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La Fortaleza de San
Carlos de la Cabaña es una rica colmena cada vez que se
celebra la Feria Internacional del Libro. Su edición 14,
a la que por suerte le quedan varios días más de su
sabroso jolgorio, es la prueba más reciente de ello. Es
verdaderamente una pena, pero no da tiempo a alimentarse
de todos los encantos de este territorio de la
literatura y los demás cayos adyacentes. Hay entonces
que tratar de ser certero y elegir.
Desde ayer 4 de
febrero arrancó La hora de abril. Había demasiada
amenaza de agua y por eso nos fuimos a uno de los
numerosos cubículos que tiene esta instalación. Se trata
de una seria peña informal de la Casa Editora Abril,
regenteada por el colectivo de El Caimán Barbudo.
Zona para estar a gusto presentando libros, leyendo
poemas y siempre en la compañía insustituible de la
trova cubana. Vino a cantar Ariel Barreiros, ese cantor
de Aguada de Pasajeros, que nos tiene a todos metidos en
su “Quinto Regimiento”. Ray Fernández, con esas
canciones suyas de elocuente lírica radical y Fidel Díaz
Castro, el director de la revista cultural de la
juventud cubana, que tiene el corazón del tamaño de una
espléndida guitarra.
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Diego Cano y en el centro del público Teresa Melo
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El día 5, con frío y
todo nos fuimos al patio de los abrigadores laureles,
donde permaneceremos mientras haya feria de cuatro a
seis de la tarde, si no se demuestra lo contrario.
Porque el asunto es que ni los tronantes ni los más
apasionados de esta música, se quieren ir, aunque la
noche nos caiga encima.
Esta vez cantaron
Pavel Poveda y Tamara. También Diego Cano y siempre
Fidelito. En realidad sucede, que donde tenemos el
mayor remedio, se nos puede provocar la mayor
dificultad. Resulta que todo el que participa un día,
quiere repetir. De todos modos, espero que mañana la
incansable gana de cantar de los que ya han pasado por
aquí, no nos impida escuchar un montón de esas canciones
de belleza rotunda que le conocemos a Eduardo Sosa.
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Tamara y Pavel Poveda
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Hombre, tampoco será
día de impedir que trovador alguno alce su voz, porque
el 6 de febrero es el cumpleaños de Doña María Teresa
Vera. Ahora se cuentan nada más y nada menos que ciento
diez años de aquel día de 1895, en que ella nació en
Guanajay, cuando todavía el pueblo pertenecía a la
provincia de Pinar del Río. Ella llegó muy pronto a La
Habana, en los años en que los pioneros de la canción
trovadoresca cubana se estaban juntando en la capital
del país. Por eso pudo aprenderse incontables canciones
y echarlas al viento junto a Zequeira, Miguelito García
y Lorenzo Hierrezuelo, entre otros.
María Teresa Vera es
una caja de nuestras maderas preciosas, donde merced a
los discos se puede ahora mismo entrar en comunión con
algunos de los más potentes filamentos de la
espiritualidad cubana. Por eso la tercera edición de La
hora de abril estará consagrada a la Gran
Trovadora de la Isla.
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