Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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Palabras de Omar Valiño, director de la revista Tablas,
en la presentación de los Premios Calendario 2003
PREMIOS CALENDARIO: LITERATURA RENOVADA
Omar Valiño • La Habana
Fotos: Andrés Barca


Entrega de los premios Calendario

Hace poco más de un mes, Alpidio Alonso me tendió la trampa a la que no pude negarme: presentar hoy los Calendario. Una vez que acepté, los recogí en la Editora Abril, y aún me asombró más el encargo, porque no había ninguno de los géneros literarios que yo suelo visitar. En primer lugar, la literatura dramática, el ensayo; a veces, la novela.

Entre estos títulos que acaban de mencionar, cuyos autores están aquí, y entre quienes prácticamente no conozco a ninguno, había un libro de literatura para niños, otro de narrativa, uno más de    ciencia- ficción y tres de poesía.

Ha sido una rica experiencia leer página a página, palabra a palabra, estos libros hermosos y manuables. Raúl Flores Iriarte cose pequeñas piezas muy conectadas entre sí, ventanas, imágenes, iluminaciones súbitas, todas extrañamente poéticas en el abordaje de relaciones y de la propia especialización de la voz del autor. Una gran preocupación por el cuerpo, en este caso, tal vez, por el cuerpo físico, por cierta pictografía sobre el cuerpo. Idea sobre la cual más tarde volveremos.

Sigrid Victoria crea el mundo de los “Noseniqué”, juega con tópicos de cuentos infantiles, pero nos los devuelve frescos, vivos, y entre guiños se burla de esos mismos tópicos. Defiende con candor y agudeza la aceptación de lo diferente y traza, para un cuerpo, otro cuerpo; no el físico únicamente, sino el cuerpo social de la escuela, de la familia. También traza un reino, un universo muy particular, que querríamos fuera el reino de lo social y de la familia de todos los días.

Jorge Enrique Lage cuenta una Habana futura, con metro (subterráneo) y todo, donde lo extraño es ser heterosexual, y en la cual todavía queda la estatua de Lennon y el Granma, entre otras cosas. Una ciencia- ficción muy tramposa. Una ciencia- ficción como hacía tiempo no leía. Una ciencia- ficción que es un viaje por una Habana que sale de esta misma Habana de estos días.

Eduard Encina, en precisos, hermosos poemas, se pregunta sobre las aguas discursivas que nos sostienen. Conversa con la Isla, su Isla que define, busca. Realiza paralelismos, también entre cuerpo e isla. Para Encina, ese cuerpo es el cuerpo todo de la Isla como espacio territorial geográfico.

Leonardo Sarría, también piensa sobre sus antecesores. Y en poemas brevísimos, dialoga con Dios, escritura con plena intención mística, sagrada, de unos poemas muy diferentes a los de Encina.

En tanto, Filiberto González y Mariela Pérez Castro viajan como entre piedras e iglesias seguramente europeas. Las palabras les permiten viajar e inventar la experiencia.

Todos pasan de alguna manera por el cuerpo y la isla, territorios aquí a veces fusionados. Fusión sería también ―aunque es un término que se usa más para describir los procesos artísticos que tienen lugar hoy en buena parte de la música en el mundo, y en particular, la cubana― yo lo usaría también para describir el cuerpo de esos seis excelentes libros.

Querría destacar también la extrema libertad creativa con que autores muy jóvenes, solo dos de ellos son nacidos a fines de la década del 60 y la más joven en el año 1980. Así que estamos en un diálogo con autores de entre 25 y 30 años. Una entera libertad creativa. Son conscientes de ese espacio que los sostiene, firme siempre en su estructura, frágil tantas veces en sus contradicciones. En las contradicciones de una contemporaneidad y de una cotidianidad que a veces es atacada directamente y a veces metaforizada de una manera muy precisa.

Bucean en el espacio y en la tradición. Aunque no me gusta el término, porque para ellos ese pasado que es tradición para mí, es sangre. Es algo que está, evidentemente, ya ganado con una temprana madurez en la voz de estos autores. Como es usual, se encuentra otra característica de cualquier lenguaje artístico de hoy: libertad, juego, fusión y reflexión sobre la propia condición de la escritura. Ninguno lo deja de hacer.

Cada texto podría tomarse como una suerte de autorreflexión sobre su propio discurso y sobre ese “pasado” literario que pesa sobre ellos.

Me interesó mucho el país que estos libros dibujan, diverso, inteligente, contradictorio, crítico, libre en definitiva. No solo en sus contenidos, sino en la textualización que hacen de ellos, demostrativa de que esa libertad y esa idea con que se crean son también el método y la forma de liberar esos contenidos.

Querría destacar, finalmente, que me parece que estos Premios Calendario estimulan exactamente la literatura que corresponde premiar. Responden a la visión por la cual fueron creados y para la que existe su cada vez más hermosa colección de la Editora Abril, en términos de diseño. Ese afán por una literatura que se renueva, que experimenta sin tecnicismos, con madurez, que se disfruta a sí misma, que se parece a su tiempo y autores y vive y crece. Si estas palabras tuvieran que tener un título, diría que, tomando versos, ideas o frases, de distintos textos de estos libros, lo llamaría El cuerpo escriturado, la isla crece. Y querría hacerlo comprender brevemente, si acaso he logrado expresarme, con un breve poema de Eduard Encina, de su libro Golpes Bajos, que se llama “Leve permanencia”:

Ella abre su sombra/ es la sombra. / Por ese costado el círculo se pierde/ y todos de alguna manera somos el círculo/ ¿quién entonces borrará esa imagen?/ Ella en el fondo/ porque la Isla está arriba, aplastante, dulce.

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