Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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HOMENAJE A ABELARDO ESTORINO
“Yo creo en lo que está vivo y cambia”
Sandra del Valle Casals La Habana
Fotos: La Jiribilla

A sus 80 años, el dramaturgo cubano Abelardo Estorino permanece fiel a la dialéctica: “yo creo en lo que está vivo y cambia” y su teatro asevera el credo. A lo largo de más de cuatro décadas de creación sostenida, su obra no ha sido arbitraria ni monolítica, sino rejuego de voces, reanimación de identidades, penetración de psicologías, redimensionamiento de conceptos, hacer vivir el teatro.

Su gracia, la del arte, ha discurrido por la historia en exclusivas coincidencias: de las ciencias médicas sube a los terrenos de Bretch, Pirandello, Shaw. En Marcel Proust y Juan Rulfo encontró los primeros maestros de una vocación sistematizada por el trabajo y el estudio individual. Dramaturgo, director de escena, heredero de Virgilio Piñera ―mentor espiritual― tiene la distinción de ser el único teatrista con el Premio Nacional de Literatura (1992) y el reconocimiento máximo al trabajo en las tablas, el Premio Nacional de Teatro (2002).

Este año se dedica la Feria Internacional del Libro de La Habana a Abelardo Estorino, junto al poeta Jesús Orta Ruiz, como homenaje a la vida y la obra de este artista. Un coloquio presidido por el crítico de teatro, director de la revista Tablas, Omar Valiño, en compañía de los especialistas Vivian Martínez Tabares, Abel González Melo y Reinaldo Montero, además de la presentación del libro Memoria de Milanés, de Estorino, son las primeras actividades en tributo del dramaturgo.  


Vivian Martínez Tabares, Abelardo Estorino y Omar Valiño

Abel Gonzáles Melo proyectó el perfil biográfico del escritor. Su nacimiento en Unión de Reyes, en la provincia de Matanzas, su traslado a la capital para estudiar odontología y su inserción en el arte dramático.

Parece blanca, texto esencial en la literatura de Estorino, fue reinterpretada bajo la mirada analítica de Vivian Martínez Tabares. El dramaturgo con esta obra reinicia sobre la savia literaria de Cirilo Villaverde el signo de la cubanía. Estorino no reconstruye la novela romántica decimonónica Cecilia Valdés, sino que se apropia del mito, de la esencia, de la plataforma dramática, y reacciona ante el presente, transgrede la temporalidad y el pasado se metamorfosea en el presente.

Abelardo se inserta primeramente en el tratamiento realista de argumentos rurales para trazar, en trabajos posteriores, sus pistas, que no pertenecen ni a lo histórico ni a lo didáctico, sino que recorren la parodia y lo imaginario. Personajes que se vuelcan en un profundo clamo de cubanía, no sobre estereotipos o frases viciadas, sino en la genuinidad de sus parlamentos y actitudes; pero sobre todo en un mensaje velado tras la historia: el eterno compromiso de Abelardo Estorino con la literatura y la escena.
 

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