvil, como un punto ya él mismo transparente…

                                        (Una ascensión en La Habana)

Y así, muerto de risa, se me escapa, se me deshace, espíritu de amor ante mis ojos. Solo me quedan estas páginas y un buen amigo para recordarlo.

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