Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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El patio nuestro de todos estos días
Bladimir Zamora Céspedes La Habana
Fotos: Diego, Alejandro Ramírez

La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña es una rica colmena cada vez que se celebra la Feria Internacional del Libro. Su edición 14, a la que por suerte le quedan varios días más de su sabroso jolgorio, es la prueba más reciente de ello. Es verdaderamente una pena, pero no da tiempo a alimentarse de todos los encantos de este territorio de la literatura y los demás cayos adyacentes. Hay entonces que tratar de ser certero y elegir.

Desde ayer 4 de febrero arrancó La hora de abril. Había demasiada amenaza de agua y por eso nos fuimos a uno de los numerosos cubículos que tiene esta instalación. Se trata de una seria peña informal de la Casa Editora Abril, regenteada por el colectivo de El Caimán Barbudo. Zona para estar a gusto presentando libros, leyendo poemas y siempre en la compañía insustituible de la trova cubana. Vino a cantar Ariel Barreiros, ese cantor de Aguada de Pasajeros, que nos tiene a todos metidos en su “Quinto Regimiento”. Ray Fernández, con esas canciones suyas de elocuente lírica radical y Fidel Díaz Castro, el director de la revista cultural de la juventud cubana, que tiene el corazón del tamaño de una espléndida guitarra.


Diego Cano y en el centro del público Teresa Melo

El día 5, con frío y todo nos fuimos al patio de los abrigadores laureles, donde permaneceremos mientras haya feria de cuatro a seis de la tarde, si no se demuestra lo contrario. Porque el asunto es que ni los tronantes ni los más apasionados de esta música, se quieren ir, aunque la noche nos caiga encima.

Esta vez cantaron Pavel Poveda y Tamara. También Diego Cano y siempre Fidelito.  En realidad sucede, que donde tenemos el mayor remedio, se nos puede provocar la mayor dificultad. Resulta que todo el que participa un día, quiere repetir. De todos modos, espero que mañana la incansable gana de cantar de los que ya han pasado por aquí, no nos impida escuchar un montón de esas canciones de belleza rotunda que le conocemos a Eduardo Sosa.


Tamara y Pavel Poveda

Hombre, tampoco será día de impedir que trovador alguno alce su voz, porque el 6 de febrero es el cumpleaños de Doña María Teresa Vera. Ahora se cuentan nada más y nada menos que ciento diez años de aquel día de 1895, en que ella nació en Guanajay, cuando todavía el pueblo pertenecía a la provincia de Pinar del Río. Ella llegó muy pronto a La Habana, en los años en que los pioneros de la canción trovadoresca cubana se estaban juntando en la capital del país. Por eso pudo aprenderse incontables canciones y echarlas al viento junto a Zequeira, Miguelito García y Lorenzo Hierrezuelo, entre otros.

María Teresa Vera es una caja de nuestras maderas preciosas, donde merced a los discos se puede ahora mismo entrar en comunión con algunos de los más potentes filamentos de la espiritualidad  cubana. Por eso la tercera edición de La hora de abril estará consagrada a la Gran Trovadora de la Isla.
 

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