Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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Turibio Santos: la fuente viva de Villa-Lobos
Pedro de la Hoz La Habana


¡Al fin Turibio Santos en La Habana, por más señas en el teatro Amadeo Roldán: todo un acto de justicia poética! Desde los 60, en la ciudad de nuestro Alejo Carpentier, quien descubrió a los cubanos la grandeza de Heitor Villa-Lobos, uno de los referentes de excelencia de la guitarra, para profesores, estudiantes y melómanos, fue Turibio. Con Segovia como punto y aparte, como recordaba el maestro Jesús Ortega, circulaban las grabaciones de Leo Brouwer (sobre todo aquella primera de la EGREM con el Elogio de la danza), John Williams y Turibio Santos, en las placas del sello Erato, que el propio guitarrista había suministrado a Ortega durante su providencial encuentro en Pilsen, el paraíso checo de la cerveza, en 1968.

Ahora, mediante la XIV Feria Internacional del Libro Cuba 2005, el gran maestro brasileño pisa por primera vez suelo cubano para satisfacer un viejo sueño compartido entre unos y otros, y, por supuesto, él mismo. Y, claro que tenía que ser con Villa-Lobos a cuestas, con la gracia y el repunte de saudade quintaesenciado en el “Choro no. 1”, interpretado en la jornada inaugural, y el “Concierto para guitarra y pequeña orquesta”, con el que cerró la jornada sinfónica del sábado último.   

A medida que pasa el tiempo, la herencia de Villa-Lobos se agiganta. El hombre que dijo: “el folclor soy yo”, aludiendo a su defendido punto de vista acerca de que el reflejo de la más elaborada identidad musical de su país no pasaba necesariamente por remedar citas folclóricas, sino por una visión visceral y cósmica de las raíces acumuladas, dejó para la guitarra obras imprescindibles.

En la promoción de dichos valores, Turibio fue un adelantado. A los 19 años, en su primera grabación, visitó por primera vez la serie de Doce estudios, y a partir de entonces no ha dejado de insistir en Villa-Lobos ―desde 1985 dirige el Museo que lleva el nombre del gran autor―, a quien asume como totalidad expresiva del alma musical brasileña.  

A fin de cuentas, el guitarrista halló en el compositor una ruta definitoria: la articulación del llamado lenguaje erudito con la vertiente popular.

Por ello es que en su hoja de vida se dan la mano dos mundos reconciliables gracias a su sensibilidad y su talento. Compartir escena, como lo ha hecho en más de cuatro décadas de trayectoria profesional, con el hebreo Yehudi Menuhim, el ruso Mitislav Rostropovich, la española Victoria de los Ángeles, la Royal Philarmonic Orchestra de Londres, la English Chamber Orchestra, la Orquesta Nacional de Francia y la Filarmónica de Colonia, ha sido tan intensa y válida experiencia como redescubrir la obra de Joao Pernambuco y Dilermando Reis, entremezclarse con el virtuosismo popular de Jacob do Bandolim o jazzear a lo brasileño con el saxofonista Paulo Mora, la pianista Clara Sverder y la cantante Olivia Byington.

Alumno de Antonio Rebelo y luego de Segovia, Turibio cuenta entre sus grandes hazañas artísticas la creación de dos orquestas de guitarra en su país y la grabación en 1999 de uno de los más tremendos panoramas de la guitarra brasileña en el que junto a Villa-Lobos refulgieron partituras de Sergio Barbosa, Edino Krieger y Chiquinha Gonzaga.

Con la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Enrique Pérez Mesa, la experiencia resultó magnífica. Turibio y sus instrumentistas se entendieron en estilo y fluidez, para entregar un Villa-Lobos vivo y conceptualmente maduro, espléndido en su pujanza. 
 

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