CANDIL PERPETUO
La XIV Feria del Libro de La Habana ya es un suceso. Entre lectores, escritores y críticos se siente el calor que produce el comentario perspicaz y la alegría de obtener la indumentaria necesaria para esperar ―leyendo― la próxima edición del incrementado, en espacio físico, evento cultural.

Este año la desbordante presencia de la cultura brasileña y los encuentros de editores continúa apoyada por la presencia del debate filoso entre intelectuales de marcado renombre reunidos bajo el signo que cada vez preocupa más: La defensa de la humanidad. Aunque la ausencia sentida de una parte de nuestro continente, por absurdas e incompetentes leyes y restricciones del gobierno norteamericano, hace que pensadores de la talla de James Petras y editoriales norteamericanas se vean excluidos del evento.

¿Qué podemos esperar de un país donde se considera ilegal asistir a una Feria del Libro o donde se acalla o excluyen la publicación de un libro como La ciudad de las Columnas, de Alejo Carpentier, una de las figuras más importante de nuestro universo cultural? Esta postura, perfectamente comprensible teniendo en cuenta el nivel de manipulación informativa que se maneja sobre nuestro país, es coherente ―aunque no menos necia― con la exclusión de los premios que otorga la Academia del cine norteamericano de documentales como Fahrenheit 9/11 o la película La pasión de Cristo de los premios de este año. ¿Será que hay censura en EE.UU.?

En definitiva, lo importante de esta claridad cultural que se eleva en este oscuro mundo corroído por las guerras y las injusticias es el candil que, aunque pequeño, prestamos al mundo.

LA JIRIBILLA. 2005