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Con
motivo de esta novela he tenido que discutir tanto sobre
Cuba en España que ahora voy a permitirme empezar a
hablando de lo que, seguramente, en España, hubieran
querido que hablara sólo y exclusivamente, del origen
digamos teórico de la novela. Luego entraré en otros
temas, y desde luego en el coloquio podemos hablar de
todo lo que gusten.
Es
ésta una novela sobre los sueños, no en su acepción
de aquello que nos representamos estando dormidos,
sino en la de cosas en cuya realización se piensa
con ilusión o deseo. Y, de entre esas cosas, la
novela se centra en lo que la protagonista llama los
sueños fragorosos y que nosotros podemos llamar aquí
los sueños inconcretos.
Lo que
me preocupaba cuando empecé a escribirla era el papel
que en la sociedad capitalista cumplen estos sueños
inconcretos de los que casi nunca se habla y que son la
cobertura retórica y literaria de cierta visión del
mundo a veces llamada individualismo.
Son
diferentes esos sueños de la ambición precisa, la
ambición definida de quien desea por ejemplo que le
suban el sueldo o ser dueño de un gran periódico. Esta
clase de ambición puede enunciarse -aunque a veces
tampoco se haga-, y se puede por tanto discutir si es
legítima o no, qué precio hay que pagar por ella y a
costa o favor de quién.
Por el
contrario, los sueños de que les hablo actúan como un
combustible silencioso que nunca se hace explícito. En
la novela hago una pequeña enumeración de los temas de
que suelen tratar esos sueños: soledad, literatura,
hijos, vanidad, melancolía, haber podido ser y no haber
sido, secreto. Estos temas tienen en común su capacidad
para remitirnos a un estado de indefinición, en donde el
sentido de nuestra vida no procede de lo que hacemos ni
de lo que hacen quienes están con nosotros, sino de la
fantasía de que aún no hemos empezado a vivir y por
tanto cabe esperar, creer, que
un día nuestra individualidad más recóndita será
descubierta, reconocida, tal vez aplaudida y, sin duda,
justificada.
¿De
dónde proceden esos sueños? Por un lado, de los
discursos literarios, cinematográficos y publicitarios
que se ponen diariamente en circulación. Por otro, de la
insatisfacción, el rencor, la impotencia, la frustración
que no encuentran salida en el capitalismo y, al no
encontrarla, se vehiculan entonces a través de fantasías
que no puedan ser desmentidas por la realidad. En
efecto, llega un día en que sabemos que no seremos nunca
dueños de un gran periódico, pero en cambio el hecho
borroso que dé sentido a toda nuestra vida, la aparición
azarosa, el descubrimiento que nos permita
redescubrirnos a nosotros mismos, siempre sigue siendo
posible. Entretanto en la realidad concreta se nos
explota, se nos humilla, los problemas que podrían tener
solución no la tienen por causa de la voracidad de unos
pocos, y nosotros lo aceptamos porque, como decía
aquel, la vida, nuestra vida imaginaria, está en otra
parte.
Yo
quería hablar de este tipo de sueños, y dar cuenta
también de cierto miedo que tengo a veces, el miedo a
que la mayor parte de la literatura esté hecha para
alimentarlos. Y quería contar, sobre todo, que cuando
los hombres y mujeres oponen a esos sueños inconcretos,
mentirosos, un sueño concreto, real, entonces la
realidad capitalista pone todo su afán en destruirlo.
Así fue como hizo acto de presencia en mi novela la
revolución cubana.
Los
días en que empecé a pensar la novela no eran buenos en
Europa para esta revolución. Los días en que empecé a
escribirla fueron aún peores. A partir de las
detenciones de setenta y cinco mercenarios y el
fusilamiento de tres personas que habían secuestrado una
nave con pasajeros, se orquestó una campaña mediática a
través de la cual cualquier ataque a Cuba era difundido
por todos los lugares y cualquier comentario que, en
esos días, tratara de advertir sobre la coyuntura de
peligro por la que estaba atravesando la isla, era
silenciado.
Ese
contexto me obligó a abordar los hechos ocurridos en
marzo y abril de 2003. Porque si mi novela aparecía en
fechas no muy lejanas y eludía hablar de ellos sería
considerada falsa o incompleta y eso impediría que en
torno a su publicación se generase un debate sobre el
papel de los sueños inconcretos y el papel de ese otro
sueño real en cuya construcción han trabajando y siguen
trabajando varias generaciones en Cuba.
