Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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El fenómeno Chava
Paquita Armas Fonseca La Habana
Fotos:
Diego, Alejandro Ramírez
 

Han pasado casi tres décadas desde que los lectores cubanos sucumbiéramos ante el encanto de Joy. Era la primera novela del fenómeno Chava, sí porque ese uruguayo aplatanado en Cuba, que responde al nombre de Daniel Chavarría  deviene fenómeno editorial cada vez que presenta un título.

Este lunes a la una de la tarde (no sábado, ni domingo, a las cuatro o las seis) centenares de personas se agolparon para comprar Viudas de sangre y  Una pica en Flandes, sus dos últimas novelas inéditas en Cuba y que ya, en el caso de la primera, tuvo una multitudinaria presentación con “lenguaje de adultos, sexo y violencia” en un Sábado del libro, al decir jacarandoso de su autor.

Muchas de las personas que fueron a la Cabaña comentaban que no pudieron alcanzar el libro en su presentación anterior. Esas mismas personas, en una sala Nicolás Guillén abarrotada, irrumpieron en aplausos cuando el escritor entró, tan dueño y señor del espectáculo como un roquero o un sonero de fama. Porque si uno se divierte horrores a la vez que aprende leyendo a Chava, sucede otro tanto ante su charla. El profesor, EL BUEN PROFESOR, de griego y latín que engatuzó a centenares de estudiantes de la Universidad de La Habana, emerge cuando dialoga con un público heterogéneo.

Desde Joy, ganadora del Premio Capitán San Luis, Chava no ha dejado de acumular éxitos: el  Dashiell Hammett otorgado por la AIEP en Gijón,  por Allá ellos, Asturias, 1992; el  Planeta,  por El ojo de Cibeles, México, 1993; el  Casa de las Américas, por El rojo en la pluma del oro, en el 2000; el Edgar Allan Poe, por Adiós muchachos, Nueva York, 2002,  el Alejo Carpentier, por Viudas de Sangre en el 2004 y el Ciutat de Palma de Novela Camilo José Cela para Príapos, hace unos pocos días.

Sobre esa cantidad  de premios  dice: “Yo no tengo miedo a perder. Hay mucha gente que se siente desprestigiado porque manda a un premio y no se lo dan. Pero a mí no me importa eso. Por eso me lo gano. Si no compras billetes de lotería, cómo te la vas a ganar”.

Por supuesto que el reconocido autor tiene también sus dudas: “Me preocupa que la gente piense que tengo el dinero como objetivo principal, que soy un mercenario, pero no es así. Tampoco puedo afirmar que lo desprecio, sería una tontería que nadie creería; por el contrario, pensarían que soy un bandolero, lo peor”.

Y también confiesa sus recursos para conseguir la atención: “Trato de utilizar siempre los recursos de la novela divertida, que tenga un poco el elemento policíaco, el tema erótico, el humor, la comedia”.

Con la escritora española Belén Gopegui

Príapos, por ejemplo,  es la historia de un médico recién graduado: “El personaje descubre en esa intrincada zona de la geografía cubana una incidencia de priapismo, esa enfermedad que provoca una erección patológica que puede durar días y que puede terminar en gangrena o en una intervención quirúrgica. Te la tienen que cortar porque te mueres”. Y según Chava ese médico se propone indagar si hay alguna causa especial que provoque el padecimiento. “Se pregunta si existe un insecto especial que los pica o alguna otra especial razón. Su idea es que si descubre de qué se trata podrá inventar una suerte de viagra cubana. La historia es una gran jodedera, algo muy divertido”.

Pero si divertidas son las historias de este escritor, a la vez son compendios de cultura. Solo alguien que haya hecho carne y sangre suya a la cultura helénica puede escribir una novela como El ojo de cibeles, en la que mitos antiguos se entrelazan con las sutilezas de la narración policial.

Este autor, cubano por adopción, sobre Una pica en Flandes, apunta: “Es de ese tipo de literatura que no permite que la gente suelte el libro. Una novela de alto contenido político sin “teque”. Apelo al recurso de la emoción, provocando que se enamoren de los protagonistas o, al menos, participen activamente de sus peripecias. Después, uno puede, de una manera subrepticia, introducir un mensaje ideológico. No olvides que si la literatura se convierte en proclama o en ensayo, pierde calidad estética”.

El hombre político que es Chava declaró a la prensa que dedicó esa obra a los Cinco héroes cubanos prisioneros  del imperio: “Desde que se inició la administración de Bush, vivo en un estado de indignación permanente. Cuando abro un periódico, si me permite utilizar un término científico, me empi..., por las mentiras, la distorsión de la realidad; por el descaro con que las grandes potencias avasallan la verdad. Un tipo como este —no tengo calificativos para nombrarlo— me enoja, sinceramente. Y estos muchachos representan un símbolo muy alto, gente que efectivamente se la está jugando en defensa de su país, para protegerlo contra el terrorismo, tratando de controlar la mafia de Miami, desde afuera, sin crear conflictos y, hasta cierto punto, haciéndole un favor a Norteamérica. Hay que no interesarse por el caso de ellos para no sufrir que hayan sido tratados con ese colmo de injusticia, condenados a vivir en condiciones deplorables tantísimos años. Ellos son la flor de la especie cubana. Y Cuba es la sociedad más justa del mundo, aun cuando haya dificultades, carencias, iniquidades, pero eso es muy poquito al lado de las grandes virtudes. Y una persona joven que entrega su vida, ―porque meterse en la cueva del lobo es hacerlo―, lo merece. Estos cinco jóvenes, de alguna manera, también están vinculados con mis personajes”.
 

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