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Decididas a
testimoniar sus historias y angustias personales en un
mundo todavía signado por la injusticia y la
desigualdad, las mujeres que suscriben estas páginas no
son las elegidas por los mercados contemporáneos de la
palabra ni las afortunadas protagonistas de finales
felices y complacientes, sino las voces amargas y muchas
veces ignoradas de acontecimientos que marcaron sus
vidas y dejaron huellas imborrables y dolorosas en sus
memorias.
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Convocadas por la iniciativa Año 2000: Memoria
Histórica de las Mujeres en América Latina y El
Caribe, con sede en El Salvador, y coordinada por
las periodistas Nora Franco y María Teresa Escalona,
estas mujeres, ganadoras de un premio cuyos
presupuestos básicos se fundamentan en la
posibilidad de lograr que la vida del sujeto
femenino en el espacio público del continente sea
narrada por sus propias protagonistas, integran hoy
esta antología por cuyas páginas desfilan historias
que, de este modo, no permanecerán bajo el impune
manto del olvido con el que se ha pretendido
silenciar décadas atroces de sufrimiento y
violaciones en las que la mujer ha llevado casi
siempre la peor parte.
Poemas, cuentos y relatos testimoniales y
autobiográficos que fueron seleccionados tanto por sus
valores literarios como por el impacto de los temas que
en ellos se tratan, convergen en este volumen como una
propuesta socio-política, literaria e internacional que
visibiliza la lucha de la mujer latinoamericana y
caribeña en su empeño por esclarecer la verdad y sus
propósitos de que se aplique justicia a las numerosas
impunidades que ellas mismas testifican y relatan.
La
convocatoria a este concurso fue distribuida y divulgada
en los 19 países hispanohablantes latinoamericanos y
caribeños y en América del Norte, España, Austria,
Alemania, Francia y Suiza y se recibieron en la sede
salvadoreña cerca de 300 obras enviadas por autoras de
26 nacionalidades.
Un
jurado de 9 escritoras tuvo a su cargo el dictamen de
las obras recibidas. En el género de Poesía conformaron
el tribunal: Claribel Alegría, poeta y escritora
salvadoreña-nicaragüense; Carmen Ollé, poeta peruana, y
Silvia Matus, poeta salvadoreña. En el género Cuento:
Pía Barros, escritora chilena; Graciela Mántaras,
uruguaya, escritora y crítica literaria, y Vanessa Droz,
poeta puertorriqueña. En el género Testimonio: Alicia
Partnoy, argentina, poeta y doctora en literatura;
Marilyn Bobes, poeta y escritora cubana, y Rosa Rojas,
periodista mexicana.
El
presente volumen está integrado por una selección de los
textos premiados y otros recomendados por el jurado para
su publicación, principalmente obras de cubanas que
concursaron. Las ilustraciones pertenecen a nuestra
reconocida pintora Rocío García, a quien debemos
agradecer su contribución, que tanto valor añade a este
libro.
Una argentina, una mexicana y dos cubanas nos entregan
poemas surgidos de diferentes contextos pero que
mantienen en común ese aire reivindicatorio por el que
el discurso se desplaza revelando heridas y
entretejiendo sueños y apelando, además, a un uso del
lenguaje que muestra la presencia geográfica y las
peculiaridades vernáculas de cada escritora.
Anahí Mallol, ganadora del Primer Premio, nos ofrece
unos textos signados por el interculturalismo y la
globalización con huellas profundas de los
acontecimientos que estremecieron a su país, Argentina,
entre 1976 y 1983, y “cuyas heridas —para decirlo con
las propias palabras de la autora—, más allá de las
intenciones de reconciliación nacional (…) siguen
abiertas”.
La
presencia de la música, de las nuevas tecnologías, de
las modas y la sensación entrecortada de las palabras
que expresan de un modo propio y original el universo
femenino, confieren a los versos de Mallol una poderosa
fuerza en la que forma y contenido se conjugan con
armoniosa precisión.
Por su parte, la mexicana Yiria Escamilla con “Mujer en
reloj”, nos regala un Segundo Premio donde el entorno
cotidiano y su pesadilla de violencia e iniquidad son
los protagonistas de un poema en el que la prisa, el
miedo y la esperanza reflejan inquietudes muy
específicas y retadoras a las que el discurso femenino
recurre con frecuencia para insertarse en el canto
general.
