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El hecho de que esta
XIV Feria Internacional del Libro de La Habana esté
dedicada a Brasil nos ha traído no solo varias decenas
de editoriales y títulos del país sudamericano, sino
también su arte fotográfico, pictórico y musical. Entre
los regalos sobresale el concierto que ofreció la
Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de
Enrique Pérez Mesa, interpretando obras de Puccini,
Strauss y del gran compositor brasileño Heitor
Villalobos.
Aunque al versátil
autor se le ha escuchado mucho en Cuba, sobre todo
durante los Festivales internacionales de guitarra de La
Habana, la interpretación que hizo de su Concierto
para guitarra y orquesta el solista Turíbio Santos
consiguió francos aplausos de quienes acudieron al
Teatro Amadeo Roldán. Una ejecución limpia, de
digitalización clara dejó disfrutar de las inquietudes
del maestro, a la vez que de la inteligente capacidad
interpretativa de un instrumentista de probado talento.
Horas antes el lobby
del Teatro había acogido una exposición fotográfica que
destaca importantes momentos en la vida de Villalobos y
su relación con destacadas personalidades de la música
del siglo XX como el pianista Arthur Rubinstein; además
aparecen testimonios gráficos de la presencia del
compositor junto a la soprano Iris Bruguet y la Orquesta
Filarmónica de La Habana en los años 30.
Pero escuchar a
Villalobos y cómo lo asumió Santos no fue el único
obsequio de la velada. Junto a una orquesta que cada día
proclama su paso hacia una rotunda madurez, asistimos a
una de las pocas presentaciones en Cuba de la soprano
Yolanda Hernández, residente en Europa. Su entrega
interpretativa ―apoyada en una imagen apasionada,
hermosa y segura sobre la escena― permitió que la
variedad tímbrica de su voz cautivara sin alardes y que
los espectadores establecieran una sincronía sentimental
y anclada en los sentidos que solo auspician la música
elevada, el intérprete virtuoso.
Villalobos, Santos y
Hernández han regalado a la fiesta del libro y la
literatura otro tesoro tan preciado como el pretexto que
los convoca: el insustituible manjar de la buena música.
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