Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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Rebelde
María Dolores Ortiz La Habana
Fotos: Alejandro Ramírez


La gesta de la Sierra Maestra ―con la que culminó el largo proceso de un siglo de luchas del pueblo cubano por alcanzar su verdadera independencia― no fue solo pródiga en hechos heroicos. Ha sido también inspiración de escritores y artistas de todas las latitudes, y esa misma epopeya y sus protagonistas ―Fidel, en primer lugar― han devenido símbolo de las ansias inalcanzadas, de los sueños posibles y de las utopías que permanecen, aunque mal les pese a quienes han afirmado que ha terminado la historia.

Para suerte de la historia de Cuba ―de los que la hicieron con su sacrificio y de los que aún tienen el deber de hacerla― muchos de aquellos hombres y mujeres que vistieron el uniforme verde olivo del Ejército Rebelde, y de los que lucharon de las más diversas formas en la clandestinidad, han dedicado gran parte de sus energías, muchas veces robándole horas al descanso, a escribir y analizar sus vivencias.

Muestra de ello, y considerado deber ineludible para con los jóvenes continuadores de la obra de la Revolución cubana es este libro Rebelde: testimonio de un combatiente, cuyo autor Fernando Vecino Alegret cumplió sus 20 años en medio de la exuberante naturaleza de las montañas gloriosas, apenas unas horas después de su primer encuentro con Fidel a quien se siente capaz de seguir al fin del mundo. Al joven guerrillero no le arredran la comida escasa, ni la lluvia que le cala los huesos, mucho menos los peligros inminentes. Está ahí, en la Sierra, formando parte de un esfuerzo de 18 hombres, que fortalecerá las fuerzas guerrilleras para la ofensiva contra el ejército de la dictadura. En ese espíritu optimista y heroico que caracteriza a esos jóvenes está tal vez la explicación de por qué un puñado de hombres y mujeres consiguió alcanzar el apoyo combativo de todo un pueblo, no solo para acabar en Cuba para siempre son gobiernos dictatoriales y corruptos, sino para comenzar, después de alcanzado el triunfo del 1ro de enero de 1959, la verdadera Revolución que haría realidad la independencia y la soberanía nacionales.

Este libro, nos dice su autor, está formado básicamente por un diario de campaña que llevó en aquellos días, enriquecido con investigaciones, entrevistas y datos biográficos de algunos de los legendarios combatientes cuyos nombres y acciones están recogidos en dicho diario. Cuenta también con varios anexos, que incluyen partes militares y discursos de Fidel transmitidos desde la Sierra Maestra por Radio Rebelde, la emisora clandestina que todo el pueblo escuchaba.

Con la lectura de este libro, escrito con una belleza literaria que sorprende porque el autor confiesa que no intenta hacer literatura, nos parece ser parte de aquellos acontecimientos, unos heroicos, algunos tristes, de vez en cuando humorísticos, pero todos, sin duda, fiel reflejo de la realidad cotidiana de aquella lucha.

Por sus páginas desfilan los guerrilleros sin idealizarlos, porque nos lo presenta en su real dimensión humana. Está, por supuesto, Fidel, cuyo “optimismo realista” sigue vivo hoy. Están Raúl y Almeida; y Camilo, con su cubana sonrisa; la mítica figura del Che Guevara, médico y guerrillero hasta las últimas consecuencias de sus actos; y Frank País, aquel joven maestro de mirada profunda, cuyo asesinato en las calles de Santiago de Cuba removió los cimientos de la dictadura. Pero están también los nombres y los hechos de una verdadera legión de combatientes, entre los que sobresale el jefe del autor en la Sierra, René Ramos Latour, el Comandante Daniel.

Tal vez algunos de los pasajes más conmovedores del libro sea, precisamente, los relacionados con Daniel, un joven forjado en la clandestinidad que llega a alcanzar el grado de Comandante, el más alto de la jerarquía militar de aquel ejército guerrillero. La amistad que surge entre Daniel y el autor es la ejemplar amistad de los combatientes que lo comparten todo: la magra ración, las guardias de madrugada en las frías noches de la montaña, las canciones y los sueños. Quizás por ese sentimiento hacia el jefe y amigo emociona al lector la narración del combate de la pequeña tropa de Daniel, en el que este cae mortalmente herido, y de su entierro en la fosa cavada en las estribaciones de la Sierra, en aquel lugar conocido como el Hormiguero, donde el autor confiesa que ha quedado un pedazo de su propio corazón.

El mismo hecho de que Vecino Alegret haya publicado, casi como las escribió, las páginas de su diario ―que no recoge toda su permanencia en la Sierra― da a este libro la sinceridad y la frescura, a veces la ingenuidad, de lo que escriben los jóvenes cuando se sienten parte integrante de una guerra como aquella, en la que estaba en juego el destino de la Patria. Pienso por eso que los jóvenes de hoy, que no vivieron aquellos años de combate, pero tienen ante sí tareas no menos gloriosas, leerán con placer e interés este libro, en el cual se entremezclan el testimonio, la crónica y la narración, con la verosimilitud que imprime el hecho de que el autor fue protagonista de estos acontecimientos de la historia cubana más reciente.

Por otra parte, el orgullo de saberse forjadores ―y ¿por qué no, fundadores?― de un mundo mejor permea todo el libro. A ello contribuyeron, no solo el ejemplo personal de Fidel y de los demás jefes guerrilleros, sino la lectura y el comentario de obras de José Martí, Apóstol de la independencia cubana en la lucha contra el dominio español, escritor insigne, y revolucionario que comprendió con claridad meridiana que la unidad era elemento imprescindible para alcanzar el triunfo. Esa enseñanza martiana de la unidad ha sido, ya desde los días de la Sierra, uno de los pilares que ha hecho posible que en Cuba, asediada y bloqueada, haya una Revolución sentida intensamente como propia por las grandes masas populares.

Y ahora, siento ya que las palabras sobran. Dejo al lector con las vívidas páginas de Rebelde: testimonio de un combatiente, con la seguridad de que cada uno sabrá también, en su circunstancia específica, buscar al sol.

Dra. María Dolores Ortiz

Universidad de La Habana

Palabras de la Dra. María Dolores Ortiz, en la presentación del libro Rebelde
 

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