|
no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;
decido hacer mi testamento.
Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.
(Testamento) Eliseo Diego
Lo conocí en
invierno, una de esas extrañas mañanas de febrero donde
sol y nubes se alternan en dramática confusión. Un amigo
me confió en secreto que en mañanas como esas él podía
verlo y era su mano el puente, el añorado puente que lo
cruzaba al lado de las definiciones. Me habló de bellos
fantasmas que habitan el 508 de la calle E, en el Vedado
habanero y enamorados, agradecen ya el sol, ya la
sombra, y tienen el don de la poesía.
Aquella vez pude
verlo: era Eliseo Diego, la luz que desbordó los ojos
del buen amigo… inundándome.
Todo
está inmóvil
ahora, como a salvo
del tiempo que se
va
―sesgado,
a oscuras―
por el secreto de
tus venas
(Quietud)
Hoy, por obra y
gracia de aquel milagro extraño
―y
de la editorial UNIÓN―
se repitió el encuentro. Estaba el poeta hecho prosa,
relato, y tan gigante como entonces se levantó ante mí.
Cuentos,
de Eliseo Diego, es la muestra, ya incuestionable, de
que es siempre y más que todo, aquel que “inventa
desde el alma hasta el zapato
para vivir, para estar en la armonía innegable del
universo. Sus sentidos son preguntas que se llenan de
silencio al responder”.
El volumen contiene
la prosa completa publicada por el autor: En las
oscuras manos del olvido (1942), Divertimentos
(1946), Muestrario del mundo o Libro de las
maravillas de Boloña (1968), Noticias de la
quimera (1975) y tres cuentos inéditos.
Lo distingue la
poesía como forma de hacer; todo confluye allí, donde la
palabra alza el vuelo y deviene intenso lirismo. Sin
embargo, no por ello dejan sus cuentos de tener un
fuerte carácter narrativo. La belleza del lenguaje es
una huella que singulariza su obra enriqueciéndola,
nunca una limitante para el nivel de concisión y
sugerencia que alcanza.
Los cuentos de Eliseo
tienen la magia de quien logra hilvanar una historia
intensa y colorearla con poesía, la capacidad de emplear
la palabra precisa, la que más evoca, la que más
conmueve los sentidos y los hace detonar.
El poeta, ahora
narrador eficiente y no menos talentoso, se burla de mí,
de mis ojos también llenos de luz.
No
puedo evitarlo. Es descortés, pero ustedes me dan más
risa que nada.
Es cierto que estoy muerto y que ustedes me miran y
están vivos.
Pero yo estoy muerto de risa.
(Olmeca)
Su obra, ese “sitio
en que tan bien se está”, nos brinda el espacio de la
identificación, de reconocernos en el mundo que recrea
―ora
ficcionado, ora de memorias―,
cuya calidez nos tienta a hablar con su voz en los
instantes definitivos.
Quizá fue esa la
magia que cautivó al jurado del
Premio Internacional
de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo,
para que en fallo unánime le fuera concedido el
galardón, entre 195 candidatos, durante la celebración
de la VII Feria Internacional del Libro de Guadalajara,
México, en 1993.
Antes, había sido
laureado con el
Premio Máximo Gorki
por sus versiones al español de poemas de grandes
escritores rusos, el Premio Nacional de
Literatura por el conjunto de su obra,
Premio de la Crítica por dos años consecutivos 1988
y1989. En 1992 la Universidad del Valle en Cali,
Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa.
"Solo faltaba la
muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la
Literatura Latinoamericana", expresó Octavio Paz,
escritor mexicano Premio Nobel de Literatura, cuando
esta aconteció el martes 1ro. de marzo de 1996.
(…)Huyendo raudo
hacia la gloria transparente en demasía, hacia una
gloria hecha de puros aires y de nada, por la que fue
perdiéndose tu globo como una nubecilla de nieve, como
una gaviota ya inmóvil, como un punto ya él mismo
transparente…
(Una ascensión
en La Habana)
Y
así, muerto de risa, se me escapa, se me deshace,
espíritu de amor ante mis ojos. Solo me quedan estas
páginas y un buen amigo para recordarlo. |