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Dosis de testimonio, imaginación y gran
perseverancia. Recreo del pensamiento de Fidel. Certeza
y ambigüedad
Pasadas las once horas de este día, martes 8 de
febrero, en la sala Onelio Jorge Cardoso de la
vetusta fortaleza de San Carlos de la Cabaña, fue
presentada Bajo el signo de Leo (Editora
Abril de la UJC), última creación literaria de la
redactora y amiga Míriam Zito Valdés (La Habana,
1943), directora desde hace varios años de la
entrañable Juventud Técnica, revista
científico-técnica popular de la juventud cubana,
léase jóvenes entre 17 y 35 abriles.
Míriam Zito no es Leo, sino Aries, se licenció en
Periodismo en 1981 y cuenta, en la actualidad, con
varios diplomados. Lleva 24 años en el ejercicio de la
profesión. Todavía le parecen pocos...
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Míriam Zito,
autora
de
Bajo el signo de
Leo |
De todo lo que escribió y publicó en los órganos de
prensa recuerda con agrado un reportaje sobre la
obtención de avestruces por incubación artificial, logro
precoz de los especialistas del Jardín Zoológico
Nacional en los años 80, y una entrevista a la doctora
Leda Menéndez, miembro de la famosa expedición En canoa
del Amazonas al Caribe (1987).
Tenaz en
sus convicciones y propósitos, entre las glorias de su
biografía productiva Míriam Zito destaca el regreso en
1996 de la antedicha Juventud Técnica, eclipsada
en la primera mitad de los 90 por la escasez de papel
que trajo el período especial.
Siendo una de las más perseverantes divulgadoras y
promotoras de la ciencia y la técnica en el país, la
vocación de escritora vino evolucionando calladamente en
su interior, un tanto retrasada de sus esencias
primigenias: primero fue periodista y luego progresó en
los caminos de la investigación histórica. Con todo, ni
le teme ni elude el calificativo de escritora. Lo es.
Tiene cuatro libros publicados y varios inéditos.
Aún cuando escogió para su primer libro un título
realmente patético –Sin salida (1989),
inquietante relato sobre Celso Maragotto, mártir de la
Revolución cosido a balazos en 1957–, cree que siempre
hay un resquicio por donde escurrirse: “La propia muerte
es solo un paso hacia otro tipo de mundo”.
Asalto
(1998), su segundo libro, reconstruyó los sucesos
acaecidos el 13 de marzo de 1957 en el antiguo Palacio
Presidencial. Mientras lo escribía se enamoró de José
Antonio, y de los trece (de quince) supervivientes a los
que entrevistó en el curso del estudio, y se quedó
pensando en el coraje de las mujeres que los secundaron:
“Dichas mujeres, muchachas jóvenes, los escondieron en
casas puestas a nombre de ellas, les cocinaron y
alimentaron, los disfrazaron para trasladarlos en
máquinas de alquiler de un lugar a otro, les buscaron
médicos cuando hizo falta... Admiro a esas madres,
novias y compañeras... Algunas, como Zoila Lapique y
Natalia Bolívar, aún están con nosotros. Tenemos una
deuda con ellas, urge recuperar sus testimonios.”
Y sin
embargo... ciencia
(1999), fue el tercer libro firmado –entre ocho
periodistas– por Míriam Zito, y para él entrevistó a
Eduardo Ordaz, Orfilio Peláez, Estrella Rey, Alcides
Sagarra, Rosa Elena Simeón, y otros investigadores
cubanos.
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Enrique Hernández,
diseñador
de
Bajo el signo de
Leo |
Cinco
años más y llega a nuestras manos Bajo el signo de
Leo (350 cuartillas). Diseñada por Enrique
Hernández, y editada por Bryseis Socarrás y Malvis
Molina, la obra, imagen, espejo y reflejo del
pensamiento de Fidel Castro Ruz sobre la ciencia y la
técnica nacionales, ha de constituirse en obligado
material de consulta y referencia.
EN TODO
MINUCIOSO
¿Cuáles fueron sus presupuestos a la hora de escribir el
libro? –le preguntamos a la autora.
