|
En las sociedades capitalistas, el libro es una
mercancía que necesariamente tiene que venderse, un
producto comercial que permite la estabilidad del
sistema y que genera, a través de narraciones simples y
banales, la enajenación del lector. Esta conclusión,
manejada hoy por los panelistas del Encuentro de
Editores durante su clausura, constituyó el punto de
partida para el debate sobre múltiples asuntos
relacionados con el universo del libro.
Con las
intervenciones de destacados intelectuales del mundo
de las letras como los españoles Carlo Frabetti,
Juan Madrid y Eva Forest, los cubanos Armando
Cristóbal y Rafael Hernández, la jornada devino en
análisis sobre las consecuencias negativas que para
la humanidad toda, pudiera provocar la
mercantilización del libro por parte de las
editoriales o instituciones encargadas de su
composición y distribución.
Carlo Frabetti, se
refirió durante su exposición a la venta de libros por
prescripción, es decir, un tipo de comercio de obras que
recomiendan, mediante numerosos resortes de publicidad,
libros de lecturas para ganar más dinero.
De igual forma,
manifestó las ventajas de Internet para quienes aspiran
a la difusión de textos importantes, alejados de las
demandas o las especificidades de ciertos negocios
editoriales que pretenden imponerse en el mercado, a
través de grandes empresas privadas publicitarias.
Por su parte, el
escritor español Juan Madrid, quien presentó hace
algunos días en este recinto permanente de la FIL 2005,
su novela Brigada Central, hizo referencia a la
paradoja que vislumbra entre las altísimas ventas de
numerosos títulos en su país y las muy bajas
estadísticas y encuestas de lectura en España. “Estas
investigaciones son espeluznantemente bajas”, expresó
Madrid, pues “el 49% de la población encuestada en mi
país sobre la lectura de una obra, no ha leído un solo
libro en el año anterior. Luego, el 51% ha leído apenas
un libro, lo que significa que solo un 10% sostiene la
industria capitalista de la literatura”.
“En el mercado
español, el libro es un producto mercantilizado y el
editor es algo así como un espécimen curioso,
especialista en Marketing, Los “grandes” editores son
“grandes” distribuidores, pues tienen “grandes” canales
de venta. Los editores ganan siempre. Solo el 10% de la
venta se lo lleva el escritor. Este último, mientras más
trabaja, menos gana.”
A partir de su
experiencia al frente de la editorial Hiru de España,
Eva Forest narró todos los inicios de esta auténtica
editorial, alejada de las ansias comerciales imperantes
en dicha nación europea y de gran prestigio por su
transparencia e integridad en cuestiones de edición.
“Iniciamos el trabajo
por la necesidad de fundar una editorial diferente, que
no siguiera los pasos de la gran industria capitalista,
que fuera capaz de estimular un pensamiento crítico, no
preocupado por la ganancia. Nosotros no queríamos ser
una editorial marginada en ningún momento. Queríamos una
editorial pequeña que publicara cosas buenas, que fuera
punto de referencia para la publicación de libros de
calidad.”
“La experiencia de lo
hecho hasta aquí por Hiru, demuestra que es posible
crear una editorial diferente, que es posible resistir,
imaginar nuevos caminos para un lector participativo,
que aconseje, que se implique con el trabajo de la
editorial, que continuamente esté creando junto a
nosotros.”
Ediciones en Cuba
Planteamientos
importantes sobre la industria del libro cubana
reflejaron también en este debate Armando Cristóbal,
escritor de nuestro patio y Rafael Hernández, director
de la revista Temas e investigador del Centro de
Estudios Juan Marinello.
Armando Cristóbal
planteó numerosos retos para los editores cubanos en
2005 como parte de ese inmenso grupo “profundamente
vinculado al arte y al oficio de dar a la luz pública,
la obra de otros”.
“La edición debe dar,
en primera instancia, respuesta por sí misma, a
problemas propios que, en esta época, como nunca antes,
pueden entorpecer, dificultar o impedir la consecución
de su fin. Yo los agruparía en problemas organizativos,
tecnológicos y económicos. (…) La producción industrial
sobre bases neoliberales en América Latina ha fracasado
porque está concebida solo como comercio sin considerar
los problemas básicos que le son inherentes.”
Al referirse
particularmente al caso de Cuba, Armando ofreció a todos
los presentes en la Sala Nicolás Guillén de este recinto
ferial una panorámica sobre el surgimiento de nuestra
editora nacional y sobre la grave situación enfrentada
por las empresas poligráficas durante los años de
período especial, ante la escasez de papel y tinta, lo
cual paralizó casi de golpe la producción editorial y
“nos llevó de nuevo al punto de partida”.
“De entonces acá, el
desarrollo ha sido sistemático y creciente. (…) Pero aún
no hemos alcanzado todos los niveles que teníamos al
producirse la paralización y todavía nos queda por
enfrentar muchos otros retos, como todos los editores
del mundo: una más justa relación con los autores, una
más adecuada formación de catálogos, una más exitosa
promoción comercial, una más provechosa rentabilidad
económica.”
Rafael Hernández,
hizo alusión a las principales diferencias entre la
edición de un libro y la censura, sobre el análisis de
si el mercado de libros sobre Cuba corresponde a la
selectividad editorial o, a la lógica excluyente de la
censura.
Luego ejemplificó las
limitaciones de la información sobre Cuba en otros
países por la capacidad de estas grandes empresas
editoras de responder a determinados intereses
políticos, doctrinarios. Para ello, ofreció los datos
que buscadores como La casa del libro y Amazon señalan
sobre los libros de temas cubanos disponibles en el
mercado español.
Así, por ejemplo, de los 292 libros que La casa del
libro registra en España sobre temas de nuestro patio
son guías de turismo, libros de cubanos con posiciones
hostiles hacia la Revolución, literatura sobre la
historia de nuestro país en relación con España, sobre
viajes a la Isla, sobre arte, música y economía. Sin
embargo, lo más alarmante para quienes se nutren de
estos textos, desprovistos de un verdadero realismo
sobre nuestra cotidianidad, es que solo cinco han sido
editados en Cuba o por editoriales cubanas, lo que
demuestra el desconocimiento y hasta el desviado
referente que deba manejarse por el pueblo de Cervantes
en relación con nuestra riqueza cultural.
|