Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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Somos una raza un poco rara
José Luis Estrada Betancourt y Randol Peresalas La Habana


Darien Sánchez Castro y Eduardo Sarmiento Portero son dos diseñadores de 24 años —habanero uno; cienfueguero el otro—, quienes desde muy temprano sintieron inclinación por el dibujo. Desde el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) estos inquietos jóvenes se lanzaron a una “aventura” que llega hasta hoy: Camaleón, uno de los grupos de creación más interesantes dentro del diseño cubano contemporáneo.

Aunque la 14 Feria Internacional del Libro ha sido la puerta para darse a conocer en grande, desde mucho antes, Darien y Sarmiento ya venían dando de qué hablar —en La Jiribilla de papel, por ejemplo, donde ahora laboran como diseñadores, habían dejado su impronta. Y es que siendo aún estudiantes, además de haber ganado el quizá más importante premio en la historia del ISDI: el Gaucho de Oro, daban muestra de un sentido muy claro de cómo debía ser el nuevo diseño revolucionario. 

Hoy Sarmiento, entre otras tantas responsabilidades, es también profesor en el centro donde mismo se formó. Por eso está apto para opinar sobre determinadas cuestiones académicas: “Lo que siempre me llamó la atención del ISDI es que, de cierta manera, contrapone el diseño al arte. Y no es que crea que ambos son sinónimos, pero, sin duda tienen muchos puntos en común. Un diseñador es un comunicador, cuyo fin es llegar a la gente, pero se vale de lo puramente estético para lograrlo”.

Sobre cómo y cuándo se formó Camaleón, Sarmiento da los detalles: “Surgió en el 2000, pero sin membresía ni nada por el estilo. Lo integramos Nelson Ponce, que fue profesor nuestro y ahora es colega; Idania del Río, David Alfonso y nosotros dos. La idea fue unirnos para hacer una revista, porque nos interesaba un perfil gráfico algo diferente al que se enseña en la escuela: la ilustración conceptual, metafórica. Esa fue la primera publicación del ISDI realizada por estudiantes. Después empezamos a hacer escenografías, nos encontramos con La Jiribilla de papel...”.

“Tuvimos la suerte, agrega Darien, de que cuando la publicación pasó de formato digital a papel, nos llamaran, pues habían visto algunas ilustraciones nuestras. Comenzamos entonces a hacer la revista desde el número cero con el grupo Camaleón, donde a veces intervienen otros diseñadores jóvenes y talentosos, porque queremos abrir el espectro. No hay nadie consagrado, a no ser Garrincha, que tiene un humor gráfico muy especial”.

En Cuba hubo un movimiento muy fuerte en la gráfica política en las décadas del 60 y 70, pero luego se fue enfriando. ¿Qué ha pasado? 

Posiblemente porque existe cierto irrespeto por parte de las instituciones hacia el oficio del ilustrador, opina Darien. Si a eso le sumas que un ilustrador o cartelista,  que es el artífice de la gráfica política, tiene muy poca remuneración, entonces entenderán. Ahora es más factible ser artista de la plástica; da más prestigio a todos los niveles, y es una pena porque la gente sigue sin saber a ciencia cierta qué es un diseñador.

No podemos olvidar que todavía no hemos superado totalmente las dificultades y carencias en la industria poligráfica, por lo que la realización de carteles y vallas se hace más difícil. Por otra parte, nunca hubo una escuela fuerte que se dedicara a formar a ilustradores y cartelistas. Había una especie de gremio: Rostgaard y Ascuy, pero el cartel político se fue quedando atrás.

Mira, dice Sarmiento, se es cartelista cuando se hace carteles. Uno no puede decir que es albañil porque ha puesto tres ladrillos. La falta de presupuesto ha provocado que se limite la publicidad o la propaganda, y este es un medio muy efectivo para comunicar y en realidad puede ser económico, si se buscan buenas cotizaciones.

Atenta también la resistencia a cambiar algunos símbolos que han sido utilizados por años: siempre se emplean palabras con una tipografía bien grande, el rojo, el azul, la estrella, el escudo, la palma... Es muy difícil escapar de eso. Y lo que no va por ese camino causa temor. Es muy complicado.

Recuerdo una frase de un diseñador joven ya desaparecido que a mí me gusta mucho: “Comunicar de modo no establecido, es el único modo de comunicar”. Ya el estetoscopio con la bandera cubana al lado dejó de ser kitsch para no decir nada. Sin embargo, un triángulo rojo con una línea azul es más fuerte visualmente”.