Las cubanas Carmen de la Caridad Gómez Aguilar y Lucía
Muñoz, seleccionadas para figurar también en este
volumen, expresan en sus respectivos poemas,
preocupaciones diversas sobre los rezagos que todavía
entorpecen el libre desarrollo de la mujer dentro de la
sociedad cubana, a pesar de su situación relativamente
privilegiada a partir del triunfo revolucionario de
1959. En este sentido, destaca la actitud positivista de
Muñoz en un universo donde el peso de las tareas
domésticas no aplasta el afán de ternura de un sexo
destinado a distribuir entrega y amor.
La
muestra de los cuentos ganadores presentada en este
libro es quizás una de las pruebas más fehacientes del
nivel que la mujer latinoamericana ha llegado a alcanzar
en su afán de apropiarse de la palabra como recurso para
la preservación de su memoria y su necesidad de
fabulación.
El
relato ganador del Primer Premio, con lenguaje realista
y momentos altamente conmovedores, es un testimonio de
la violencia y la desesperanza que se vive en el medio
rural mexicano, muy similar al del resto de los países
de nuestro continente. Su autora, la mexicana Alma
Idalia Sánchez Pedraza, se apoyó para escribirlo en una
rigurosa investigación y en los recuerdos personales de
su infancia. Hay en este texto una tierna crudeza que
nos atrapa de inmediato y un dominio de los recursos
expresivos que lo convierten en una pieza ejemplar.
El
Segundo Premio compartido alcanza también niveles de
excelencia en sus respectivas realizaciones formales. La
argentina Alicia Kozameh escogió la temática de las
presas desaparecidas durante la dictadura militar
argentina. Para ella, “La vida es palabra. El horror
también es palabra, y hay que decirlo”.
De
este apotegma nace una ficción que mucho tiene de
testimonial y que torna su narración en un documento de
indiscutibles valores tanto estilísticos como de
contenido.
Con diferente lenguaje, pero con igual maestría, la
chilena Eugenia Echeverría, que compartió el Segundo
Premio con Alicia Kozameh, consigue un excelente
equilibrio entre la denuncia socio-política y el
universo íntimo de una mujer desgarrada por
acontecimientos que la rebasan. “Ocurrió en Montebello”
es, quizás, una de las muestras más acabadas de un
discurso femenino lírico y, a la vez, estremecedor,
donde el oficio de la cuentista ha sabido recrear con
efectividad la atmósfera de los días en que la guerrilla
era combatida afectando esta lucha a la población rural
con independencia de su involucramiento en el conflicto.
Tres autoras cubanas y una uruguaya completan el
panorama narrativo de ficción de este volumen. La
primera, Elena María Palacio, se sumerge en el
controvertido tema de la prostitución y los esfuerzos
del Gobierno revolucionario cubano por erradicarla,
mientras su coterránea Consuelo Elvira Ramírez nos lleva
al mágico universo africano para ofrecernos una hermosa
lección de solidaridad y amor protagonizada por una
mujer tribal.
Ana del Carmen Fernández, en “Diario de Alfonsina”
adopta la voz de una niña, para con sencillez de
recursos y dominio del monólogo interior, sumergirse en
la génesis de los conflictos de una pareja divorciada y
las consecuencias de esas actitudes en el proceso de
formación de una futura mujer.
Mención aparte para la críptica narración de la uruguaya
Ivonne Irma Trías Hernández quien, desde un lenguaje
metafórico y altamente poético, nos describe el
sufrimiento de las reclusas de la dictadura militar,
recreando tal vez sus propias experiencias, en lo que se
acerca, desde este punto de vista, al género
testimonial, lo mismo que la colega argentina ganadora
del primer galardón.
Finalmente, las ganadoras en el género de Testimonio dan
las muestras más conmovedoras en lo que a la memoria de
la mujer latinoamericana y caribeña se refiere.
