|

Vicente Battista
,
Belén Gopegui
y
Daniel Chavarría
en el encuentro de editores |
La edición de libros quizás sea la parte de la creación
menos conocida por los lectores, ansiosos por devorar
las páginas de una obra, pero muy pocas veces
interesados en la dinámica de la redacción, la
corrección y hasta la distribución, antesala de
cualquier texto final. Sin embargo, en esta gran fiesta
de la literatura, los editores se reúnen, comparten y
dialogan con sus escritores, con su público lector, en
un intercambio multidireccional en el que todos
participan desde su experiencia.
Como
parte de este primer encuentro de editores en esta
Feria, solo un tema bastó para provocar el diálogo
en la Sala Nicolás Guillén de nuestra Cabaña: “El
mercado del libro”. ¡Qué tema! Y más aún cuando la
charla vino de manos de tres prestigiosos nombres de
la literatura hispanoamericana como Belén Gopegui
(España), Vicente Battista (Argentina) y Daniel
Chavarría (Uruguay-Cuba).
Belén
Gopegui, autora de títulos como La escala de los
mapas (1993), La conquista del aire (1998) y
El lado frío de la almohada (2004), inició las
intervenciones con una fascinante descripción de cómo en
Europa, y particularmente en España, “es el mercado
quien construye al autor”, es decir, cómo los medios de
comunicación y todas las redes de distribución y venta
son los encargados de moldear el pensamiento de un
escritor en aras de lograr mayores ganancias.
“Para
llegar a tener una marca el autor necesita no solo
ofrecerse a sí mismo como un producto vendible, sino
ofrecer, claro está, textos que se vendan, que sean
publicados por ciertas editoriales, de los cuales se
hable en los medios, que aparezcan en los recuentos,
etcétera. De modo que el autor soñará con escribir su
gran obra, y sin quererlo a veces, y otras queriendo, se
preguntará cómo vender mucho.”
Al final
de su exposición, la escritora se hace la pregunta que
tal vez se repitan muchos creadores en el mundo entero,
afanosos de huir, de abandonar ese sistema mercantil que
convierte la literatura en un mero acto de compra-venta:
¿cómo escapar de la trampa?, a lo que responde
simplemente que no conoce grandes trucos, solo un largo
camino por hacer, que señala por diferentes vías.
“Trabajar en la creación de circuitos mediáticos e
institucionales distintos y capaces de conferir, ellos
sí, legitimidad. Crear circuitos de distribución
―y
esto es algo que apenas se ha empezado―
que permitan que otras obras de ficción lleguen a
determinados lugares. Cuestionar de forma activa las
legitimidades propuestas por el mercado, y trabajar
políticamente en la construcción de un espacio económico
y cultural distinto, un espacio como el que aquí en Cuba
existe, y que al extenderse haría menos fatigosa la
lucha contra el chantaje y la presión de los grandes
grupos”.
Sobre el
mismo hilo, el argentino Vicente Battista, periodista y
autor de numerosos títulos entre los que figuran Los
muertos (Premio Casa de las Américas), Sucesos
argentinos (Premio Planeta) y Literatura
Latinoamericana en Lengua Española (ensayo);
manifestó algo muy parecido a lo que ocurría en España,
según lo relatado por Belén Gopegui, pues en la nación
sudamericana “el mercado los obliga a convertirse en
estrellas mediáticas, es decir, estrellas de radio, de
cine, de televisión”.
“En el
medioevo escaseaban los lectores (…) No había manera de
confundir buenos libros con buenas ventas (...) Hoy sí.
Celebramos con igual fervor a Paulo Coelho y a José
Saramago; en definitiva, ambos escriben novelas, ambos
escriben en portugués y, lo que de verdad importa: ambos
venden muy bien. Este último detalle hasta hace poco
interesaba a los editores, a los distribuidores y a los
libreros. Ahora también preocupa a un buen número de
escritores”.
Como
mismo Belén ofreció algunas pautas a seguir por las
venideras generaciones de escritores del mundo, Battista
señala que “se trata de prescindir gentilmente del
mercado y hacer buen uso de esa libertad”.
Daniel
Chavarría, nuestro querido Chava, habló de su corta
experiencia en el mundo del mercado, como parte de esa
intelectualidad cubana que no lidia con los patrones
comerciales, aunque sí con otras cuestiones relacionadas
con el universo del libro.
Para
quienes formaron parte de su graciosa charla, el Chava
relató cómo en el año 1978, su primera novela, Joy,
fue acogida con gusto por las editoriales cubanas. Por
aquel entonces, el hoy famoso escritor era solo un
principiante que incursionaba en el género policiaco,
tema abordado hasta la saciedad en un momento de grandes
transformaciones para nuestro país, de grandes
pronunciamientos políticos a favor de la causa
revolucionaria.
Aunque mencionó algunos de sus contrariedades con
editoriales extranjeras, interesadas en publicar su
obra, el Chava, como cariñosamente le decimos, deseó
para el porvenir de la literatura, editoriales más
preocupadas por el “buen arte” y no por el negocio. |