¿Por qué se mantienen por tanto tiempo los mismos diseños en las publicaciones?

La realidad es que lo más cómodo es no cambiar nada, asegura Eduardo, porque transformar una estructura ya creada significa emprender cosas nuevas. Eso es lo primero, y lo segundo es la falta de comprometimiento de llegar hasta el final. Es fácil proponer una transformación; seguirla es el problema, sobre todo en la prensa, donde el diseño se ve afectado por la falta de tiempo, de espacio, por la calidad del papel...

¿Cómo debe ser el diseño cubano hoy?

Contemporáneo y marchar a la par del mundo, responde Darien. Revolucionario en el más amplio sentido. Aunque parezca un poco autosuficiente, La Jiribilla es lo que más se parece a esto que decimos, porque aunque es un papel gaceta y lleva solo tinta negra, no deja de ser atractivo: los titulares y las ilustraciones tienen mucho protagonismo. Pero también es revolucionaria la propuesta de Casa de las Américas, que siempre ha sido luz y faro, desde los primeros hasta los de ahora: Pepe Menéndez, Kiustin y Nelson Ponce. Lo más importante es hacer una labor bien hecha, haya o no recursos.

Ustedes merecieron el premio más importante que ha obtenido el ISDI...

Fue en un festival de la ALAP (Asociación Latinoamericana de Agencias Publicitarias), dice Darien; allí se convocó a un concurso para campañas de bien público. La nuestra estuvo dirigida al adulto mayor. ¿Qué tenía de diferente? Bueno, las convencionales por lo general van dirigidas a los hijos o a los nietos, exhortándolos a que los ayuden; nosotros quisimos llevársela directamente a ellos, diciéndoles que no tienen juventud, pero sí experiencia. Nos apoyamos en personas comunes como un pulidor de piso, un carpintero o una señora que fue reina de un carnaval.

Sarmiento agrega: Para este concurso se hizo un taller en el ISDI y se presentaron varios proyectos con alumnos de quinto año que luego fueron a Brasil. El nuestro alcanzó el Gaucho de Oro, y otro, también de la escuela, obtuvo el de Plata: los más importantes. En Cuba no se había obtenido una distinción después del triunfo de la Revolución para una campaña de bien público.

¿Y cómo se enrolan en la Feria del Libro?

Para que se pueda entender cómo siendo tan jóvenes se nos dio una campaña de tal magnitud, aclara Darien, habría que señalar el tiempo que llevábamos en La Jiribilla de papel. También nuestra participación en el concurso que convoca la ONDI cada dos años, en el cual presentamos junto a todo lo concerniente a La jiribilla, la campaña de los ancianos y otra por los derechos de la mujer: por las tres alcanzamos premios. Esto nos hizo de un aval muy llamativo, que a la larga influyó en nuestra inclusión en esta empresa.

La Feria, asegura Sarmiento, es un evento cultural muy grande, quizá el mayor del país. En años anteriores, con respeto de los que nos antecedieron, se empleaba la misma imagen (el Morro en azul con el mapa antiguo de Cuba) y solo se cambiaba la foto de la personalidad a quien se le dedicaba. Eso nos parecía muy contradictorio porque si bien es un evento que se consolida, también se renueva cada año. Si se emplea la misma imagen, damos la idea de que siempre son los mismos autores y títulos, y no es así.

Sobre sus intereses dentro del diseño, ambos fueron precisos al señalar: Nuestro trabajo en la revista Cuba en el ballet, bien puede ser un ejemplo de que no todo el tiempo hay que ser iconoclasta,  dice Sarmiento. Lo que nos motiva es que es algo diametralmente opuesto a lo que hacemos en La Jiribilla de papel —grandes titulares, ilustraciones metafóricas y un poco más agresivas... En Cuba... la línea es más clásica, que no quiere decir vieja; e intentamos seguir ese concepto pero desde la contemporaneidad.

Esto nos permite, insiste Darien, probarnos como comunicadores, y demostrar que no tenemos una fórmula única. Nosotros somos ilustradores y diseñadores, parte de una raza un poco rara. Cuando se nos presenta un nuevo reto de diseño lo enfrentamos como si fuera la primera vez.

Tomado de Juventud Rebelde
 

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