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Ernesto Cardenal escribió la crónica de su persona hasta
que su persona fue su patria. Escribió la crónica de su
patria hasta que su patria fue la revolución. Escribió
la crónica de la revolución hasta que la revolución fue
el universo. Escribió el diálogo americano de los indios
del Sur y los indios del Norte. Escribió la crónica de
la ciencia hasta que la ciencia fue su cielo. Escribió
la crónica política hasta que la política fue la
mística. Escribió su escritura hasta que la escritura se
hizo acto. Escribe en un papel astronómico. Escribe en
un lenguaje común y revelado. Escribe junto a Sandino y
al Arcángel San Miguel. Escribe en quechua, en maya, en
latín, en inglés, en alemán, en español. No escribe.
Ernesto Cardenal no escribe en ninguna lengua y escribe
en todas las lenguas. No escribe, describe, inscribe.
Cuando se cansa de escribir, escribe en piedra, en
mármol carnal y espiritual. Cuando se cansa de vivir,
resucita en el Lago de Solentiname, pasea resucitado par
La Habana. Ernesto Cardenal acaba de llegar a la Sala
Martí donde Fina y Cintio lo reciben. Un fotógrafo,
invisible para él, descubre que es un enviado del Señor
y lo sorprende con su cámara. La foto se pierde. Todas
las fotos se pierden. Ernesto Cardenal se salva de todas
las fotos, menos de una en que está confesando a una
indita. El Papa lo regaña y esa foto también se pierde.
Nadie bajó de un avión con tanta gracia de Dios como él.
Ernesto Cardenal es nuestro amigo.
Cintio Vitier
Octubre 2004
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