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Han pasado casi tres décadas desde que los lectores
cubanos sucumbiéramos ante el encanto de Joy. Era
la primera novela del fenómeno Chava, sí porque ese
uruguayo aplatanado en Cuba, que responde al nombre de
Daniel Chavarría deviene fenómeno editorial cada vez
que presenta un título.
Este
lunes a la una de la tarde (no sábado, ni domingo, a las
cuatro o las seis) centenares de personas se agolparon
para comprar
Viudas de sangre
y Una
pica en Flandes, sus dos últimas novelas inéditas en
Cuba y que ya, en el caso de la primera, tuvo una
multitudinaria presentación con “lenguaje de adultos,
sexo y violencia” en un Sábado del libro, al decir
jacarandoso de su autor.
Muchas de las
personas que fueron a la Cabaña comentaban que no
pudieron alcanzar el libro en su presentación anterior.
Esas mismas personas, en una sala Nicolás Guillén
abarrotada, irrumpieron en aplausos cuando el escritor
entró, tan dueño y señor del espectáculo como un roquero
o un sonero de fama. Porque si uno se divierte horrores
a la vez que aprende leyendo a Chava, sucede otro tanto
ante su charla. El profesor, EL BUEN PROFESOR, de griego
y latín que engatuzó a centenares de estudiantes de la
Universidad de La Habana, emerge cuando dialoga con un
público heterogéneo.
Desde Joy, ganadora del Premio Capitán San Luis,
Chava no ha dejado de acumular éxitos: el Dashiell
Hammett otorgado por la AIEP en Gijón, por Allá
ellos, Asturias, 1992; el Planeta, por El ojo
de Cibeles, México, 1993; el Casa de las Américas,
por El rojo en la pluma del oro, en el 2000; el
Edgar Allan Poe, por Adiós muchachos, Nueva York,
2002, el Alejo Carpentier, por Viudas de Sangre
en el 2004 y el Ciutat de Palma de Novela Camilo José
Cela para Príapos, hace unos pocos días.
Sobre esa cantidad
de premios dice: “Yo no tengo miedo a perder. Hay mucha
gente que se siente desprestigiado porque manda a un
premio y no se lo dan. Pero a mí no me importa eso. Por
eso me lo gano. Si no compras billetes de lotería, cómo
te la vas a ganar”.
Por supuesto que el
reconocido autor tiene también sus dudas: “Me preocupa
que la gente piense que tengo el dinero como objetivo
principal, que soy un mercenario, pero no es así.
Tampoco puedo afirmar que lo desprecio, sería una
tontería que nadie creería; por el contrario, pensarían
que soy un bandolero, lo peor”.
Y también confiesa sus recursos para conseguir la
atención: “Trato de utilizar siempre los recursos de la
novela divertida, que tenga un poco el elemento
policíaco, el tema erótico, el humor, la comedia”.
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Con la escritora española Belén Gopegui |
Príapos, por
ejemplo, es la historia de un médico recién graduado:
“El personaje descubre en esa intrincada zona de la
geografía cubana una incidencia de priapismo, esa
enfermedad que provoca una erección patológica que puede
durar días y que puede terminar en gangrena o en una
intervención quirúrgica. Te la tienen que cortar porque
te mueres”. Y según Chava ese médico se propone indagar
si hay alguna causa especial que provoque el
padecimiento. “Se pregunta si existe un insecto especial
que los pica o alguna otra especial razón. Su idea es
que si descubre de qué se trata podrá inventar una
suerte de viagra cubana. La historia es una gran
jodedera, algo muy divertido”.
Pero si divertidas
son las historias de este escritor, a la vez son
compendios de cultura. Solo alguien que haya hecho carne
y sangre suya a la cultura helénica puede escribir una
novela como El ojo de cibeles, en la que mitos
antiguos se entrelazan con las sutilezas de la narración
policial.
Este autor, cubano
por adopción, sobre Una pica en Flandes, apunta:
“Es de ese tipo de literatura que no permite que la
gente suelte el libro. Una novela de alto contenido
político sin “teque”. Apelo al recurso de la emoción,
provocando que se enamoren de los protagonistas o, al
menos, participen activamente de sus peripecias.
Después, uno puede, de una manera subrepticia,
introducir un mensaje ideológico. No olvides que si la
literatura se convierte en proclama o en ensayo, pierde
calidad estética”.
El
hombre político que es Chava declaró a la prensa que
dedicó esa obra a los Cinco héroes cubanos prisioneros
del imperio: “Desde que se inició la administración de
Bush, vivo en un estado de indignación permanente.
Cuando abro un periódico, si me permite utilizar un
término científico, me empi..., por las mentiras, la
distorsión de la realidad; por el descaro con que las
grandes potencias avasallan la verdad. Un tipo como este
—no tengo calificativos para nombrarlo— me enoja,
sinceramente. Y estos muchachos representan un símbolo
muy alto, gente que efectivamente se la está jugando en
defensa de su país, para protegerlo contra el
terrorismo, tratando de controlar la mafia de Miami,
desde afuera, sin crear conflictos y, hasta cierto
punto, haciéndole un favor a Norteamérica. Hay que no
interesarse por el caso de ellos para no sufrir que
hayan sido tratados con ese colmo de injusticia,
condenados a vivir en condiciones deplorables tantísimos
años. Ellos son la flor de la especie cubana. Y Cuba es
la sociedad más justa del mundo, aun cuando haya
dificultades, carencias, iniquidades, pero eso es muy
poquito al lado de las grandes virtudes. Y una persona
joven que entrega su vida, ―porque meterse en la cueva
del lobo es hacerlo―, lo merece. Estos cinco jóvenes, de
alguna manera, también están vinculados con mis
personajes”.
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