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Un escritor brasileño, Joao Almino, invocaba que “el
papel de los escritores no es la profecía, es arrojar
luz sobre lo oscuro”. Hoy un coterráneo suyo, Luiz
Fernando Emediato, presenta en la XIV Feria
Internacional del Libro de La Habana un volumen de
cuentos sobre los años de la dictadura militar en
Brasil: Tinieblas en el paraíso, una suerte de
iluminación, de faro esclarecedor de esa época de
represión.
Un
poco más de 20 años tenía el joven rebelde de Minas,
a quien el régimen castrense no lo detuvo de narrar
historias tan osadas y provocadoras como “De cómo
trangular un general”, con personajes reales como
generales y dictadores, o el periodista Wladimir
Herzog, especie de alter ego del escritor. Textos
atrevidos, excitados, comprometidos, fueron en los
años 70 ―momento de la escritura y primera
publicación de Tinieblas en el paraíso―
censurados por “atentar contra la moral y las buenas
costumbres”. Aquel debutante de las letras,
abandonaría la literatura con la falsa certidumbre
de su nulidad, a pesar de los elogios de colegas
como Rubem Fonseca y Carlos Drummond de Andrade. El
tiempo ha señalado su valor, e incita al Luiz
Fernando Emediato a reinsertarse a las andanzas
literarias luego de largos dedicados a la política.
Cuando
el gigante del Sur sufrió desde 1964, 40 años de
dictadura militar entre violencia, torturados, muertos,
desaparecidos, los miembros del Partido Comunista de
Brasil decidieron hacer frente al régimen, tomar las
armas y luchar por la democracia. La guerrilla fue
sepultada; pero la literatura que respondió al silencio
de la censura de prensa, a la negación de la libertad de
expresión fue fusil para esos años, a pesar de las
escasas publicaciones y de las prohibiciones del
Ministerio de Justicia en 1975 de escritores como Rubem
Fonseca.
Los
escritores de la resistencia sustituyeron la misión de
los periodistas. La literatura se hizo crónica,
testimonio, documento. Luiz Fernando Emediato tradujo
esos años en historias de amor y de guerra. A falta de
documentos que testifiquen la Historia, cada narración
es un fragmento, una realidad de los llamados “años de
plomo”.
Su
texto, bajo el signo de la escritura de los “años
negros”, fue toma de partido, contestación al saqueo
humano, los desmanes de la dictadura y el sufrimiento
del pueblo brasileño. Pues en los años 70, mientras que
Latinoamérica se desbordaba de realismo mágico, en
Brasil se militaba desde la literatura, y se hacía
expresión de una conciencia política.
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