Inducida por el afán de llevar a la letra impresa todas
las incidencias de la dura experiencia que le tocó
vivir, la argentina María del Carmen Sillato nos relata,
a modo de un diario íntimo, su dolor de mujer, luchadora
y madre, en las cámaras de tortura de los militares, en
lo que, para decirlo con sus propias palabras, “es no
solo un documento testimonial sino también un ejemplo de
solidaridad y homenaje a quienes ya no están”.
Narrado en tiempo presente y con una gran fuerza
poética, este relato tiene la virtud de hacer sentir a
quien lo lee cada emoción y dolor experimentado por la
protagonista y sumergirnos en un mundo de horrores sólo
superado por la confianza y la fuerza de voluntad que
otorgó a la testimoniante su decisión de dar a luz al
hijo que esperaba.
La
autora confiesa que lo escribió casi de un tirón, con la
intención de que sus hijos conocieran la historia por
ella. “Creo —dice— que esas heridas nunca dejan de
sangrar pero aprendemos a vivir y disfrutar de la vida
aun con esas heridas”.
El
Segundo Premio compartido de la guatemalteca Engracia
Reyna Caba es la historia de una mujer que, después de
sufrir numerosas humillaciones, incluida la violación,
decide incorporarse a la guerrilla y, desde allí,
alcanzar verdadera dimensión en el ejercicio de sus
posibilidades dentro del espacio público.
Asimismo la salvadoreña María Cecilia Dubón, que
compartió el segundo lugar con Reyna Caba, nos entrega
una historia de su vida donde su papel de esposa se ve
rebasado al simultanearlo con el de luchadora social y
madre a quien las injusticias de su medio la hacen tomar
conciencia y lanzarse a luchar por una vida mejor.
La
argentina Silvina María Cecilia Testa reivindica, en “La
rebeldía de Sara”, la memoria de su hermana, perseguida
y encarcelada por la dictadura militar argentina.
Participó en el concurso sin saber que, meses más tarde,
su testimonio sería presentado por ella misma ante una
corte, cuando a instancias del juez español Baltasar
Garzón, fue detenido el oficial militar que torturó a su
hermana: Ricardo Miguel Cavallo. Es así como este
documento adquiere una utilidad práctica y se convierte
en evidencia ante un tribunal de justicia.
“Relato inolvidable”, de la cubana Concepción Jiménez,
nos narra la lucha de la mujer en esta isla caribeña
durante los años de la dictadura de Fulgencio Batista.
Con lenguaje sencillo y con autenticidad, la cubana nos
muestra la épica de la Revolución Cubana y la
participación que la mujer tuvo en ella, todo a través
de su experiencia personal.
Es
indudable que esta antología servirá para que las
generaciones más jóvenes recuerden el largo camino
recorrido por la mujer latinoamericana y caribeña para
ocupar un espacio dentro de la vida política y social, a
la vez que recobra el poder de la palabra, generalmente
asumida por el género masculino a través de los años.
Consideramos que esta iniciativa cumple sus propósitos
solidarios, a la vez que potencia los valores tanto
literarios como testimoniales de las autoras aquí
representadas.
Según lo han expresado sus promotoras, “esta iniciativa
—que esperamos tenga una continuidad— se inserta dentro
del discurso de la solidaridad social a través de un
instrumento literario no jerárquico donde las autoras de
los hechos escritos en sus obras potencian el valor de
lo testimonial”.
Empoderamiento y memoria sugieren aquí los altos niveles
de participación pública que la mujer de esta región
está llegando a alcanzar.
Para concluir, no podemos dejar de mencionar el esfuerzo
conjugado del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
y de la Fundación Heinrich Böll para la difusión de
estos textos. El primero, por haber acogido este
proyecto e incluirlo en la Colección Coloquios y
Testimonios de sus Ediciones La Memoria. La segunda, por
su contribución decisiva para que este volumen, después
de muchos esfuerzos y constancia en el propósito, sea ya
una realidad.
Premio Año 2000: Memoria Histórica de las
Mujeres en América Latina y el Caribe,
El Salvador
Colección
Coloquios y Testimonios
Ediciones La
Memoria
Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau
La Habana, 2004
La
edición de este volumen ha sido posible gracias a la
contribución de la Oficina Regional para México,
Centroamérica y el Caribe de la Fundación
Heinrich Böll de Alemania.
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