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Darien Sánchez Castro
y Eduardo Sarmiento Portero son dos diseñadores de 24
años —habanero uno; cienfueguero el otro—, quienes desde
muy temprano sintieron inclinación por el dibujo. Desde
el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) estos
inquietos jóvenes se lanzaron a una “aventura” que llega
hasta hoy: Camaleón, uno de los grupos de creación más
interesantes dentro del diseño cubano contemporáneo.
Aunque la 14 Feria
Internacional del Libro ha sido la puerta para darse a
conocer en grande, desde mucho antes, Darien y Sarmiento
ya venían dando de qué hablar —en La Jiribilla de
papel, por ejemplo, donde ahora laboran como
diseñadores, habían dejado su impronta. Y es que siendo
aún estudiantes, además de haber ganado el quizá más
importante premio en la historia del ISDI: el Gaucho de
Oro, daban muestra de un sentido muy claro de cómo debía
ser el nuevo diseño revolucionario.
Hoy Sarmiento, entre otras tantas responsabilidades, es
también profesor en el centro donde mismo se formó. Por
eso está apto para opinar sobre determinadas cuestiones
académicas: “Lo que siempre me llamó la atención del
ISDI es que, de cierta manera, contrapone el diseño al
arte. Y no es que crea que ambos son sinónimos, pero,
sin duda tienen muchos puntos en común. Un diseñador es
un comunicador, cuyo fin es llegar a la gente, pero se
vale de lo puramente estético para lograrlo”.
Sobre cómo y cuándo se formó Camaleón, Sarmiento da los
detalles: “Surgió en el 2000, pero sin membresía ni nada
por el estilo. Lo integramos Nelson Ponce, que fue
profesor nuestro y ahora es colega; Idania del Río,
David Alfonso y nosotros dos. La idea fue unirnos para
hacer una revista, porque nos interesaba un perfil
gráfico algo diferente al que se enseña en la escuela:
la ilustración conceptual, metafórica. Esa fue la
primera publicación del ISDI realizada por estudiantes.
Después empezamos a hacer escenografías, nos encontramos
con La Jiribilla de papel...”.
“Tuvimos la suerte, agrega Darien, de que cuando la
publicación pasó de formato digital a papel, nos
llamaran, pues habían visto algunas ilustraciones
nuestras. Comenzamos entonces a hacer la revista desde
el número cero con el grupo Camaleón, donde a veces
intervienen otros diseñadores jóvenes y talentosos,
porque queremos abrir el espectro. No hay nadie
consagrado, a no ser Garrincha, que tiene un humor
gráfico muy especial”.
En Cuba hubo un movimiento muy fuerte en la gráfica
política en las décadas del 60 y 70, pero luego se fue
enfriando. ¿Qué ha pasado?
Posiblemente porque existe cierto irrespeto por parte de
las instituciones hacia el oficio del ilustrador, opina
Darien. Si a eso le sumas que un ilustrador o
cartelista, que es el artífice de la gráfica política,
tiene muy poca remuneración, entonces entenderán. Ahora
es más factible ser artista de la plástica; da más
prestigio a todos los niveles, y es una pena porque la
gente sigue sin saber a ciencia cierta qué es un
diseñador.
No podemos olvidar que todavía no hemos superado
totalmente las dificultades y carencias en la industria
poligráfica, por lo que la realización de carteles y
vallas se hace más difícil. Por otra parte, nunca hubo
una escuela fuerte que se dedicara a formar a
ilustradores y cartelistas. Había una especie de gremio:
Rostgaard y Ascuy, pero el cartel político se fue
quedando atrás.
Mira, dice Sarmiento, se es cartelista cuando se hace
carteles. Uno no puede decir que es albañil porque ha
puesto tres ladrillos. La falta de presupuesto ha
provocado que se limite la publicidad o la propaganda, y
este es un medio muy efectivo para comunicar y en
realidad puede ser económico, si se buscan buenas
cotizaciones.
Atenta también la resistencia a cambiar algunos símbolos
que han sido utilizados por años: siempre se emplean
palabras con una tipografía bien grande, el rojo, el
azul, la estrella, el escudo, la palma... Es muy difícil
escapar de eso. Y lo que no va por ese camino causa
temor. Es muy complicado.
Recuerdo una frase de un diseñador joven ya desaparecido
que a mí me gusta mucho: “Comunicar de modo no
establecido, es el único modo de comunicar”. Ya el
estetoscopio con la bandera cubana al lado dejó de ser
kitsch para no decir nada. Sin embargo, un triángulo
rojo con una línea azul es más fuerte visualmente”.