Primero, ejemplificar cómo en el progreso de esta esfera
de acción en Cuba florece el ideario de Fidel Castro
―respondió
la escritora y periodista. Cada vez que los colegas
metemos las narices en uno de estos temas, cada vez que
nos disponemos a divulgar un logro o una generalización
de la ciencia y la técnica en este país a lo largo de 46
años, encontramos, en sus orígenes, un concepto de
Fidel.
¿A qué época se remontan las primeras ejemplificaciones?
El libro se inicia con el discurso pronunciado por Fidel
―luego
del asalto al cuartel Moncada―
ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba el día
16 de octubre de 1953. Por su valor jurisprudente, dicho
alegato, conocido como La historia me absolverá,
marca un hito en la ciencia jurídica contemporánea. La
afirmación explica por qué en la primera década de los
años 70, la Universidad Carolina de Praga le otorgó al
orador el grado de doctor honoris causa en
Derecho.
El alegato contiene, además, el programa del Moncada.
Un programa que fue cumplido y enriquecido.
¿Luego salta la obra a los días del triunfo de enero?
Todavía no. Antes descubre, he ahí una novedad, cómo
durante los meses de la lucha guerrillera en plena
Sierra Maestra (1957-1958), enfrentados a un ejército
poderoso, los rebeldes hacen sus primeras aplicaciones,
algunas muy elementales, de la ciencia y la técnica: se
fabrican cócteles molotov, se construyen dos cañones, se
instala y se echa a andar, por iniciativa de Ernesto Che
Guevara, una radioemisora en una de las patas de La Mesa
(actual provincia de Santiago de Cuba)... Dicha emisora,
escuchada en toda la Isla, exigía, para su correcto
funcionamiento, soluciones de alto rigor técnico.
¿Dónde termina el libro?
Esta es una minuciosa investigación histórica que sigue
un orden cronológico. Comienza ya sabemos cómo, pasa por
aquella manifestación de Fidel, hecha pública en 1960,
cuando dijo que el nuestro debía de ser necesariamente
un país de hombres de ciencia, y termina el 13 de agosto
de 2002, el día del cumpleaños 76 del Comandante, en el
Acuario Nacional, donde él se reunió con un grupo de
niños. No lo abarca todo, pero engloba lo más
importante.
¿Coquetea el libro con la ambigüedad?
Aunque todo fue dicho con mucha certeza, la ambigüedad
está en el propio título, y cobra fuerza en los párrafos
finales: “Lo cierto es que este hombre decidido y
arrestado, de pensamiento brillante e inteligencia y
memoria privilegiadas, valiente e impetuoso..., que se
proyecta fuera de su época y de su país para trascender
con su impronta a la historia universal, ve la luz un 13
de agosto de 1926, bajo el signo de Leo... Como una gran
paradoja
―la
ciencia nunca le ha aceptado a la Astrología, y menos al
Zodiaco, su fundamento científico―,
Fidel Castro Ruz, nacido bajo ese signo, impulsó y
protagonizó no solo una gran revolución social,
económica y cultural, sino una profunda revolución
científica y técnica...”
¿Es Fidel Castro el único personaje central?
El leitmotiv del libro es, ya lo vimos, ilustrar
cómo en el avance de la ciencia y la técnica cubanas
subyace su pensamiento, sin embargo, y tal vez aquí
encontremos otra ambigüedad, yo misma me pregunto si las
propias ciencia y técnica nacionales podrían
considerarse como otros dos grandes personajes...
¿En qué difiere esta obra de otras que también tienen a
Fidel como personaje central?
En la
novedad de las anécdotas. El libro incluye testimonios
de más de 50 personalidades científicas. Mediante las
anécdotas aflora la humanidad del Comandante, su manera
de ser, su forma de proyectarse, su personalidad, el
hombre que es.
¿Hay
anécdotas de otros dirigentes de la Revolución?