Como
alguna vez he dicho, ésta no es una novela sobre la
revolución cubana, de la que desconozco tantas cosas,
sino sobre lo que esa revolución representa en España en
general y en la izquierda española en particular, y esto
es algo que sí creo conocer bastante. Lo que a mi
parecer representa es la línea de flotación de lo
admisible. Si la
Revolución cubana dejara de ser, si
dejara de existir entonces ya, por fin, todo sería
admisible, y con este todo no me refiero en absoluto a
las más dulces y ardientes perversiones sino a la clase
de vida en donde expoliar pueblos enteros o exprimir a
un trabajador que no tiene ningún derecho forma parte,
constituye, está inseparablemente unido al acto de
abrir un grifo o una puerta. Y aunque algunos hechos,
mínimos por lo general, y algunas circunstancias,
anecdóticas por lo general, podrían ser criticadas o
corregidas, se haría desde el entendimiento de que, por
así decir, el capitalismo es la realidad, y los cambios,
los sueños, los proyectos, se realizan dentro de esa
realidad, y se van creando pequeños huecos que en
absoluto pretenden impugnarla sino sólo constituirse en
huecos, en escapatorias.
Por el
contrario, si la
Revolución cubana es en
efecto un camino hacia el socialismo, hacia la
justicia, hacia otro orden de cosas, entonces el nivel
de tolerancia con la realidad capitalista de nuestros
países disminuye. En este sentido no es de extrañar que
a quienes apoyamos esta revolución se nos tache a menudo
de intolerantes. Y si no fuera porque no somos los
dueños del lenguaje, y porque quienes son los dueños
hacen cada día un uso interesado y manipulador de
palabras como pluralismo o tolerancia, si no fuera por
eso diría sí, somos intolerantes. Diría: no toleramos ni
admitimos que lo que es, lo que está siendo cada día en
esa realidad capitalista, deba necesariamente ser.
Diría: tenemos un menor nivel de tolerancia hacia la
injusticia, la explotación, la rapiña. Y diría: la
tolerancia es tantas veces complicidad, colaboración,
resignación.
Frente
a un proyecto real resulta más fácil vislumbrar cómo la
aparente inocencia de los sueños inconcretos no es en
verdad inocente. En el capitalismo no sólo el triunfo y
el ascenso se producen siempre a costa de otros. También
la mayoría de los sueños se producen a costa y sobre el
fracaso de otros. De eso quería que tratara mi historia.
Nunca,
ni mientras escribía esta novela ni cuando apareció
pensé que fuera a ser publicada en Cuba, y no lo pensé
porque, como he dicho, la novela trata de lo que Cuba
representa y está escrita desde la confusión, la
incomprensión y todos cuantos equívocos acerca de Cuba
circulan en España. También lo está desde la voluntad de
abrirse paso a través de ellos, pero sin la ingenuidad
de pensar que eso es del todo posible con la mera acción
individual de quien escribe una historia.
Sin
embargo, lo cierto es que se ha publicado y ahora estoy
aquí y quiero dar las gracias a la editorial Arte y
Literatura por el excelente trabajo de edición, mucho
más completo que el de mi editorial española, por los
nuevos elementos que ha incorporado al libro y por el
prólogo lúcido y solidario de Iroel Sánchez. También
quiero agradecer el apoyo que recibí desde aquí cuando
la aparición de esta novela junto con lo que, en
aquellos días, fue seguramente considerado como
insolencia - la insolencia de disponer de algunos
espacios públicos y no utilizarlos para atacar a Cuba-
cuando esta novela y esta insolencia decía, ocasionaron
una cierta agitación en los medios periodísticos
españoles.
Un
autor anónimo citado por Canetti, en 1939 se preguntaba:
¿De qué me sirve ser escritor si no puedo parar la
guerra? En otra escala muchísimo menor pero, en este
preciso instante, necesaria me pregunto de qué me sirve
ser escritora si no soy capaz de dar con las palabras
que expliquen la estima, la gratitud y el respeto que
siento hacia el país, el pueblo, hacia todas las
personas que han hecho y hacen posible la existencia de
esta revolución.
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