¿Por qué se mantienen por tanto tiempo los mismos
diseños en las publicaciones?
La realidad es que lo más cómodo es no cambiar nada,
asegura Eduardo, porque transformar una estructura ya
creada significa emprender cosas nuevas. Eso es lo
primero, y lo segundo es la falta de comprometimiento de
llegar hasta el final. Es fácil proponer una
transformación; seguirla es el problema, sobre todo en
la prensa, donde el diseño se ve afectado por la falta
de tiempo, de espacio, por la calidad del papel...
¿Cómo debe ser el
diseño cubano hoy?
Contemporáneo y marchar a la par del mundo, responde
Darien. Revolucionario en el más amplio sentido. Aunque
parezca un poco autosuficiente, La Jiribilla es
lo que más se parece a esto que decimos, porque aunque
es un papel gaceta y lleva solo tinta negra, no deja de
ser atractivo: los titulares y las ilustraciones tienen
mucho protagonismo. Pero también es revolucionaria la
propuesta de Casa de las Américas, que siempre ha sido
luz y faro, desde los primeros hasta los de ahora: Pepe
Menéndez, Kiustin y Nelson Ponce. Lo más importante es
hacer una labor bien hecha, haya o no recursos.
Ustedes merecieron el premio más importante que ha
obtenido el ISDI...
Fue en un festival de la ALAP (Asociación
Latinoamericana de Agencias Publicitarias), dice Darien;
allí se convocó a un concurso para campañas de bien
público. La nuestra estuvo dirigida al adulto mayor.
¿Qué tenía de diferente? Bueno, las convencionales por
lo general van dirigidas a los hijos o a los nietos,
exhortándolos a que los ayuden; nosotros quisimos
llevársela directamente a ellos, diciéndoles que no
tienen juventud, pero sí experiencia. Nos apoyamos en
personas comunes como un pulidor de piso, un carpintero
o una señora que fue reina de un carnaval.
Sarmiento agrega: Para este concurso se hizo un taller
en el ISDI y se presentaron varios proyectos con alumnos
de quinto año que luego fueron a Brasil. El nuestro
alcanzó el Gaucho de Oro, y otro, también de la escuela,
obtuvo el de Plata: los más importantes. En Cuba no se
había obtenido una distinción después del triunfo de la
Revolución para una campaña de bien público.
¿Y cómo se enrolan en la Feria del Libro?
Para que se pueda entender cómo siendo tan jóvenes se
nos dio una campaña de tal magnitud, aclara Darien,
habría que señalar el tiempo que llevábamos en La
Jiribilla de papel. También nuestra participación en
el concurso que convoca la ONDI cada dos años, en el
cual presentamos junto a todo lo concerniente a La
jiribilla, la campaña de los ancianos y otra por los
derechos de la mujer: por las tres alcanzamos premios.
Esto nos hizo de un aval muy llamativo, que a la larga
influyó en nuestra inclusión en esta empresa.
La Feria, asegura Sarmiento, es un evento cultural muy
grande, quizá el mayor del país. En años anteriores, con
respeto de los que nos antecedieron, se empleaba la
misma imagen (el Morro en azul con el mapa antiguo de
Cuba) y solo se cambiaba la foto de la personalidad a
quien se le dedicaba. Eso nos parecía muy contradictorio
porque si bien es un evento que se consolida, también se
renueva cada año. Si se emplea la misma imagen, damos la
idea de que siempre son los mismos autores y títulos, y
no es así.
Sobre sus intereses dentro del diseño, ambos fueron
precisos al señalar: Nuestro trabajo en la revista
Cuba en el ballet, bien puede ser un ejemplo de que
no todo el tiempo hay que ser iconoclasta, dice
Sarmiento. Lo que nos motiva es que es algo
diametralmente opuesto a lo que hacemos en La
Jiribilla de papel —grandes titulares, ilustraciones
metafóricas y un poco más agresivas... En Cuba... la
línea es más clásica, que no quiere decir vieja; e
intentamos seguir ese concepto pero desde la
contemporaneidad.
Esto nos permite, insiste Darien, probarnos como
comunicadores, y demostrar que no tenemos una fórmula
única. Nosotros somos ilustradores y diseñadores, parte
de una raza un poco rara. Cuando se nos presenta un
nuevo reto de diseño lo enfrentamos como si fuera la
primera vez.
Tomado de
Juventud Rebelde
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