Sí, hay
una anécdota inédita del Che Guevara. La cuenta Luis
Gálvez Taupier, director del Instituto Cubano de
Investigaciones
de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA). Luis
participó en un encuentro que los estudiantes de la
Universidad de Oriente sostienen con el Che en 1962. En
su presencia, Gálvez mencionó a Gabriel del Mazo, uno de
los promotores de la Reforma Universitaria de la
Universidad de Córdoba, elegido hacia 1918 presidente de
la Federación Universitaria Argentina (FUA). El Che le
preguntó a Luis si conocía o había leído a Gabriel del
Mazo. Luis contesta que sí, aún cuando sus lecturas
sobre el aludido eran muy pobres. El Che le rectifica,
“Gabriel del Mazo se limpió el... con la Reforma de
Córdoba”, y anima a los estudiantes para que sigan
investigando sobre Reforma Universitaria.
¿Cómo se relaciona la Reforma Universitaria con el
avance científico-técnico?
Entre los
objetivos de cualquier Reforma Universitaria estarían la
creación de nuevas carreras, la abolición de la cátedra
vitalicia, el ordenamiento de la estructura funcional,
la creación de órganos para la asesoría técnica, el
impulso a la investigación científica, la ampliación del
régimen de becas, el florecimiento de la extensión
universitaria, y, en fin, el fomento de la enseñanza
activa. La Reforma Universitaria contempla la aplicación
de la ciencia y la técnica en los altos estudios. El Che
fue su promotor entre nosotros.
¿El libro tendría influjo en la formación de valores?
Ejercería
influencia en la formación de valores humanos, políticos
e ideológicos. Es un libro especializado, pero también
de época. No puede hablarse de ciencia y técnica en Cuba
sin mencionar las transformaciones sociales. No puede
hablarse, por ejemplo, de introducción de la ciencia y
la técnica en la agricultura nacional, sin citar las dos
leyes de Reforma Agraria.
EL FIN CORONA LA OBRA
¿Reconoce ascendientes en la escritura de sus libros?
Mis lecturas son desordenadas, pero soy una lectora
incansable. Leo con afán a García Márquez y a Hemingway.
He leído mucho, desde El Quijote, de Miguel de
Cervantes, hasta Todo el tiempo de los cedros, de
Katiuska Blanco. Esa es una de las facetas de mi vida
que mis compañeros desconocen. Con independencia de los
temas que atiende, el periodista debe poseer una cultura
general integral y estar presto a una continua
actualización.
¿Admite su propensión al género testimonio?
Sin duda, y esto se explica por el vínculo del
testimonio con el periodismo. El testimonio se asocia
con la entrevista. Siempre que hay entrevista, hay
diálogo, búsqueda de la verdad entre dos personas. Un
diálogo puede llevarnos a vericuetos sorprendentes.
Entrenado en él, cualquiera puede sondear las
profundidades de su interlocutor.
¿Aspira a incursionar en otros géneros?
Uno de mis libros inéditos es una novela. No será nada
del otro jueves, pero ahí está.
Bajo el signo de Leo,
¿es algo del otro jueves?
Sí: dentro del género testimonial es digno de llamar la
atención.
Maragotto en Sin salida, los héroes y mártires de
Asalto, los entrevistados de Y sin embargo...
ciencia, y el propio Fidel, nacido bajo el signo de
Leo, luchan por un único ideal.
Son compañeros de camino y/o relevos de una misma
carrera.
¿Les pedirían perdón los vivos a los muertos por su
dicha de hoy, como lo hiciera Silvio en su “Pequeña
serenata”?
No lo creo. Ya lo explicó Mario Benedetti: “Cantamos
porque el niño y porque todo/ y porque algún futuro y
porque el pueblo/ Cantamos porque los sobrevivientes/ y
nuestros muertos ¡quieren que cantemos!”
Rigurosa con sus subalternos, y consentida entre sus
amistades, ¿cuán difícil le ha sido a Míriam Zito marcar
estos hitos literarios?
Unos me ayudaron de corazón y otros me entorpecieron de
gratis. Sin embargo, tanto las ayudas como los frenos
son partes lógicas del paisaje. Vencer la prueba de
metros con vallas es a la carrera de la vida lo que un
manjar al paladar. |