Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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El negocio del libro y la literatura cubanos
Gisela García Rivero La Habana
Fotos:
Diego


En las sociedades capitalistas, el libro es una mercancía que necesariamente tiene que venderse, un producto comercial que permite la estabilidad del sistema y que genera, a través de narraciones simples y banales, la enajenación del lector. Esta conclusión, manejada hoy por los panelistas del Encuentro de Editores durante su clausura, constituyó el punto de partida para el debate sobre múltiples asuntos relacionados con el universo del libro.

Con las intervenciones de destacados intelectuales del mundo de las letras como los españoles Carlo Frabetti, Juan Madrid y Eva Forest, los cubanos Armando Cristóbal y Rafael Hernández, la jornada devino en análisis sobre las consecuencias negativas que para la humanidad toda, pudiera provocar la mercantilización del libro por parte de las editoriales o instituciones encargadas de su composición y distribución.

Carlo Frabetti, se refirió durante su exposición a la venta de libros por prescripción, es decir, un tipo de comercio de obras que recomiendan, mediante numerosos resortes de publicidad, libros de lecturas para ganar más dinero.

De igual forma, manifestó las ventajas de Internet para quienes aspiran a la difusión de textos importantes, alejados de las demandas o las especificidades de ciertos negocios editoriales que pretenden imponerse en el mercado, a través de grandes empresas privadas publicitarias.

Por su parte, el escritor español Juan Madrid, quien presentó hace algunos días en este recinto permanente de la FIL 2005, su novela Brigada Central,  hizo referencia a la paradoja  que vislumbra entre las altísimas ventas de numerosos títulos en su país y las muy bajas estadísticas y encuestas de lectura en España. “Estas investigaciones son espeluznantemente bajas”, expresó Madrid, pues “el 49% de la población encuestada en mi país sobre la lectura de una obra, no ha leído un solo libro en el año anterior. Luego, el 51% ha leído apenas un libro, lo que significa que solo un 10% sostiene la industria capitalista de la literatura”.

“En el mercado español, el libro es un producto mercantilizado y el editor es algo así como un espécimen curioso, especialista en Marketing, Los “grandes” editores son “grandes” distribuidores, pues tienen “grandes” canales de venta. Los editores ganan siempre. Solo el 10% de la venta se lo lleva el escritor. Este último, mientras más trabaja, menos gana.”

A partir de su experiencia al frente de la editorial Hiru de España, Eva Forest narró todos los inicios de esta auténtica editorial, alejada de las ansias comerciales imperantes en dicha nación europea y de gran prestigio por su transparencia e integridad en cuestiones de edición.

“Iniciamos el trabajo por la necesidad de fundar una editorial diferente, que no siguiera los pasos de la gran industria capitalista, que fuera capaz de estimular un pensamiento crítico, no preocupado por la ganancia. Nosotros no queríamos ser una editorial marginada en ningún momento. Queríamos una editorial pequeña que publicara cosas buenas, que fuera punto de referencia para la publicación de libros de calidad.”

“La experiencia de lo hecho hasta aquí por Hiru, demuestra que es posible crear una editorial diferente, que es posible resistir, imaginar nuevos caminos para un lector participativo, que aconseje, que se implique con el trabajo de la editorial, que continuamente esté creando junto a nosotros.”

Ediciones en Cuba

Planteamientos importantes sobre la industria del libro cubana reflejaron también en este debate Armando Cristóbal, escritor de nuestro patio y Rafael Hernández, director de la revista Temas e investigador del Centro de Estudios Juan Marinello.

Armando Cristóbal planteó numerosos retos para los editores cubanos en 2005 como parte de ese inmenso grupo “profundamente vinculado al arte y al oficio de dar a la luz pública, la obra de otros”.

“La edición debe dar, en primera instancia, respuesta por sí misma, a problemas propios que, en esta época, como nunca antes, pueden entorpecer, dificultar o impedir la consecución de su fin. Yo los agruparía en problemas organizativos, tecnológicos y económicos. (…) La producción industrial sobre bases neoliberales en América Latina ha fracasado porque está concebida solo como comercio sin considerar los problemas básicos que le son inherentes.”

Al referirse particularmente al caso de Cuba, Armando ofreció a todos los presentes en la Sala Nicolás Guillén de este recinto ferial una panorámica sobre el surgimiento de nuestra editora nacional y sobre la grave situación enfrentada por las empresas poligráficas durante los años de período especial, ante la escasez de papel y tinta, lo cual paralizó casi de golpe la producción editorial y “nos llevó de nuevo al punto de partida”.

“De entonces acá, el desarrollo ha sido sistemático y creciente. (…) Pero aún no hemos alcanzado todos los niveles que teníamos al producirse  la paralización y todavía nos queda por enfrentar muchos otros retos, como todos los editores del mundo: una más justa relación con los autores, una más adecuada formación de catálogos, una más exitosa promoción comercial, una más provechosa rentabilidad económica.”

Rafael Hernández, hizo alusión a las principales diferencias entre la edición de un libro y la censura, sobre el análisis de si el mercado de libros sobre Cuba corresponde a la selectividad editorial o, a la lógica excluyente de la censura.

Luego ejemplificó las limitaciones de la información sobre Cuba en otros países por la  capacidad de estas grandes empresas editoras de responder a determinados intereses políticos, doctrinarios. Para ello, ofreció los datos que buscadores como La casa del libro y Amazon señalan sobre los libros de temas cubanos disponibles en el mercado español.

Así, por ejemplo, de los 292 libros que La casa del libro registra en España sobre temas de nuestro patio son guías de turismo, libros de cubanos con posiciones hostiles hacia la Revolución, literatura sobre la historia de nuestro país en relación con España, sobre viajes a la Isla, sobre arte, música y economía. Sin embargo, lo más alarmante para quienes se nutren de estos textos, desprovistos de un verdadero realismo sobre nuestra cotidianidad, es que solo cinco han sido editados en Cuba o por editoriales cubanas, lo que demuestra el desconocimiento y hasta el desviado referente que deba manejarse por el pueblo de Cervantes en relación con nuestra riqueza cultural.
 

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